peticiones a sus majestades para este año

Carta económica a los Reyes Magos para un 2020 complicado

Una vez resuelto el panorama político, voy a ser realista. No os voy a pedir imposibles, sino cosas que entran en el rango de lo políticamente plausible

Foto: Un niño echa al buzón una carta para los Reyes Magos. (EFE)
Un niño echa al buzón una carta para los Reyes Magos. (EFE)
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Queridos Reyes Magos,

Disculpad el retraso que llevo este año en enviaros la carta con los deseos para la economía española, pero estaba esperando a que se esclareciera el panorama político en España. Ya sabéis que no está siendo fácil cerrar un gobierno, pero bueno, parece que Pedro y Pablo van a lograr los apoyos que necesitan para ser presidente el uno y vicepresidente el otro. Sé que voy justito y que a las horas que recibiréis la carta igual ya habréis emprendido el camino de vuelta a Oriente Medio (cuidado cuando paséis por Irak e Irán, que está la cosa movida estos días), pero tampoco tengo prisa. No me importa que me traigáis las peticiones a lo largo del año, siempre y cuando me las traigáis: estamos creciendo ya por debajo del 2% y en el último trimestre tuvimos la primera subida real de paro desde la crisis.

En primer lugar, tengo que admitir que en España no hemos sido del todo buenos en 2019. Fiscalmente hablando, digo. Podríamos presumir de que el déficit público ha vuelto a bajar, pero vosotros y yo sabemos que no se debe a ningún esfuerzo específico que hayamos hecho, sino a la inercia del crecimiento económico, que genera de forma natural más ingresos y reduce los gastos. También nos ha ayudado la política ultralaxa del BCE, que sigue ahorrándonos una millonada en intereses de nuestra deuda pública (que ronda los 1,2 billones de euros, con 'b' de barbaridad).

Y sí, también sé que no nos podéis salvar de nosotros mismos y que estamos tratando de demoler reformas aprobadas en lo peor de la crisis y que han sido alabadas por organismos internacionales de todo pelaje. Por eso, voy a ser realista y no os voy a pedir que hagáis imposibles. Solo cuatro cosas que entran en el rango de lo políticamente plausible.

Una contrarreforma laboral discretita

A ver, si uno lee el programa de gobierno firmado por PSOE y Unidas Podemos, parece bastante claro que va a haber cambios en la reforma laboral de 2012. Es inevitable. Pero igual podríais hacer que el ministro o la ministra de Trabajo tenga en cuenta lo que organismos internacionales como la Comisión Europea, el FMI o la OCDE han dicho de la reforma laboral de 2012: que era un paso en la buena dirección, que evitó el despido de muchas más personas en lo peor de la crisis (400.000, según los cálculos de Bruselas), y, sobre todo, que si la reforma pecó de algo fue de no ser más ambiciosa a la hora de reducir la dualidad de nuestro sistema, en el que un bloque de empleados parece estar condenado a la precariedad y el otro está protegido. ¿Cómo se traduce en la práctica esto que os pido? Pues la solución igual está en el mismo documento firmado por PSOE-Unidas Podemos. Concretamente por lo que precedía y sucedía el compromiso de “derogar la reforma laboral”. Justo después, mencionaba las partes que se iban a derogar y ya se veía que va a ser una derogación parcial —por ejemplo, no hay mención a restablecer la indemnización por despido de antes de la crisis—. Pero lo importante es lo de justo antes, cuando se hablaba de la creación de un 'Estatuto de los Trabajadores del siglo XXI'. Sí, ya sé que suena pretencioso y nadie sabe realmente qué quiere decir, pero por eso mismo es una oportunidad. Ayudadnos a llenar de contenido ese concepto y que lo que sustituya a la reforma actual siga dando flexibilidad a las empresas para que, cuando llegue una crisis, la alternativa no sea entre el cierre y los despidos (lo que casi siempre perjudica a los trabajadores más baratos de despedir).

El candidato a la investidura, Pedro Sánchez (d), y el líder de Podemos, Pablo Iglesias (i). (EFE)
El candidato a la investidura, Pedro Sánchez (d), y el líder de Podemos, Pablo Iglesias (i). (EFE)

Una reforma de las pensiones solidaria con los que menos tienen

Sí, Melchor, ya sé que intuitivamente uno diría que a un Gobierno del PSOE y Unidas Podemos, —que se autodenomina progresista cada vez que puede— se le presupone esa solidaridad con los que menos tienen. Pero en el tema de las pensiones, me temo que no es así. Vincular obligatoriamente al IPC todas las pensiones españolas —de las más pequeñas a las más elevadas— sin tener en cuenta los ingresos del sistema es tremendamente insolidario con quien menos tiene, que no es el pensionista medio español. Igual no lo sabéis, porque vivís lejos de España y tenéis muchas cosas en la cabeza, pero en nuestro país tienes el doble de riesgo de caer en la pobreza o en la exclusión social si eres trabajador que si eres pensionista.

Eso se debe a que tenemos uno de los sistemas de pensiones más generosos cuando se tiene en cuenta lo que cobra la población trabajadora. Por ejemplo, no sé si sabíais que la diferencia entre la última nómina y la primera pensión es de las más bajas de la UE o que la pensión media es más elevada ya en España que el salario medio. Todas estas cifras las encontraréis en los informes sobre adecuación de las pensiones que hace la Comisión Europea.

Y el desfase entre lo que cuestan las pensiones y lo que realmente ingresamos solo se puede cubrir de dos formas: con el Presupuesto —lo que significa menos dinero para educación, sanidad o infraestructuras— o con deuda —que a medio plazo acaba saliendo también del Presupuesto, porque hay que pagar intereses—. Esto no quiere decir que no haya que intentar que las pensiones sean dignas, sino que hay que tratar de ayudar a las rentas bajas, sean o no pensionistas. Lo que hacemos ahora es centrarnos en ayudar colectivos (tal vez, pero solo tal vez, porque sale muy rentable desde el punto de vista electoral). No tiene sentido que un joven mileurista que destina el 40 o el 50% de su renta al alquiler esté pagando el abono de transporte de alguien que cobra la pensión máxima y probablemente tenga su casa en propiedad. El esfuerzo de reformar el sistema de pensiones debe recaer sobre todos los ciudadanos en función de su renta, sean pensionistas o no.

Un debate fiscal transparente

Aquí también voy a ser comedido y no voy a pedir un resultado concreto, sino que me voy a centrar más en el método. Baltasar, tú que eras el encargado de llevar el oro sabrás que muchas veces esto es muy complicado, pero necesitamos un esfuerzo ahí por vuestra parte. Os pediría que todos los partidos políticos fueran coherentes y honestos con sus promesas. El que quiera aumentar el nivel de recaudación de España sobre PIB hasta la media de la Unión Europea, que lo diga, y el que no, que lo diga también. Eso sí, a continuación, estaría bien que los primeros admitan que van a tener que subir impuestos masivamente y los segundos, que el Estado de bienestar da para lo que da. Como el Gobierno que parece que viene estará más centrado en lo primero, voy a ocuparme de ello. Por favor, Baltasar, hazle ver al futuro ministro (o ministra) de Hacienda que con la mal llamada tasa Tobin, con el impuesto a los servicios digitales y subiendo los impuestos a los cerca de 150.000 españoles con rentas superiores a 130.000 euros, apenas va a aumentar la recaudación.

Los números no salen. Del programa de gobierno apenas se desprenden ingresos extra por 5.000 millones de euros, mientras que las promesas de gasto se pueden ir a varias decenas de miles de millones… Y todo esto sin tener en cuenta que tanto las normas fiscales europeas como la Ley de Estabilidad presupuestaria —que desarrolla la reforma del artículo 135 de la Constitución aprobada por el PSOE— nos obligan a reducir el déficit estructural en 7.000 y 9.500 millones de euros, respectivamente. El que quiera ingresos fiscales europeos debería defender impuestos europeos, y esto supone admitir que no basta con subir el IRPF a los que cobran 130.000 euros, sino que el umbral tiene que bajar probablemente hasta los 20.000. En el bloque entre 20.000 y 60.000 euros anuales es donde se encuentra el grueso de la población trabajadora española. Y otra más: 'impuestos europeos' también quiere decir más ingresos por IVA, algo que se puede conseguir subiendo el tipo general del 21% actual (Dinamarca y Suecia tienen el 25%) o eliminando las excepciones y los tipos reducidos.

Todo este debate desmontaría el mantra de que los problemas fiscales españoles vienen de que 'los ricos' no pagan impuestos. Que igual es verdad que pagan poco, pero no son solo ellos. Si nos concedéis ese debate fiscal honesto y transparente, nos haréis un favor estupendo.

Más tecnocracia y menos politiqueo con el SMI y la vivienda

El año pasado, el salario mínimo subió un 22%, hasta 12 mensualidades de 1.050 euros al mes (14 pagas de 900). La subida fue eminentemente política, sin ningún tipo de estudio serio previo sobre el impacto que eso podría tener entre los trabajadores con las rentas más bajas, primero, y sobre el resto, después. Se hizo y se esperó a ver qué pasaba. De momento, lo que parece haber pasado es que, en términos generales, no se ha destruido empleo (aunque sí podría haberse creado menos de lo que se habría generado sin la subida), pero sí hay algunos sectores afectados. El propio secretario de Estado de la Seguridad Social, Octavio Granados, admitió en diciembre que las empleadas del hogar y los trabajadores del campo habían sufrido un impacto por la medida, pasando muchos de ellos a la economía sumergida. Ahora, PSOE-Unidas Podemos quieren subirlo al 60% del salario medio a lo largo de la legislatura y se desliza la cifra de 1.200 euros. Si hablamos de 14 pagas, esto supone una subida del 33%. Si los 1.200 son por 12, del 14%.

En cualquiera de los casos, lo que os pido sobre este punto en 2020 es una comisión tecnocrática que valide cualquier decisión política. Que se estudien muy bien el posible impacto y las consecuencias, especialmente entre los colectivos más vulnerables, de otro aumento. Incluso los escépticos con la subida del SMI de 2019, entre los que me incluyo, deberían reconocer que no ha sido una catástrofe, pero las víctimas colaterales de ese incremento —empleadas del hogar y trabajadores del campo— apuntan por dónde van a ir los tiros si se tensa la cuerda demasiado.

Y ya para terminar, algo parecido os pido para solucionar el problemón de la vivienda en muchas de las grandes ciudades. Si los precios de los alquileres suben mucho, el instinto primario del político ante la indignación general es el de capar los precios. El problema es que esta medida puede acabar perjudicando precisamente a quienes pretende proteger: aquellos que no pueden permitirse comprar una casa y se ven abocados forzosamente al mercado del alquiler (no como opción libre, porque el alquiler también tiene sus ventajas). Si alquilar un inmueble en propiedad acaba siendo un dolor de cabeza, los propietarios van a optar por venderlos o directamente por no alquilar. Y ya sabéis lo que suele pasar cuando baja la oferta de un bien y sube la demanda: escasez.

Y nada, ya con esto me despido. Tened cuidado durante el viaje. Que paséis un feliz 2020.

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