La edad del primer hijo sube a los 31,6 años

Los jóvenes españoles siguen retrasando el primer hijo pese a la mejora de su economía

La reducción de la precariedad y el paro desde 2014 no ha frenado la caída de la fecundidad de las mujeres jóvenes, al contrario, se ha acentuado. Los motivos culturales pesan más que los económicos

Foto: Una enfermera atiende a un recién nacido. (EFE)
Una enfermera atiende a un recién nacido. (EFE)
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Uno de los problemas de los bajos niveles de natalidad en España es que los españoles cada vez tienen los hijos más tarde. En 2018, la edad media de las madres que tuvieron su primer hijo ascendió a 31 años, siete meses y seis días. Hasta 2006, lo normal en España era que las mujeres tuvieran su primer hijo antes de los 30 años, pero esta situación ha dado un vuelco radical en los últimos años.

Muchos culparon del retraso de la natalidad a la crisis económica y a la precariedad que produjo entre los jóvenes. Sencillamente, no tenían los recursos para tener hijos. Sin embargo, a medida que se asienta la recuperación, esta interpretación se muestra más equivocada. Si la causa de la caída de la natalidad fuese realmente la situación económica, entonces tendría que haber mejorado en los últimos años gracias a la recuperación. Pero, en realidad, ha ocurrido todo lo contrario, los niveles de fecundidad del primer hijo entre las mujeres jóvenes están en mínimos históricos. De ahí que la causa tenga que ser otra diferente a la económica.

No solo no se ha frenado el retraso de la maternidad con la recuperación, sino que el ritmo de descenso aceleró levemente en 2018. La edad media a la que las mujeres españolas tuvieron su primer hijo subió a 31,61 años, esto es, 0,14 años más que en 2017, según los últimos datos del INE publicados el miércoles. Se trata del mayor retraso en la edad media de la maternidad desde 2015 y el segundo más alto desde los peores años de la crisis, lo que significa que la recuperación ni siquiera ha ralentizado el retraso de la maternidad (los datos se limitan a la natalidad de las mujeres con nacionalidad española, porque las mujeres extranjeras tienen unos índices de fecundidad muy diferentes).

Las tasas de natalidad del primer hijo de todas las franjas de edad hasta los 35 años están en niveles inferiores a los de 2013, que fue el momento de mayor paro y menor PIB de la crisis económica. Esto significa que cada vez hay menos mujeres de menos de 35 años que se lancen a tener su primer hijo. En 2018, por cada 1.000 mujeres de 30 años, hubo 45 mujeres que tuvieron su primer hijo, esto es, un 15% menos que en 2013 y un 31% menos que en 2007. Esto significa que el número de mujeres que tienen su primer hijo a los 30 años cayó tanto durante la crisis como durante la recuperación.

Es necesario subir hasta la franja de los 35 años para encontrar más madres primerizas que en el peor momento de la crisis. A partir de esta edad, ya en todas hay más fecundidad que antes de la crisis, aunque en los últimos dos años se está reduciendo, lo que muestra que también las mayores de 35 han empezado a retrasar la maternidad.

La primera franja de edad que está en máximos históricos de nacimientos del primer hijo es la de los 40 años. De hecho, cada vez es más común la maternidad a partir de los 40. En 2018, hubo 33,3 nacimientos de hijos por cada 1.000 mujeres de 40 años, casi la misma proporción que entre las jóvenes de 26 años. El número de madres primerizas con 40 años ha crecido de forma constante durante las últimas décadas y la crisis económica no ha afectado en absoluto a esta estadística. Y lo mismo ocurre con la natalidad a partir de los 40 años.

Solo en 2014 hubo un repunte generalizado de la fecundidad, que podría responder a la mejora de la economía en ese año, pero rápidamente se difuminó. Y eso a pesar de que los porcentajes de ocupación han mejorado, especialmente entre los jóvenes. La tasa de ocupación de las mujeres en la franja de edad entre 25 y 29 años ha aumentado en 6,7 puntos, hasta el 64,3%. Y la ocupación entre 30 y 34 años se ha incrementado en 5,3 puntos, hasta el 69,7%.

No solo ha mejorado el nivel de ocupación de las mujeres jóvenes, sino que también lo ha hecho su renta. En concreto, la renta por hogar en la que su persona de referencia es una mujer aumentó un 12,3% entre 2013 y 2018, mientras que la de las mujeres de 30 a 44 años se incrementó un 5,6%. Es cierto que la precariedad más alta se da entre los jóvenes y la situación mejora con la edad, pero eso no es una situación actual, sino que siempre se ha producido. En otras palabras: los jóvenes siempre han tenido una situación peor que la de los adultos, no es ninguna novedad que afecte de forma diferencial la maternidad en comparación con las décadas anteriores.

Más familias numerosas

Todos estos datos del INE confirman que la coyuntura económica y laboral no ha variado la tendencia histórica de retraso en la maternidad. No significa que no haya tenido algún tipo de efecto, pero ha sido marginal y apenas ha afectado a la tendencia de fondo. Estos datos van en línea con la encuesta de fecundidad que publicó el INE la pasada primavera y que confirma que las razones económicas tienen un impacto secundario en la decisión de posponer la natalidad. El 22% de las mujeres entre 25 y 29 años que no han querido tener hijos lo han decidido porque se sienten demasiado jóvenes para hacerlo, el 31% porque no quieren ser madres y apenas el 6% exponen motivos económicos y el 9% problemas de conciliación.

En el caso de las mujeres entre 30 y 34 años, ocurre una situación similar. La mayor parte de las mujeres que no han querido ser madres, el 34%, justifica que no quiere ser madre. El 17% no ha tenido hijos porque no ha encontrado la pareja adecuada y menos de un 14% expone motivos económicos. De hecho, los motivos económicos o laborales no son la principal causa de retraso de la maternidad en ningún grupo de edad. Los motivos más repetidos son la juventud, los problemas para encontrar una pareja o que no quieren tener hijos.

Sin embargo, los problemas económicos y laborales sí influyen en el número de hijos que tienen las familias. El 51% de las mujeres de entre 35 y 39 años que han tenido menos hijos de los que les hubiera gustado tener culpan a la economía o la conciliación de su situación. Si realmente la coyuntura económica estuviese detrás del tamaño de las familias, debería apreciarse una mejoría en los últimos años, y realmente así es.

La crisis y la recuperación sí que influyen sobre el número de hijos que tienen las familias

Las tasas de fecundidad del tercer hijo han aumentado de forma constante desde 2013 para todas las franjas de edad a partir de los 25 años. Este incremento ha sido especialmente intenso entre las mujeres de 31 a 35 años. Por ejemplo, el número de nacimientos del tercer hijo de mujeres de 34 años fue de 7,1 por cada 1.000 mujeres, el dato más alto desde el estallido de la crisis económica.

Estos datos, combinados con la encuesta de fecundidad, muestran que realmente muchas mujeres tenían menos hijos de los que les gustaría por motivos económicos y cuando la situación laboral ha mejorado, ha subido la natalidad. En definitiva, la crisis y la posterior recuperación no han afectado la tendencia de las mujeres a retrasar la natalidad, pero sí afectaron al tamaño de las familias.

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