UNA ALTERNATIVA “PRAGMÁTICA”

La UE plantea crear un salario mínimo europeo. Hablamos con sus defensores

¿Qué hay detrás de la propuesta de Ursula von der Leyen para promover un sueldo europeo? Dos académicos han elaborado una propuesta que desvela por dónde van los tiros

Foto: Dependiente de una tienda madrileña. (Reuters)
Dependiente de una tienda madrileña. (Reuters)

El pasado mes de julio, Ursula von der Leyen se presentó como flamante presidenta de la Comisión Europea con una llamativa propuesta bajo el brazo: el sueldo mínimo europeo. “En los primeros 100 días de mi mandato, propondré un instrumento legal que asegure que cada trabajador de la Unión disfruta de un salario mínimo justo que le permita llevar una vida decente sea donde sea que trabaje”, anunció.

Una medida que fue recibida con cierta incomprensión —no esperen que cobremos lo mismo por hora que en Francia, es otra cosa— pero que, como explican Torsten Müller, del ETUI (Instituto Sindical Europeo), y Thorsten Shulten (Instituto de Economía e Investigación Social alemán) en un trabajo recién publicado, no es una utopía. Ni siquiera una novedad. Más bien, al revés: más que plausible, es necesaria para que las heridas de la austeridad sanen en el corazón de la Unión.

Es imposible fijar una cantidad fija para toda Europa de, por ejemplo, nueve euros la hora. Por eso hay que buscar un criterio relativo

Desde la Carta Comunitaria de los Derechos Sociales Fundamentales de los Trabajadores de 1989 hasta Jean-Claude Juncker, la posibilidad de homogeneizar los criterios de la Unión circulaba como un fantasma que, ahora sí, parece estar a punto de tomar forma. Como recuerda Müller, con quien ha hablado El Confidencial, nos encontramos ante la tormenta perfecta que pueda dar lugar a un sueldo mínimo europeo. O, mejor aún, un “sueldo digno” ('living wage'), una distinción habitual en los países anglosajones que apenas se utiliza en España, y que sirve para distinguir la mera subsistencia de una vida decente.

Así que los académicos han pergeñado una propuesta “pragmática” y viable, probablemente en la línea de lo que la Comisión está valorando y que ya aparecía en la Carta Social Europea, que daría un gran empujón al trabajador español y que se encuentra cercana a las propuestas del PSOE en esta materia. Una cantidad que en España podría llegar a alcanzar los 1.200 euros mensuales, el 60% del sueldo medio.

PREGUNTA. En su trabajo, sugiere que en lo que respecta a un sueldo mínimo europeo, “las cosas pueden ser diferentes esta vez”. ¿Por qué?

RESPUESTA. En el pasado, había dos debates distintos, uno a nivel europeo y otro a nivel nacional, pero no se mezclaban. El debate a nivel europeo era más bien simbólico, no se sustanciaba en iniciativas concretas.

Ahora han cambiado dos cosas. Por un lado, el debate europeo se basa en los avances a nivel nacional. Como puedes ver en nuestro trabajo, en muchos países están surgiendo propuestas para aumentar la cuantía del sueldo mínimo. Por otro, la nueva Comisión, con Ursula von der Leyen al frente, está intentando construir a partir de estas iniciativas y vemos pasos concretos a nivel europeo hacia un sueldo mínimo comunitario. Ambas cosas se refuerzan la una a la otra.

P. Para que quede claro. No estamos hablando de una misma cuantía mínima para todos los países europeos, sino distintas cantidades dependiendo de la situación de cada país y que, eso sí, atiendan a un mismo criterio. ¿Verdad?

R. Exacto. Si miras los números absolutos de los sueldos mínimos, son totalmente distintos. Por un lado tienes a Bulgaria, que ronda los dos euros por hora, y Luxemburgo, con 12. Es imposible fijar un sueldo mínimo europeo en una cantidad fija de, pongamos, nueve euros. Por eso, siempre hablamos de un nivel relativo de sueldo mínimo, porque tiene en cuenta las diferentes estructuras salariales de cada país.

La nueva presidenta de la Comisión, Von der Leyen. (EFE)
La nueva presidenta de la Comisión, Von der Leyen. (EFE)

Cuando proponemos un número, solemos hablar del 60% de la mediana nacional, la cifra en la que suele fijarse el umbral del riesgo de pobreza. Esa es la propuesta, pero no sabemos exactamente qué están poniendo en marcha Von der Leyen y su equipo.

P. ¿Qué sería necesario para concretar ese sueldo mínimo? ¿Cómo podemos unificar los criterios?

R. En primer lugar, un compromiso político común. Es importante aunar esfuerzos para combatir la pobreza y que la gente pueda subsistir con lo que obtiene de su trabajo. Un mismo objetivo político es clave antes de pensar cómo ponerlo en práctica.

En nuestro trabajo, apostamos por un enfoque pragmático de un 60% de la mediana, porque aún vemos que es muy difícil llegar a un acuerdo en su definición viendo los distintos sistemas de Estado de bienestar y las tradiciones nacionales. El salario mínimo significa cosas diferentes en cada país. Un umbral del 60% es fácilmente reconocible. No decimos que sea la solución ideal, sino la pragmática, porque incluso ese dato significa cosas diferentes en cada país.

En algunos países, la estructura salarial se derrumbó, especialmente durante la crisis, como ocurrió en Portugal y probablemente en España. Así que el 60% de una mediana realmente baja es una cantidad con la que no puedes vivir. Necesitamos asegurarnos de que esa cantidad es suficiente, y para eso necesitamos conocer el coste de la canasta de bienes y servicios nacional. Pero, una vez más, no se trata de una medida a nivel europeo, sino que atiende al criterio nacional, porque el precio de la cesta es diferente según cada país. En algunos, por ejemplo, hay escolarización y guardería gratuitas. En otros no, lo que aumenta su precio.

España tiene una alta desigualdad relativa en ingresos y no se da cuenta del potencial que tiene el sueldo mínimo a la hora de reducirla

Es importante también que todos los actores, la patronal y los sindicatos, estén implicados, porque necesitas un gran acuerdo social. Si no es así, sufrirás una gran respuesta negativa política. En Reino Unido, tienen una larga tradición con el salario digno y creo que han conseguido alcanzar un gran consenso sobre él y cómo alcanzarlo.

P. Un enfoque no pragmático, con un mismo sueldo para todos, es por tanto imposible.

R. Sí. No deberías intentar prescribir a nivel europeo, por ejemplo, el precio de tus servicios públicos, porque como dije hay distintas tradiciones que debes tener en cuenta. En toda regla comunitaria hay que valorar las diferencias nacionales, porque de otra forma se producirían resistencias.

P. España aparece en el último puesto en la lista europea si atendemos al índice Kaitz, que pone en relación el salario medio con el salario mínimo, al menos según los datos de 2017. ¿Qué implica?

R. Atendiendo a los datos, España tiene una alta desigualdad relativa en ingresos. Creo que España no se da cuenta del potencial que tiene el sueldo mínimo a la hora de reducirla. Además, un salario más elevado mejoraría la economía aumentando la demanda, favoreciendo un desarrollo económico más basado en la demanda que en la economía de la oferta.

Hemos visto en muchos países que un mayor salario mínimo impulsa la demanda, así que en ese aspecto España saldría beneficiada. También otros países que tienen un salario mínimo relativamente bajo. Pero el aspecto crucial es la desigualdad. España tiene un problema de desigualdad y la subida del sueldo mínimo ayudaría a combatirla.

P. ¿Qué ocurriría con esos otros países donde el sueldo mínimo es ya elevado, como Luxemburgo? ¿Les perjudicaría?

R. No. Luxemburgo, por ejemplo, tiene un alto salario mínimo en términos absolutos, pero en términos relativos no tanto. Hay margen para elevar el sueldo mínimo a un salario digno. En este momento, solo Francia, Portugal hasta cierto punto y Rumanía alcanzan el 60% de la mediana. Pero en Portugal, por ejemplo, el problema es que su estructura salarial es muy baja, por eso el sueldo mínimo en relación a la mediana es relativamente alto. Ahí el objetivo sería elevar los sueldos, y por eso es necesaria la negociación colectiva.

La propuesta por el salario mínimo debería ir asociada a una iniciativa para reforzar la negociación colectiva, porque es lo que contribuye a elevar la estructura salarial. En ese caso, ese 60% de la mediana sí se parecería más a un sueldo digno.

P. Uno de los argumentos utilizados en España para negar la importancia del sueldo mínimo es que Alemania no tenía uno, al menos hasta hace relativamente poco. ¿Una lógica perversa?

R. Depende. En algunos países, tienes un sueldo mínimo negociado, como en Suecia o Noruega. En Alemania, que sufría un problema de salarios bajos, la introducción se hizo de manera muy cuidadosa, poco a poco.

Lo que el Gobierno español hizo en enero fue un aumento sustancial del salario mínimo, algo positivo, porque España tenía que ponerse al día porque se encontraba en los últimos puestos. Si no me equivoco, el objetivo del Gobierno socialista es elevarlo hasta el 60% de la media de sueldos. Mucha gente considera que estos aumentos sustanciales como el de España (alrededor de un 22%) provocan desempleo, pero las investigaciones muestran que no tiene por qué. Creo que por ahora no está teniendo ninguna implicación negativa.

Los empresarios están en contra, pero las investigaciones demuestran que el salario mínimo no aumenta el desempleo

El objetivo era estimular la demanda y combatir la pobreza y la desigualdad, y creo que fue una buena medida. Y estáis bien acompañados, porque muchos países están haciendo lo mismo. España no es un caso excepcional.

P. Sin embargo, la medida fue recibida de forma muy negativa por actores sociales como la patronal. ¿Cómo se logra el consenso para implantar una medida así?

R. Es una pregunta difícil, porque sea cual sea el plan, los empresarios suelen estar en contra. Ahora protestan contra el salario mínimo europeo. La experiencia de países donde se han producido aumentos por encima del 20% del SIM, como Eslovenia en 2010, muestra que puede llevarse a cabo sin que aumente el desempleo ni dañar la competitividad del país. Encontraron una manera de adaptarse.

Lo mismo ocurrió en EEUU, donde el movimiento Fight for 15, una reivindicación en distintos estados para introducir una renta mínima de 15 dólares la hora, provocó una subida sin consecuencias negativas para el empleo. Cuando las empresas se enfrentan con los hechos, las puedes convencer de que no es tan malo. Para alcanzar el consenso político, quizá sea útil que se conozcan los estudios que muestran que no hay consecuencias negativas. En algunos países, la solución ha sido una adaptación lenta, paso a paso.

El profesor Müller. (ETUI)
El profesor Müller. (ETUI)

En España puede plantearse un crecimiento por fases en lugar de hacerlo todo de golpe, lo que puede ayudar a convencer a las empresas, pero el sueldo mínimo es tan bajo que se necesitan más medidas. Aun así, siempre habrá resistencias.

P. ¿Podría verse como un primer paso hacia una hipotética renta básica europea?

R. En absoluto. Son dos cosas completamente diferentes. La renta básica universal no tiene que ver con el empleo, porque el Estado la proporciona a todo el mundo, mientras que el sueldo mínimo está ligado al objetivo de asegurar que los trabajadores pueden vivir gracias a su empleo. En lo que respecta a la responsabilidad, una renta básica depende por completo del Estado, un sueldo digno es responsabilidad de las empresas.

El objetivo del sueldo mínimo europeo es que las empresas se aseguren de que sus trabajadores pueden llevar una vida digna y de que no obtengan sus beneficios de los bajos sueldos y de la explotación. Hay razones económicas para un salario mínimo, pero también morales.

P. En cualquier caso, ¿veremos alguna vez una propuesta así en Europa?

R. No lo creo. Lo que podemos ver es una iniciativa para un ingreso mínimo, que es distinto, porque se trata de una combinación entre sueldos y el apoyo económico del Estado. En este momento, la prioridad es un sueldo mínimo europeo, pero una renta básica es aún más controvertida, por lo que creo que la Comisión no dará ningún paso en esa dirección.

P. ¿Cumplirán Von der Leyen y la Comisión lo prometido?

R. En el pasado, las medidas se basaban en la austeridad y la devaluación de los ingresos, pero fueron tan perjudiciales para los ciudadanos europeos que en muchos países como Italia, Grecia, España o Portugal surgió una visión muy crítica hacia la idea de Europa.

La Comisión debe hacer algo para recuperar la población para la causa, y para ello necesita iniciativas que la gente perciba que le ha beneficiado directamente. Por eso creo que esta vez saldrán con algo. Aún no sabemos cómo será exactamente, pero van en serio.

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