la amenaza más importante

El cambio climático inquieta a los mercados: "Los inversores ahora se lo toman en serio"

La lucha contra el cambio climático no es solo cosa de ecologistas, gobiernos concienciados y organismos internacionales. Ya preocupa, y mucho, en los mercados

Foto: Manifestación contra el cambio climático en Berlín. (EFE)
Manifestación contra el cambio climático en Berlín. (EFE)

El cambio climático amenaza, entre otras especies, a miles de empresas de alimentación, aseguradoras e inmobiliarias que habitan el planeta. No es difícil deducir que si las costas y las materias primas ya están sufriendo las consecuencias del cambio climático, muchos negocios que dependen de ellas las sufran también. Así que si el mercado está empezando a tomarse en serio la lucha contra el cambio climático es, entre otras cosas, por dinero.

“La infraestructura global, las cadenas de suministro, los sistemas alimentarios, los precios de los activos, la productividad de la tierra y la mano de obra, y el crecimiento económico en sí están cada vez más en riesgo de deterioro debido a un clima que cambia rápidamente”, afirman en un reciente informe Dickon Pinner y Kevin Sneader, socios de la consultora McKinsey. Instan a las empresas a prepararse para lo que llaman la nueva “incertidumbre climática”. Para ello, les alertan de que necesitan “una revisión detallada de todos los riesgos potenciales para su empresa debido al riesgo climático físico”. La consultora recomienda utilizar ”modelos climáticos” que ayuden a predecir qué puede fallar en las empresas a medida que el mundo se calienta y se vuelve más volátil.

Para la construcción, se preguntan, ¿cómo podrían las altas temperaturas afectar las horas de trabajo al aire libre? Para las industrias basadas en la agricultura y alimentación, ¿cómo podría la sequía afectar los rendimientos del campo? Para la logística, ¿podrían inundaciones extremas poner en riesgo los suministros a sus fábricas? Son solo algunos riesgos que McKinsey recomienda analizar cuanto antes, porque si el planeta está en riesgo, el crecimiento económico, lógicamente, también.

Un estudio del Financial Stability Board sobre riesgos del cambio climático que analizó más de 11.000 empresas cotizadas en 40 países llegó a la conclusión de que, de media, el valor de mercado de las compañías se reduciría en torno al 2-3%. Aunque los más expuestos podrían perder el 20%. No es de extrañar que los inversores estén pidiendo a las empresas que se tomen en serio el cambio climático y sean más transparentes con los riesgos que corren.

Esto no solo incumbe a sectores relacionados con la energía y las emisiones de carbono tradicionalmente asociadas al reto climático. La agencia de calificación S&P, en su informe ‘Climate Change: Can Banks Weather the Effects’, recordaba los riesgos directamente relacionados con el cambio climático que pueden sufrir los bancos. “La transición global para reducir las emisiones de carbono plantea un desafío a la estabilidad financiera, debido al riesgo físico y de transición para los bancos, junto con los costos operativos y crediticios”. Aunque la agencia de 'rating' reconoce que estos riesgos son algo que hasta ahora no se ha tenido en cuenta a la hora de establecer el 'rating' de las entidades financieras, advierte de que “bancos muy expuestos a sectores o países vulnerables al riesgo de cambio climático podrían ver una reducción en los ingresos”. Es decir, que pueden pesar en sus proyecciones de riesgos y ganancias.

Transparencia como supervivencia

Así que la lucha contra el cambio climático no es solo cosa de ecologistas, gobiernos concienciados y organismos internacionales. Ya preocupa, y mucho, en los mercados. “Si los grandes fondos de inversión exigen estándares cada vez más altos de sostenibilidad, es porque ven que es una tendencia al alza de mercado”, afirma Javier Vello, socio responsable del sector Retail & Consumer Products de EY. “En España, está despegando la tendencia y en cinco años será normal tener la sostenibilidad como eje del negocio. Dentro de 15, ni nos explicaremos cómo es que antes no era así”.

Agencias de 'rating' y accionistas andan preocupados no solo ya por la descarbonización de la economía y lo socialmente responsables que sean las compañías, sino por riesgos muy concretos. Desde cómo el aumento del nivel del mar y las sequías pueden afectar al valor de determinados activos hasta las cadenas de suministro al deterioro de la salud de los trabajadores por vivir en entornos cada vez más contaminados o el riesgo de sufrir fenómenos climáticos extremos que dañen las infraestructuras locales también están empezando a contabilizar como riesgo para las cuentas de resultados.

La UE aprobó en 2014 una normativa que afecta no solo a cotizadas, también a empresas de mas de 500 empleados, para incorporar memorias de sostenibilidad, aunque como no se imponen multas a quienes no cumplen con esta directiva, todavía muchas empresas que no se dan por enteradas. Como trámite burocrático, no ha tenido el éxito que puede desarrollar si se convierte en una exigencia del mercado.

También hay riesgos legales. Según 'The Economist', en EEUU están aumentando las demandas a grandes compañías por ocultar información a sus accionistas sobre riesgos derivados del cambo climático. Y no solo los sectores más contaminantes como el energético tienen problemas. Gigantes como la firma de inversión Blackrock están pidiendo más transparencia climática a las empresas en las que invierten para evaluar sus riesgos. Y si la mayor gestora de fondos del mundo se toma en serio un tema, el mercado también.

Los inversores conceden cada vez más importancia a las soluciones de inversión que tienen en cuenta factores medioambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG, por sus siglas en inglés): el 93% de los participantes del estudio 'Future 2024', elaborado por BNY Mellon y Create-Research, considera que el cambio climático representa un riesgo de inversión que los principales mercados financieros mundiales aún no han puesto en precio.

“Estas oportunidades serán bien recibidas por los inversores que se enfrentan actualmente a un entorno de mercado de desaceleración económica mundial, baja inflación y una menor liquidez en dólares”, explica Scott Freedman, gestor de carteras de renta fija en Newton. El experto en inversión advierte también de que no todo lo que reluce es tan verde como parece: “Los inversores que desean reducir su exposición a los riesgos vinculados al cambio climático deben tener cuidado con el ‘greenwashing’ o ‘ecoblanqueamiento’, por lo que deben evaluar cuidadosamente si las credenciales de un bono verde son solventes”. El mercado de los bonos verdes ha aumentado en la primera mitad de 2019, casi un 50% en relación al año pasado, aunque siguen siendo una pequeña parte del total.

Las empresas españolas se ponen las pilas

“La transición ecológica está suponiendo un tsunami para el sector empresarial español”, reconoce Carlos Ruiz, director de Asuntos Públicos de la consultora Llorente y Cuenca. “En términos generales, los últimos dos años se ha experimentado un proceso de concienciación desde la actitud reactiva de las compañías sobre cómo adaptarse para no perder ventaja competitiva a un proceso de incorporación a las estrategia de negocio. Ahora se asume la inevitabilidad del cambio, así que aceleran la reconversión para convertirlo en una oportunidad y un factor diferencial”. Y concluye: “Ya no es una estrategia de RSC más, sino un 'driver' de negocio”.

Uno de los factores clave para tomarse en serio los riesgos medioambientales, según los estudios del Observatorio de Sostenibilidad de Esade, es la convicción del consejo de administración. “Pero también vemos muchas empresas que se lo empiezan a tomar en serio porque se lo piden directamente los inversores”, afirma Ángel Castiñeira, profesor de Ciencias Sociales de Esade. “Hay un grupo de empresas en el sector energético (y constructor) que se ha dado cuenta de que si no se ponen las pilas en sostenibilidad, buena parte de los fondos de inversión se retiran. Y es entonces cuando se lo han empezado a tomar en serio”.

Las empresas españolas, sin embargo, todavía tienen mucho que avanzar en transparencia de riesgos medioambientales. De más de 170 empresas cotizadas, solo una veintena incluyen compromisos claros en temas de sostenibilidad, según el Observatorio de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, desde donde se analiza si las empresas utilizan la sostenibilidad como lavado de cara o si se la toman en serio.

“Observamos si las empresas españolas hacen lo que dicen o si solo es un barniz para hacer ‘greenwashing”, afirma Castiñeira como referencia a la práctica de las empresas que se apuntan a la moda verde como estrategia de 'marketing'. “También hay un grupo reducido de empresas españolas que ya lo están haciendo por convicción”, explica el director de la cátedra de Liderazgo de Esade. “Otras lo hacen reaccionando a alguna crisis de reputación, y también las hay, y esto es lo más importante del cambio de tendencia, que lo hacen como oportunidad, porque se están dando cuenta de que para ser rentable hay que ser sostenible”.

Cuentas pendientes

Según el barómetro ‘Los españoles ante el cambio climático’, elaborado por el Real Instituto Elcano, la población española está muy concienciada en la lucha contra el cambio climático: la consideramos la amenaza más importante a que se enfrenta la Humanidad a nivel mundial. Sin embargo, “una cosa es que todo el mundo piense que los coches de gasolina o diésel deben ir desapareciendo y otro que la gente se declare dispuesta a hacer un gasto mayor para reducir sus emisiones y frenar el cambio climático”, afirma Carmen González Enríquez, investigadora principal del Real Instituto Elcano y catedrática en el Departamento de Ciencia Política de la UNED. “Una cosa es que algo sea percibido como deseable (reducir los gases de efecto invernadero) y otra que esté dispuesto a cambiar mi decisión individual”.

El cambio de las empresas, sin embargo, es a largo plazo. Algunas, por supuesto, tienen que adaptarse a los cambios regulatorios en sectores regulados. Otras, sin embargo, optan por subir el listón ecológico por autorregulación. Aunque muchos consumidores todavía no estén dispuestos a gastar más, sí que han detectado que les gusta sentirse socialmente responsables. De ahí que firmas de ropa y alimentación, por ejemplo, estén innovando para encontrar la forma de contaminar menos o garantizar un mayor bienestar animal como manera de diferenciarse de sus competidores. ¿Lo hacen por principios? Puede. ¿Creen que van a ganar más dinero con ello? Seguro.

“Las empresas están incorporando la transparencia en su agenda porque los clientes y consumidores están pidiendo que les expliquen cuál es su influencia en la sostenibilidad del planeta”, afirma Vello. “El consumidor del futuro va a penalizar comportamientos poco éticos y está cambiando la manera de consumir en función de cómo impactas en la sociedad y en el planeta“. Y si los consumidores e inversores se toman en serio la lucha contra el cambio climático, las empresas también.

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