PRESIÓN A ALEMANIA Y PAÍSES BAJOS

La post-austeridad llega a Europa: ni esconder la billetera, ni nuevos 'planes E'

Las llamadas a Alemania y Países Bajos para que aumenten la inversión pública es continua. La economía de la Eurozona se enfría, y ha llegado el momento de aumentar el gasto público

Foto: Banderas europeas frente a la sede del Ejecutivo comunitario en Bruselas. (Reuters)
Banderas europeas frente a la sede del Ejecutivo comunitario en Bruselas. (Reuters)
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Europa ha pasado por varias transformaciones en los últimos años. Una de ellas ha sido la llegada de la era post-austeridad: el reconocimiento de que hubo cosas que se hicieron mal a un nivel político y técnico, que la excesiva austeridad fiscal agregada ha acabado lastrando a la economía europea, que, aplicada globalmente en todos los países del euro a la vez, era la receta equivocada. Ahora que se divisan las orejas al lobo de una nueva crisis, se está consensuando un nuevo mensaje desde Bruselas y sus instituciones: abran la billetera.

Pero la cuestión aquí no es solo aumentar el gasto público, sino hacerlo bien. La pasada crisis también ha sido un ejemplo de que cuando un Gobierno se pone a gastar para frenar la contracción económica, el remedio puede ser peor que la enfermedad. Basta echar un vistazo al Plan E del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero: el 70% de las obras incumplieron el requisito de "ser necesarias" y el 96% de los trabajadores contratados para ellos no estaban ya en las empresas en 2011.

Las llamadas al gasto

Con la economía enfriándose cada vez más, las llamadas de atención han sido continuas desde hace tiempo. Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), hace tiempo que avisa de los límites de la política monetaria, y de la necesidad de que se ponga en marcha una política fiscal que haga que los bajos tipos sirvan de algo.

Se pide a Alemania, Países Bajos y otros Estados miembros que hagan uso de su “espacio fiscal” para volver a impulsar el crecimiento económico. “La política monetaria por sí sola no puede hacer el truco (de magia)”, aseguró Valdis Dombrovskis, vicepresidente de la Comisión Europea, tras el Eurogrupo informal del 13 de septiembre.

Mario Draghi, presidente del BCE. (EFE)
Mario Draghi, presidente del BCE. (EFE)

"En vista del debilitamiento de las perspectivas económicas y la continua prominencia de los riesgos a la baja, los gobiernos con espacio fiscal deberían actuar de manera efectiva y oportuna", aseguró Draghi en la rueda de prensa de la última reunión del BCE, el pasado 12 de septiembre.

"Mi mensaje es bastante claro: los países con espacio fiscal deberían usarlo para contrarrestar la desaceleración de la economía, y esto debe hacerse no por solidaridad con los demás, sino principalmente por su propio bien", aseguró también Mario Centeno, presidente del Eurogrupo. Pero también por solidaridad: si Países Bajos y Alemania se hunden acabarán arrastrando a toda la Eurozona con ellos.

El Gobierno holandés ha escuchado las peticiones y se lleva por delante el año que viene prácticamente todo el superávit fiscal: era del 1,5%, y en el 2020 será solamente del 0,2%, siguiendo las recomendaciones del BCE y las llamadas de atención de otras instituciones. Eso sí, La Haya no va más allá, y seguirá reduciendo su nivel de deuda pública respecto al PIB, que se espera que alcance el 50%.

El enfriamiento de dos de los motores económicos de la Eurozona enciende todas las alarmas. En un contexto internacional complicado, muchas son las capitales que opinan que o Berlín y La Haya se ponen las pilas, o acabarán arrastrando al resto de la zona euro. Es el momento de que ellos, y todos los países que puedan, abran la billetera.

El problema es que, mientras que Países Bajos escucha algunas de las voces, en Alemania el discurso no termina de calar. “Alemania no es un bloque homogéneo, hay todo tipo de interpretaciones, pero la visión dominante es que tienen un problema demográfico importante, con mucha gente en edad de jubilación y por lo tanto tienen que ahorrar para pagar todo esto”, señala Miguel Otero, analista de Elcano.

Angela Merkel, canciller alemana. (EFE)
Angela Merkel, canciller alemana. (EFE)

“Se han obsesionado con llegar al 60% deuda/PIB lo antes posible, porque parte siempre de los debates europeos sobre las normas acababan con recriminaciones a Berlín de haber sido ella la que había incumplido el Pacto de Estabilidad”, asegura Otero, que augura que “ahora (el Gobierno alemán) tiene la altura moral para decir que está dentro del límite”.

Ven el 60% como el límite, por lo tanto hay que seguir bajando. No es la meta, es el techo, así que tengo que llegar al suelo”, insiste Otero, que cree que esa tendencia seguirá bien asentada en Berlín.

Incluso si en Alemania se oponen a gastar más, lo cierto es que el debate ha empezado a girar, con más voces en Berlín pidiendo que se aumenten los estímulos fiscales, que se acabe con la prudencia excesiva.

El BCE ya ha explicado que la subida de tipos solo comenzará cuando la economía vuelva a coger ritmo, y Frankfurt está intentando utilizar esa fórmula para mover a los Gobiernos a que tomen cartas en el asunto: si a las capitales y bancos no les gustan los tipos excesivamente bajos, solo tienen que hacer que la economía vuelva a crecer, y con ellos subirán los tipos.

Jakob von Weizsaecker, uno de los hombres más cercanos al ministro de Finanzas Olaf Scholz, está intentando que se produzca un cambio de mentalidad en Berlín. El exeurodiputado, formado en París y con experiencia tanto en el Banco Mundial como en anteriores ejecutivos germanos, trata de borrar una cultura muy arraigada: hay que centrarse en la inversión, y la disciplina fiscal austera y robusta del exministro Wolfgang Schäuble, máximo exponente de la austeridad, es cosa del pasado.

Los cálculos estiman que el banco de desarrollo alemán (KfW) afronta una petición por parte de los Estados y ciudades alemanas de unos 138.000 millones de euros. Según Reuters el Gobierno alemán planea un “presupuesto en la sombra” con el que agencias oficiales como el KfW asuman deuda pública para canalizar inyecciones a la economía sin que estas se contabilicen en su presupuesto nacional.

Pero, ¿quién puede?

Hay distintas interpretaciones de quién puede empezar a gastar dinero. Por lo pronto las llamadas de atención son para los países que acumulan un superávit fiscal importante y que cumplen las normas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, por lo que tienen una deuda pública inferior al 60% del PIB.

Lo que está claro es que cada cual tiene una definición distinta de “espacio fiscal”. Para Grégory Claeys, experto de Bruegel, un think-tank económico de Bruselas, casi todos los Estados miembros tienen la capacidad de empezar a abrir la billetera, porque considera que el espacio fiscal se genera gracias a las condiciones establecidas por el BCE, que permite que la deuda pública siga reduciéndose respecto al PIB, aunque de forma moderada, en todos los Estados miembros.

Pero esta es la visión optimista. La OCDE, por ejemplo, ha advertido esta misma semana de que países como Francia, España o Italia no disponen de ese margen: solo pueden gastar más si suben más impuestos. Y el propio BCE, que es la institución que más anima a gastar a aquellos países que se lo puedan permitir, sitúa a España como el país, después de Grecia, que menos se lo puede permitir.

Sede de la Comisión Europea. (Reuters)
Sede de la Comisión Europea. (Reuters)

Hay otro debate en marcha, el del cambio en las normas fiscales de la UE. En el último Eurogrupo el asunto estuvo sobre la mesa, aunque fuentes del ministerio de Economía señalan su desazón con el asunto: creen que se está lejos de cambiar unas normas muy rígidas. A pesar de ello, lejos de las capitales nórdicas, hay cierto consenso en su cambio. El propio Klaus Regling, director ejecutivo del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), ha defendido el cambio para centrarse en el ratio deuda/PIB más que en el déficit, lo que permitiría a casi todas las capitales ampliar su margen fiscal.

¿Inversión en qué?

“Es verdad que tienes que tener cuidado con tus inversiones, y en la situación antes de la crisis en España hubo muchas malas inversiones, en muchos aeropuertos y demás”, señala el experto de Bruegel, incidiendo en el gasto público realizado antes de la crisis.

No es recomendable seguir la tradición española respecto a la inversión pública. Claeys cree que hay que ser estratégico, y propone que buena parte del dinero público vaya a parar a una de las prioridades europeas de esta legislatura: la transición ecológica y la lucha contra el cambio climático.

De hecho, Alemania pondrá en marcha un plan de emergencia por valor de unos 54.000 millones de euros con el objetivo de que Berlín cumpla con los objetivos de emisiones de carbono para 2030.

Estas inversiones van a renovar flotas de transporte urbano, a innovación, a programas de empleos y de formación en relación con esta transición ecológica. Para el experto de Bruegel, esta es el tipo de inversión que conviene a Europa: con un efecto a largo plazo sobre una de las prioridades europeas.

El KfW alemán es un ejemplo. Con los tipos bajos como una garantía en el largo plazo, algunos expertos apuntan a la idoneidad de hacer uso de agencias oficiales para canalizar fondos y reactivar la economía de los Estados miembros que afrontan una recesión.

“Siempre en estos temas la gente mira al norte, a los países nórdicos, donde tiene buenas infraestructuras, educación, un sector público amplio y eficiente, transparente, con meritocracia”, apunta Otero. “Pero en esos debates siempre digo que no hace falta irse tan lejos. Si se analiza lo que se hace en el País Vasco, si España se acercase a los niveles del País Vasco no hacía falta irse a Dinamarca: mira todos los indicadores macro, de gobernanza, de sociedad, la renta per cápita y prácticamente todos los indicadores que hay deberían ser la referencia”.

Paneles solares sobre un museo de Amsterdam. (Reuters)
Paneles solares sobre un museo de Amsterdam. (Reuters)

Un impulso para el presupuesto

Algunas voces esperan que este nuevo impulso a la petición de una mayor inversión pública sirva para que Alemania, Países Bajos y otros Estados miembros nórdicos permitan profundizar en las funciones del embrión de presupuesto para la Eurozona. España, Italia y otros países sureños buscan que el instrumento tenga una función estabilizadora que permita inyectar dinero en las economías desestabilizadas por un shock asimétrico, pero los nórdicos se niegan.

Christine Lagarde, futura presidenta del BCE, señaló ya durante su audiencia en el Parlamento Europeo el pasado 4 de septiembre que el instrumento, tal y como está diseñado ahora mismo, no permitirá hacer frente a un golpe a la economía de la Eurozona. Con este nuevo impulso, los ministros de Finanzas han vuelto a abordar la posibilidad de que el presupuesto se contracíclico durante la última reunión del Eurogrupo, aunque con la misma poca fe que hace meses.

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