CRÍTICAS DESDE AUSTRIA Y PAÍSES BAJOS

Guerra civil en el BCE por la reactivación de los estímulos

Este jueves Draghi sacó todo el arsenal con una profunda división dentro del Consejo de Gobierno, lo que ha provocado las críticas abiertas de Austria y Países Bajos

Foto: Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo. (Reuters)
Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo. (Reuters)

Las grandes acciones suelen pagarse a un precio muy alto. Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, tiene experiencia. Su “Whatever it takes” que salvó el euro también ha sido la bandera de los ortodoxos que creen que el italiano ha ido demasiado lejos. Pero no evitó que este jueves Draghi volviera a sacar todo el arsenal y anunciara un ambicioso plan de estímulos, alejando la subida de tipos, avanzando por la senda de los negativos y resucitando el plan de compra de deuda abandonado hace solo nueve meses.

Todo o nada en la recta final de su mandato, a sabiendas de que ya no tiene nada que perder. La resurrección del QE está para quedarse con 20.000 millones de euros al mes. Quizás es menos de lo que muchos esperaban, pero la señal es clara: el BCE está listo para una guerra larga, y por eso esta vez ni siquiera pone fecha de caducidad a esta segunda vida del programa.

Draghi sabía el precio que había que pagar por ello: división profunda en el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo, ahora ya, horas después de la reunión, convertida en una abierta guerra civil entre las distintas facciones.

El encuentro no fue demasiado pacífico, con los países sureños, Luxemburgo, Bélgica, la mayoría de bálticos e Irlanda decantados por apoyar a Draghi, mientras el núcleo duro de los llamados “halcones”, Alemania, Países Bajos y Austria, oponiéndose a las nuevas medidas. En esta ocasión, según señala Bloomberg, se sumó al grupo de ortodoxos François Villeroy de Galhau, gobernador del Banco de Francia.

Sin votar, siguiendo la tradición del BCE, Draghi decidió seguir adelante, considerando que había consenso suficiente, y durante la rueda de prensa posterior aseguró que la reactivación del QE generaba visiones contrapuestas, pero tenía el nivel de acuerdo necesario. Algunas voces dudan de hasta qué punto la decisión se ha tomado con el alto precio de provocar una división profunda y persistente en el Consejo de Gobierno.

Sede del BCE en Frankfurt. (Reuters)
Sede del BCE en Frankfurt. (Reuters)

Horas después la revuelta había pasado de una reunión a puerta cerrada en Frankfurt a ser una guerra civil abierta a ojos de todos los europeos. Klaas Knot, presidente del banco central holandés, ha señalado este viernes que el “amplio paquete de medidas, en particular el reinicio de las compras de activos, es desproporcionado para las condiciones económicas actuales”.

Knot cree que con la situación económica actual es difícil que el BCE no tarde más en lograr su objetivo de inflación, que se sitúa cerca pero por debajo del 2%, pero que sin embargo eso no justifica el uso del programa de activos, que no es, en su opinión, “el instrumento apropiado”.

Por su parte Robert Holzmann, presidente del banco central austriaco, ha atacado la decisión de Draghi durante una entrevista con ‘Bloomberg TV’. Preguntado por si la reactivación del QE era un error, el austriaco señaló que estaba “seguro” de que fue una idea que “cruzó la mente” de algunos de los miembros. “Y, definitivamente, cruzó la mía”, señaló.

Olli Rehn, gobernador del Banco Central de Finlandia, ha salido al contraataque y ha señalado que la decisión del BCE “no fue un error”, y ha lanzado una pulla a Países Bajos y Austria, señalando que, aunque el debate es bienvenido, no deben avivarse “excesivas” divisiones dentro del Banco. El finlandés ya pidió en agosto un fuerte paquete de estímulos desde la entidad central: “Es preferible que se exceda en sus nuevas medidas a que decepcione las expectativas del mercado”, señaló durante una entrevista con el Wall Street Journal.

Para los críticos la amenaza es que se acaben los utensilios de la caja de herramientas monetarias del BCE. Temen que el uso de todo el arsenal deje a Frankfurt sin espacio de reacción ante la recesión que está por venir.

Patata caliente para Lagarde

Draghi no quiere ser un héroe que salve el euro a la épica, y por eso el jueves volvió a las capitales que actuasen, incluso con más claridad que en el pasado. “Hubo unanimidad en que la política fiscal debería convertirse ahora en el principal instrumento”, señaló el italiano en rueda de prensa.

Y de hecho el italiano ha lanzado un mensaje a algunos países a los que se les lleva pidiendo que tomara medidas. “Si se hubiera puesto en marcha políticas fiscales los efectos secundarios de nuestra política monetaria sería mucho menor”, aseguró durante la rueda de prensa.

Christine Lagarde, futura presidenta del BCE. (Reuters)
Christine Lagarde, futura presidenta del BCE. (Reuters)

Los nubarrones se acumulan sobre Fráncfort a poco más de un mes de que desembarque la nueva presidenta del Banco Central Europeo, la francesa Christine Lagarde, que tendrá que aprender el fino arte de los equilibrios y tendrá que ser capaz de tomar decisiones radicales, como las que ha puesto en marcha Draghi. Aunque la caja de herramientas monetarias está ya casi vacía, hay esperanza en que la llegada de Lagarde, sin mochilas, sea la oportunidad para agrandar esa caja, explorar nuevas ideas y fronteras al rol del BCE. Al precio, claro está, de profundizar las trincheras de la ya abierta guerra civil, de tomar las decisiones cada vez con menos consenso y con más presiones.

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