Malas noticias para la economía global

El G-7 afronta una nueva era: la política es la guerra y los bancos centrales pierden poder

El mundo ha entrado en una época de bajo crecimiento e inflación que ha maniatado la capacidad de acción de los bancos centrales, mientras la política económica se centra en derrotar al enemigo

Foto: El presidente de EEUU, Donald Trump, y el presidente de Francia, Emmanuel Macron, durante la recepción de la Cumbre anual del G-7. (Reuters)
El presidente de EEUU, Donald Trump, y el presidente de Francia, Emmanuel Macron, durante la recepción de la Cumbre anual del G-7. (Reuters)

La cumbre del G-7 que desde ayer por la tarde se celebra en Biarritz (Francia) llega en un momento crítico para la economía y la geopolítica mundial. El brutal choque diplomático y económico entre Donald Trump, presidente de EEUU, y el Gobierno chino, justo en la víspera del encuentro, y el de Emmanuel Macron, presidente francés, con Jair Bolsonaro, presidente brasileño, ejemplificaron bastante bien la situación. El encuentro de este fin de semana de los líderes de EEUU, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá, acompañados también por los de la Unión Europea, tenía como objetivo reducir las tensiones, tanto diplomáticas como comerciales. Pero el objetivo se antoja tan lejano como necesario. La guerra comercial abierta entre las grandes superpotencias del mundo llega justo cuando hay serias dudas sobre la munición de los bancos centrales.

El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, reconoció el pasado viernes que los bancos centrales han perdido sus superpoderes. Han perdido, o mejor, los han agotado. Powell asumió, durante su discurso en el simposio de Jackson Hole, que el gran reto para ellos pasa ahora por superar la trampa de los 'tipos cero' en la que se han metido. Los tipos de interés naturales han "caído significativamente" desde 2012 y la ausencia de inflación muestra que realmente los tipos de interés "estarán, de media, cerca del límite inferior cero". Que es justo donde muere la política monetaria tradicional.

Lo que realmente está diciendo Powell es que la sociedad no le da ningún precio al dinero en sí mismo: apenas hay depreciación por la inflación, ni rentabilidad por los préstamos, ni cargas por las deudas. El dinero no vale nada, simplemente circula sin generar beneficios a quienes atesoran este activo ni perjudicar a quienes lo demandan.

Para la Reserva Federal esta ausencia de precio del dinero es un grave problema, ya que su política monetaria está construida precisamente en torno a su capacidad para alterar su precio. Y esta capacidad es muy poderosa, como bien se demostró durante la crisis de 2008. Lo que hacen los bancos centrales es que, cuando quieren que los individuos atesoren el dinero para reducir su velocidad de circulación, suben los tipos de interés. Y viceversa, cuando quieren que el dinero fluya para elevar la demanda interna, bajan su precio para que no existan incentivos a atesorarlo.

[Los líderes económicos tienen una cita con la historia]

Pero cuando los tipos están en el cero y el dinero no tiene ningún precio, es imposible ir mucho más lejos. Se puede poner un precio negativo al dinero, o lo que es lo mismo, penalizar con un coste a quien acumule reservas (los tipos negativos), pero su margen de acción es muy limitado. Ahí es justo donde están los bancos centrales en la actualidad, lo que ha llevado a Powell a preguntarse "cómo podemos apoyar mejor el empleo y la estabilidad de precios en un mundo con unos tipos de interés naturales bajos". Adiós a los 'superpoderes' de los bancos centrales.

Cuando los tipos están en el cero y el dinero no tiene ningún precio, es imposible ir mucho más lejos con la política monetaria convencional

Esto no es algo nuevo: en los últimos años, cada decisión que adoptan los bancos centrales se muestra menos efectiva que la anterior. Su capacidad para influir en los precios, la creación de empleo o la actividad económica ha sido decreciente hasta llegar casi al cero. En este contexto, la Reserva Federal ha puesto en marcha un estudio sobre sus herramientas de política monetaria para renovarlas: "Nos estamos planteando si deberíamos ampliar el repertorio". Ahora bien, las nuevas herramientas tampoco tienen garantizado el éxito.

Mientras tanto, la capacidad de la Fed y de otros bancos centrales para generar crecimiento será muy limitada. "Concluiré diciendo que estamos profundamente comprometidos con el cumplimiento de nuestro mandato en esta época desafiante y espero con interés las valiosas ideas que, confío, se compartirán en este simposio", remató Powell.

Derrotar al enemigo

El contundente mensaje del presidente de la Fed no adquirió la relevancia que se merece porque los líderes políticos mundiales siguen obstinados en seguir con la guerra comercial. El Ministerio de Comercio de China anunció al mismo tiempo que endurecería los aranceles a importaciones procedentes de EEUU por valor de 75.000 millones de dólares.

Los líderes políticos se han quedado solos a la hora de reactivar la economía. La política monetaria ya apenas sirve. En su lugar, la prioridad económica sigue siendo la guerra comercial. El objetivo no es mejorar los datos de crecimiento internos, sino empeorar los del enemigo. Con ese ánimo comenzó la cumbre del G-7.

[El asalto de la política a los bancos centrales pone en riesgo la economía]

El presidente de EEUU, Donald Trump, está dispuesto a ignorar el mensaje de alerta de Powell: el mundo ha entrado en una tercera era de bajo crecimiento e inflación que plantea nuevos retos a todos los niveles. Y, en este contexto, la guerra comercial supone una incertidumbre más. "Encajar la incertidumbre de la política comercial en este marco de la política monetaria es un nuevo desafío", alertó Powell.

Trump decidió por ignorar la advertencia del presidente de la Fed y centrarse en el contraataque a China. Su reacción fue una nueva cantinela a través de Twitter en la que acusó al país asiático de haber "robado durante décadas" dinero estadounidense derivado de la propiedad intelectual. "Estaríamos mucho mejor sin ellos", afirmó, para apremiar a las empresas estadounidenses con presencia en China a volver a EEUU. Y como colofón, anunció a las pocas horas otra subida de impuestos a las exportaciones chinas a EEUU.

La escalada arancelaria y el intercambio de mensajes, lejos de crear un ambiente de cordialidad, encendió más los ánimos antes del inicio del G-7. Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, lo advirtió durante la mañana del sábado: las guerras comerciales provocan recesiones. Pero es muy probable que las advertencias caigan en saco roto.

Este foro internacional, así como el G-20 y similares, se están vaciando de contenido como consecuencia de la guerra comercial. Ahora los grandes bloques realizan la batalla de forma individual y han descartado la opción de la cooperación por un futuro mejor para todos. Una nueva era que está por ver cuánto dura y a quién se lleva por delante.

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