Análisis de la migración exterior e interior

Las provincias con más inmigrantes son las que más crecen y logran mayor renta

¿En su ciudad viven muchas personas nacidas en otras provincias u otros países? Si es así, se trata de una señal positiva para su 'bolsillo'

Foto: Un inmigrante en la marcha por la Dignidad contra la explotación obrera en Madrid. (EFE)
Un inmigrante en la marcha por la Dignidad contra la explotación obrera en Madrid. (EFE)

La inmigración, ya sea desde otros países o desde otras regiones del mismo país, es vista en ocasiones como un lastre por la población local. Consideran que la inmigración reduce la demanda de trabajo, baja los salarios por el aumento de la competencia y, en definitiva, entorpece el crecimiento y el bienestar de la población. Sin embargo, los datos económicos muestran que todos estos prejuicios no se adaptan a la realidad.

Las provincias que tienen más población nacida fuera, ya sea en otra provincia o en otro país, tienden a crecer más rápido y con mayores niveles de renta per cápita. En otras palabras, la correlación entre inmigración y economía es positiva. Tiene sentido que así sea, ya que los polos más dinámicos atraen mayor población, lo que aumenta el PIB de la región. Pero, lo que es más importante, el crecimiento económico que se genera es, por regla general, superior a la llegada de población, lo que significa que el PIB per cápita también crece.

Esto permite a las regiones con mayor inmigración situarse en las cotas superiores del país por crecimiento y también por renta. Es la conclusión que se obtiene después de cruzar los datos del padrón por provincias con la contabilidad regional desde 2000 hasta 2017, ambos publicados por el INE. El resultado es que la atracción de población de otras regiones acelera la actividad lo que, a su vez, atrae a más población, generando un círculo virtuoso que se retroalimenta.

La correlación más fuerte se produce con la inmigración interior (llegada de población desde otras provincias españolas), que estimula el crecimiento de la producción y el PIB per cápita. La relación es tan fuerte que la mayor parte de las provincias que tienen un nivel de renta superior a la media del país (la media de España está representada en los dos ejes destacados), también tienen más población de otra provincia que la media española. Esto es, se sitúan en el cuadrante superior derecho: su PIB per cápita es superior a los 24.000 euros y tienen más de un 13,7% de habitantes nacidos en el resto de España.

Álava es la provincia que mejor ejemplifica esta situación, ya que el 33% de su población ha nacido en otra provincia de España y su PIB per cápita asciende a 36.000 euros, el dato más alto de España. En esta región se concentran las principales sedes institucionales del gobierno vasco, de modo que se ha convertido en un foco de atracción de talento que contribuye, indudablemente, al crecimiento de la provincia. El resultado es que la atracción de población de otras regiones acelera la actividad y, a su vez, atrae a más población, generando un círculo que se retroalimenta.

La atracción de población de otras regiones acelera la actividad lo que, a su vez, atrae a más población, generando un círculo virtuoso

Pero no todo está relacionado con la presencia de instituciones oficiales. Tarragona alcanza un nivel de renta de 29.700 euros por habitante, entre los más altos del país, y también cuenta con mucha inmigración interna: el 29% ha nacido en otra provincia española. Navarra, por el contrario, rompe esta tendencia, ya que tiene una renta muy alta (29.860 euros) pero una inmigración desde otras provincias muy baja, apenas del 16%.

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En el extremo opuesto se sitúan las regiones con menor renta que apenas atraen a población de otras provincias. Jaén es la provincia peninsular con menor porcentaje de habitantes del resto de España, apenas un 9,5%, y su renta per cápita es inferior a 17.000 euros, esto es, un 53% menos que Álava.

Existen dos particularidades dentro de todas estas estadísticas, Toledo y Guadalajara, pero su explicación es sencilla. Se trata de 'provincias dormitorio' de Madrid. Esto provoca que muchos foráneos vivan en estas dos provincias, lo que aumenta su población, pero como trabajan en Madrid, el PIB que elevan es el de esta provincia y no en la que residen.

Garantía de éxito

La inmigración interior es garantía de éxito. Las provincias que acogen a mucha población nacida en otras regiones del país tienen garantizado un fuerte nivel de crecimiento y una renta elevada para sus habitantes. Por cada incremento del 1% en la población nacida en otra provincia, el PIB per cápita tiende a ser un 0,4% superior. Esta relación es elevada y responde en buena medida a la calidad de la inmigración interior.

Los ciudadanos que cambian de provincia hacia las regiones más ricas lo hacen, por lo general, para buscar un trabajo que se adapte a sus cualidades. En otras palabras, se trata de flujos migratorios con un capital humano elevado. El resultado es que son personas que generarán un alto valor añadido en su destino y, por tanto, contribuirán decisivamente a generar riqueza. Sería el ejemplo de un ingeniero que emigra desde el campo hacia una gran ciudad.

Por cada incremento del 1% en la población procedente de otra provincia, el PIB per cápita tiende a ser un 0,4% superior

Este flujo del campo a la ciudad genera un fenómeno singular: la 'España vacía' registra los peores niveles de crecimiento, pero el PIB per cápita se mantiene por encima de la media nacional. Esto es así porque el PIB per cápita está afectado tanto por la población como por el PIB, de modo que si estas regiones pierden población pero mantienen su PIB, logran incrementos de PIB per cápita.

Esto explica por qué la correlación entre crecimiento e inmigración interior sea inferior y tenga tantas oscilaciones. Por ejemplo, Segovia apenas ha crecido un 43,2% entre los años 2000 y 2017, el peor dato de toda España. Sin embargo, su PIB per cápita se mantiene por encima de la media nacional en 21.500 euros por habitante. De ahí que la dispersión de esta estadística sea superior. Lo que está claro es que las provincias que más población han atraído, también son las que más crecen, como evidencian los casos de Guadalajara, Girona, Tarragona o Toledo. Estos cuatro casos ya los analizamos en otro artículo en el que se muestra que el 'efecto capital' de Madrid y Barcelona se está extendiendo a las provincias limítrofes.

La calidad de la inmigración exterior

La inmigración exterior también ayuda a elevar la renta per cápita de una región. Esta estadística también tiene una importante dispersión debido a las diferencias en el capital humano que llega. Pero, lo que está claro es que la relación entre PIB per cápita y población extranjera es positiva.

Las dos grandes provincias de España, Madrid y Barcelona, tienen una gran demanda de mano de obra que cubren con población foránea. Casi el 20% de sus habitantes han nacido en otro país, lo que evidencia la penetración de la inmigración. Las dos regiones compiten a nivel mundial por atraer talento (capital humano extranjero) y esto es importante. La calidad de la inmigración, que está directamente relacionada con el tejido productivo de cada provincia, determina su aportación al PIB.

En Madrid y Barcelona, la llegada de inmigrantes con elevado capital humano supone una aportación positiva de la emigración al PIB. Por el contrario, en las provincias del sur interior, la presencia de extranjeros es muy baja. Badajoz, Jaén, Córdoba o Cáceres, no superan el 5% de población foránea y su renta tampoco supera los 17.400 euros por ciudadano.

Sin embargo, también hay algunas provincias que tienen una renta per cápita baja, pero mucha inmigración. Es el caso de la 'huerta' del Mediterráneo: Almería, Murcia, Málaga o Alicante, que concentran a más de un 15% de la población extranjera. Esta mano de obra foránea cubre puestos de trabajo de bajísimo valor añadido, especialmente en la agricultura, lo que explica por qué la inmigración no contribuye a elevar el PIB per cápita.

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También existe el caso opuesto, centrado en el País Vasco y Navarra. En estas dos comunidades apenas ha permeado la inmigración exterior, con niveles muy inferiores a los que serían habituales en función de la renta. El idioma puede ser el factor determinante que haya frenado la presencia de foráneos, y es posible que la inestabilidad social. La realidad es que Vizcaya, Guipúzcoa y Álava tienen más de 30.000 euros de PIB per cápita y la población foránea no supera el 12%.

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