un punto del PIB

Los salarios españoles pierden 12.000 millones por las subidas de impuestos

El peso de los salarios en el PIB se sitúa en el 47,1%, un punto menos que en 2002, cuando el país se situaba en la misma posición cíclica. La renta se ha ido a financiar el gasto público

Foto: Trabajador del sector de la construcción. (EFE)
Trabajador del sector de la construcción. (EFE)

Las principales economías europeas volvieron en 2018 a una situación cíclica neutral, esto es, justo en el punto en el que se cerró la brecha de producción. Este punto es el óptimo para analizar cómo ha evolucionado la economía en un ciclo completo. El punto de inicio de la comparativa es 2002, año en el que España estaba en una situación similar de equilibrio, según las estimaciones de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal.

Lo que muestran los datos de la Contabilidad Nacional es que el peso de los salarios en el PIB ha caído un punto a lo largo del ciclo. Una transformación estructural de la economía española que responde al aumento de peso del Estado en la economía. En estos 16 años de ciclo económico el peso del gasto público ha pasado del 38,5% del PIB al 41,4% y se ha destinado fundamentalmente a financiar el gasto público creciente.

Este punto del PIB supone unos 12.000 millones de euros (a precios actuales) menos de masa salarial de la que correspondería. El proceso ha sido el siguiente. Durante los años de la burbuja, el peso de los salarios sobre el PIB se mantuvo estable cerca del 48%. Cuando estalló la crisis, la rigidez de los salarios a la baja elevó su peso hasta el 50,9% del PIB. A partir de ese momento, coincidiendo con la reforma laboral de Zapatero y la primera estabilización de la economía, el peso de los salarios empezó a caer hasta marcar su mínimo histórico en 2017 con un 46,9%.

En 2018 se produjo un repunte de peso de los salarios hasta el 47,1% del PIB, avance que respondió al impulso a los salarios desde la negociación colectiva. Pero esta subida solo maquilla una nueva realidad en España y es que el peso de los salarios en el PIB se ha recortado desde la crisis como resultado de la ‘devaluación salarial’ que se puso en marcha a partir de las reformas laborales.

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Sin embargo, la devaluación de los salarios no ha desembocado en mayores rentas del capital, como muchos denuncian. Al contrario el peso de las rentas mixtas (su nombre técnico) se mantiene en el entorno del 42,5% como en el año 2002. Es cierto que durante los años de la burbuja su importancia se redujo en algo más de un punto hasta tocar su mínimo histórico en 2010. A partir de ese momento repuntó apoyándose en los márgenes empresariales crecientes y actualmente está estabilizado cerca del 42,5% del PIB.

La caída de las rentas del trabajo han ido directamente a las administraciones públicas en forma de mayores impuestos sobre la producción. España financió un gasto público creciente hasta 2009 gracias a los ingresos cíclicos de la burbuja, pero cuando la crisis estalló, quedó en evidencia el verdadero agujero de las cuentas públicas. Fue en ese momento cuando tocó subir los impuestos, primero durante la legislatura de Zapatero y después con Rajoy.

En otras palabras, la pérdida de peso de los salarios en la economía ha sido consecuencia del tamaño creciente del Estado. En el año 2002 el gasto público representaba el 38,6% del PIB y hoy alcanza el 41,4%. Estos dos puntos más de gasto público (unos 25.000 millones de euros) se han financiado básicamente con impuestos y cotizaciones sociales.

El principal cambio estructural del presupuesto de las administraciones públicas ha sido el crecimiento del gasto en pensiones, que se ha disparado en 3,6 puntos del PIB (dato hasta 2016, último disponible). Si se observa con detenimiento, el aumento del peso de los impuestos y el déficit público equivalen justo al aumento del gasto en pensiones. Como las cotizaciones sociales no han sido suficientes, cada vez se paga una cuantía mayor con cargo a presupuestos, esto es, con impuestos.

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El peso de los impuestos sobre la producción y las importaciones alcanzó en 2018 el 10,5% del PIB, esto es, 1,2 puntos más que en el año 2000. Lo que ha hecho España en este periodo es converger hacia la media europea, aunque todavía queda camino por recorrer, ya que el peso de los impuestos sobre la producción y las importaciones en la eurozona alcanza el 11,4% del PIB.

Sin embargo, esta convergencia se ha cebado con los salarios, que no eran particularmente altos en España, en lugar de ‘atacar’ a las rentas del capital. En España, los beneficios empresariales y de la propiedad alcanzan un volumen que no se corresponde con el tamaño del PIB. Esto se aprecia con claridad en el siguiente gráfico, que muestra a España por encima de la media europea en rentas del capital y por debajo en las rentas del trabajo.

En España, las rentas del capital alcanzan el 42,4% del PIB, mientras que en el conjunto de la eurozona se sitúan en el 40,8%, esto es, un punto y medio por debajo. Esto significa que la convergencia hacia Europa debería suponer un incremento del peso de los salarios y de los impuestos a la producción restando así participación a las rentas del capital.

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