CON LA CRISIS DE HUAWEI DE FONDO

La UE celebra la cumbre de la desconfianza con China en busca de reciprocidad

La Unión Europea celebra este martes una cumbre de alto nivel con China con un gran objetivo: lograr el inicio de un acceso recíproco al mercado asiático

Foto: Donald Tusk recibe al primer ministro chino. (Reuters)
Donald Tusk recibe al primer ministro chino. (Reuters)

Hace relativamente poco que Alemania y Francia fueron conscientes de que sus mercados habían estado muy abiertos a China mientras que Pekín no había hecho lo propio con los suyos para las inversiones europeas. Había que hacer algo rápido. En tiempo récord, se pasó de defender que se podía cambiar a China y que podía ser un socio importante a que la Comisión Europea lo calificara de “enemigo sistémico”. La cumbre de este martes es el colofón de ese giro.

Se celebra en Bruselas la que se considera una de las reuniones más importantes de los últimos años y que es continuación de una cumbre que tuvo lugar en París hace algunos días entre Emmanuel Macron, presidente francés, Angela Merkel, canciller alemana, y Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, donde hicieron ya visibles sus diferencias.

Esta reunión, que en este caso se celebra con el primer ministro chino, Li Keqiang, tiene dos debates paralelos. Por un lado, la UE tiene una discusión interna sobre la unidad frente a las amenazas que presenta China cuando tiene acceso a inversiones en sectores estratégicos. De hecho, la Comisión Europea y Federica Mogherini, alta representante de la UE para Exteriores, han vuelto a hacer hincapié en que ni la UE ni sus capitales lograrán nada con Pekín sin “total unidad”.

Eso es un dardo para Italia, que recientemente firmó con China su adhesión al plan de la Nueva Ruta de la Seda, un movimiento que fue fuertemente criticado por París y Berlín. Pero otros países pequeños también ven la situación como Roma: Alemania y Francia tienen un diálogo continuo con Pekín, y no solo eso, sino que son puntos calientes de inversión china en Europa, hagan lo que hagan, y esa es una ventaja que se limita a ellos.

Para Estados con menos poder y tamaño, el formar parte de la Nueva Ruta de la Seda puede ser la forma de estructurar su diálogo con el Gobierno chino. Algunos de los que tienen esta visión están en el bloque de Europa Central y del Este, y no es casualidad que el primer ministro chino comenzara su visita al continente con un encuentro con estos países el lunes, en el marco del octavo encuentro de líderes de China y países de Europa Central y Oriental que se ha celebrado en Croacia.

Entre 2017 y 2018, Pekín ha decidido diversificar sus inversiones en Europa. Hace dos años, Berlín, París y Londres representaban el 71% de las inversiones directas chinas en Europa, y el año pasado esa cifra se descalabró hasta el 45%. Hay distintas razones para ello: Pekín está bajando su perfil a nivel global, aprovechando para diversificar, y además algunos países europeos han puesto en marcha mecanismos de escaneo de inversión extranjera.

En cualquier caso, Francia, Alemania y el Reino Unido han colaborado activamente con China, abriéndole las puertas a tecnologías que han jugado un papel clave en el desarrollo del gigante asiático, y su movimiento ahora en contra de las inversiones chinas hace que algunos países rompan esa petición de unidad europea, como ha sido el caso italiano.

Rueda de prensa tras la cumbre de líderes europeos con China. (Reuters)
Rueda de prensa tras la cumbre de líderes europeos con China. (Reuters)

Reciprocidad

El otro gran debate de la reunión está centrado en una palabra: reciprocidad. La UE quiere arrancar de China el compromiso de que se permita un acceso recíproco a las inversiones europeas en el mercado asiático. Por el momento, el lado chino se resiste y la reunión podría terminar sin ni siquiera un comunicado conjunto, ya que las fuentes europeas lo consideran una condición indispensable.

La UE ha perdido la paciencia en este caso. La Comisión Europea lleva un lustro intentando cerrar un acuerdo de inversiones con Pekín y hasta ahora ha sido imposible. Se progresa, pero demasiado lentamente.

Por el momento, Europa no entra en la estrategia frentista de Estados Unidos, pero sí que esperan que las negociaciones que Washington mantiene con el Gobierno chino a cara de perro ayuden a que Pekín se abra a las exigencias americanas, que en gran parte son parecidas a las europeas. Sin embargo, en Bruselas también se es consciente de que ese pulso puede terminar de dos formas: medianamente bien, con un acuerdo que inaugure una etapa en la que Pekín aborde las preocupaciones occidentales, o muy mal, con una guerra comercial que no dejará ganadores.

China parece tener ambiciones más mundanas para este encuentro. “La relación entre China y la UE se está profundizando y esperamos que la cumbre sirva para expandir los consensos y coordinarnos mejor de cara al futuro”, ha asegurado antes del encuentro Wang Chao, ministro de Exteriores chino.

Reforma de la OMC

El otro asunto que preocupa a los europeos de cara a esta reunión es la actualización de las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), cada vez más descosida precisamente por los tiras y aflojas de las otras dos partes implicadas en la escena global: China y sus políticas económicas por un lado, y las medidas unilaterales de la Administración liderada por Donald Trump por el otro.

Lo importante para Europa es que se actualice la OMC en lo referente a los subsidios industriales, especialmente teniendo en cuenta que dos de cada tres medidas de defensa comercial que pone en marcha la Comisión Europea tienen como objetivo proteger la UE del 'dumping' o de las importaciones subsidiadas de origen chino.

Sede de la OMC. (Reuters)
Sede de la OMC. (Reuters)

Huawei, de fondo

En todo momento habrá un elefante en la habitación llamado Huawei. El gigante tecnológico chino tiene un papel muy destacado en Europa y cuenta con un rol clave en algunas infraestructuras críticas europeas. Ahora quiere también llegar a la red 5G, que será protagonista de la nueva era de internet. Pero afronta los vetos de algunos países europeos y las preocupaciones de la mayoría, impulsados también por la presión americana, que ha pedido prohibir el acceso de Huawei a estas infraestructuras.

Por el momento, la UE no ha vetado el acceso de la empresa china, algo que ha dejado en manos de los Estados miembros, pero sí que ha pedido reforzar el control sobre las inversiones extranjeras en este mercado clave para el futuro europeo, especialmente teniendo en cuenta que Huawei, que está intentando defender su compromiso con Europa y su papel de empresa independiente, tendría, por ley, que cooperar con los servicios secretos de China si estos lo ordenaran, lo que presentaría un importante riesgo para la seguridad europea si la compañía asiática tiene acceso a las redes 5G.

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