Un movimiento de 25 puntos básicos

Tambores de crisis: el mercado espera que la Fed baje los tipos de interés en septiembre

Los inversores han borrado cualquier opción de que siga subiendo tipos. La desaceleración de la economía y el elevado endeudamiento de las empresas en EEUU han disparado las dudas

Foto: El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell. (Reuters)
El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell. (Reuters)

¿Quién dijo subida de tipos? Los inversores ya no tienen ninguna duda: el próximo movimiento de la Reserva Federal será una bajada de tipos. Y probablemente ocurra en septiembre, durante la primera reunión de la entidad posterior al verano. Así figura en el indicador de probabilidad implícita de política monetaria que elabora Bloomberg y que es un instrumento que utiliza la Fed para sus decisiones.

Actualmente, el mercado da un 66% de probabilidades a que la Reserva Federal baje los tipos en septiembre en 25 puntos básicos. Y el porcentaje de probabilidad aumenta de cara a las siguientes reuniones. Para la reunión de diciembre, última del año, el mercado da un 80% de probabilidades de bajada de tipos. Estos datos evidencian que los inversores están ya muy convencidos de que el próximo movimiento de la entidad será un aumento de los estímulos.


Ante esta situación, la Fed está ya presa de las expectativas del mercado, por lo que difícilmente podrá escapar a una rebaja de tipos. Si ahora cambia su discurso y opta por endurecerlo, se arriesga a generar un terremoto en los mercados financieros, justo lo que quiere evitar. Un giro bajista en las cotizaciones de los bonos supondría disparar los costes financieros para el Estado, las empresas y las familias. Justo esto fue lo que ocurrió entre 2006 y 2008, lo que aceleró el estallido de la burbuja inmobiliaria.

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Si la Fed quiere que se produzca un ‘aterrizaje suave’ de los mercados, no puede enfrentarse a las expectativas de los inversores. Al menos no ahora, con los datos económicos en una dirección bajista. Los datos del PMI (encuesta a gestores de empresas) de marzo mostraron cómo la desaceleración del país continúa. Las cifras fueron especialmente preocupantes en el sector manufacturero: el PMI cayó hasta 52,5 puntos, el dato más bajo desde mediados de 2017.

La Reserva Federal está presa de las expectativas del mercado, por lo que difícilmente podrá escapar a una rebaja de tipos

Estas cifras económicos no despejan las dudas sobre la economía estadounidense, al contrario, generan más incertidumbre. Los inversores no creen que la tendencia vaya a mejorar en los próximos meses, por lo que consideran que la Fed no tendrá más remedio que volver a bajar los tipos de interés.

[¿Ha muerto la inflación?]

El presidente de la entidad, Jerome Powell, reconoció la semana pasada que la Fed actuará en respuesta de los datos económicos que vayan llegando. Esto es, su política monetaria dependerá de la evolución de la actividad. En ningún caso fijará una hoja de ruta que sea inamovible. Esta posición contribuyó a elevar la expectativa de subida de tipos en los inversores.

La curva de rentabilidades de EEUU muestra a la perfección la incertidumbre de los inversores. La rentabilidad exigida al bono a 10 años está siete puntos básicos por debajo de las letras a tres meses. Esto significa que los inversores creen que los próximos meses van a ser peligrosos y prefieren no tener estos títulos, que vencen a cortísimo plazo. De ahí que la curva de rentabilidades se haya dado la vuelta.

Los inversores se han posicionado en los tramos largos de la curva, ante la expectativa de que la Reserva Federal vaya a intervenir con una rebaja de tipos. En menos de seis meses, la rentabilidad exigida al bono a 10 años ha caído en 85 puntos básicos: de cotizar por encima del 3,2% a caer por debajo del 2,4%.

La Fed tiene, además, otro enemigo: el mercado de divisas. Europa ya ha puesto en marcha su artillería de estímulos, el Banco de Inglaterra está esperando al Brexit para hacer lo mismo y Japón sigue en su cruzada por incentivar el consumo interno. En este contexto, EEUU se ha convertido en la única gran economía que todavía mantiene su política de retirada de estímulos. Su política divergente genera un gran riesgo de que la cotización del dólar se dispare, lo que restará más competitividad al país. Para evitar esa situación, la única alternativa de la Fed es dejar de lado las subidas de tipos e incorporarse a la oleada de estímulos del resto del mundo.

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