La cartera económica siempre ha sido un imán para las desgracias

Economía, la 'conselleria' maldita de la Generalitat

De Juan José Folchi a Oriol Junqueras, de Macià Alavedra a Antoni Castells, ser 'conseller' de Economía en Cataluña solo supone exponerse al riesgo cierto de que todo acabe muy mal

Foto: Sede de la 'consellería' de Economía en Barcelona en una imagen del mes de febrero. (EFE)
Sede de la 'consellería' de Economía en Barcelona en una imagen del mes de febrero. (EFE)

Lo primero que ve el visitante cuando entra en el edificio modernista de la 'conselleria' de Economía de la Generalitat, situado en el número 19 de Rambla de Catalunya de Barcelona es la estatua de mármol de Diana Cazadora. Es obra del escultor Eusebi Arnau y se encuentra al pie de la escalera regia desde que se construyó el edificio, en 1907. Diana sostiene su arco serena, porque los 'consellers' que pasan ante ella a ocupar su cartera ignoran que serán ellos las víctimas de las flechas del destino. Un destino, a menudo aciago, ya que desde que se instauró la autonomía ese puesto político se ha convertido en el auténtico cargo maldito de la política catalana. Hagas lo que hagas, seas como seas, milites donde milites, un aluvión de catástrofes se sucederán sin que nadie pueda evitarlo.

Un veterano exparlamentario catalán bromea al respecto: "dedicarse a la política en Cataluña no está mal siempre que no te nombren 'conseller' de Economía. El mejor —Ramón Trías Fargas— se murió­ y el resto no fueron más afortunados". En puridad, Trías Fargas es el 'conseller' más recordado de la época inicial de la Generalitat, pero no fue el primero tras la restitución autonómica. Ese honor correspondió al abogado Juan José Folchi, quien luego dejó la política y se dedicó a asesorar al financiero Javier de la Rosa. Folchi acumuló una enorme fortuna gracias a esa ocupación. Casi tanto como lo que tuvo que gastar para defenderse cuando explotó el caso KIO. Nadie lo vio entonces, pero era el principio de un patrón.

Si se piensa en el titular anterior de la cartera, Oriol Junqueras, confinado en la cárcel de Lledoners, la cosa empieza a dar un poco de miedo. O su sucesor, Pere Aragonès, acorralado esta semana por los mismos funcionarios y trabajadores públicos que llenan las 'consellerias' de lazos amarillos. Pero a lo mejor no es suficiente para justificar la leyenda. Sin embargo, si se mira hacia atrás, se detecta una pauta inquietante. La Diana Cazadora ha hecho más de una muesca en su carcaj.

Hace más de 20 años en 1997, Macià Alavedra tuvo que dimitir. Llevaba ocho años en el cargo. Era un hombre a prueba de maldiciones. Gran comedor, amante de la buena vida, amigo personal de Jordi Pujol y Lluís Prenafeta, Alavedra no conocía el miedo ni creía en supersticiones. No solo se codeaba con Javier de la Rosa, hasta se permitió darle un aval público de 60 millones de euros para levantar Port Aventura. Llevaba ocho años en el cargo, pero su buena estrella se apagó cuando el diario 'El Mundo' desveló que Alavedra había montado una reunión en su casa entre el presidente del Banco Hispanoamericano, José María Amusátegui, con el juez corrupto Pascual Estevill. Había sido el 8 de noviembre de 1993. Directivos de las aseguradoras La Estrella y Banco Vitalicio llevaban cuatro días en prisión preventiva. La cena entre el juez, el 'conseller' y el banquero fue espléndida: 54.000 pesetas de la época que Macià Alavedra cargó a la Generalitat, faltaría más. Nunca imputaron a Alavedra, pero su carrera política se acabó para siempre tras aquella mediación catastrófica.

El poder del 'no'

En abril de 1999 un 'conseller' de Economía dio la mayor muestra de poder que se había hecho nunca. Fue Artur Mas, que había sucedido en el cargo a Macià Alavedra. En ese momento Artur Mas dijo 'no'. Y no se lo dijo a cualquiera sino al presidente de La Caixa Josep Vilarasau quien en esos tiempos era más divino que la Diana Cazadora. Vilarasau pretendía que Artur Mas le cambiase la Ley de Cajas de la Generalitat para que pudiera haber dos directores generales: Isidre Fainé y Antoni Brufau. Mas se negó en rotundo. Y Vilarasau no pudo hacerle cambiar de criterio ni cogiendo su coche y plantándose en el Palau de la Generalitat para presentarse ante Pujol sin haber sido anunciado para poner el grito en el cielo. Esa negativa de Mas convirtió a Fainé en el heredero de La Caixa y forjó la complicada relación entre Mas y Fainé, en plan "yo soy tu padre", pero al revés. Ahora esa relación se ha roto por la deriva independentista de Artur Mas, quien ha visto como se dilapidaba toda la herencia política que le dejó el pujolismo.

Artur Mas fracasó en su primer intento de llegar a la presidencia de la Generalitat y facilitó que llegase una víctima propiciatoria del PSC a Economía

Cuando Mas, nacido para la "Catalunya triomfant" que glosa el himno de 'Els Segadors' se estrelló en su primer intento de alcanzar la presidencia de la Generalitat, el mal fario del cargo empezó a apuntar maneras.

Sin embargo, los socialistas catalanes llegaron con hambre y designaron para ocupar el despacho a Antoni Castells, un economista de Hacienda Pública forjado en años de oposición en el Parlament. Castells tenía la Generalitat y sus cuentas públicas en la cabeza. ¿Qué podía salir mal?

La zona cero

Exactamente salió todo mal. Castells fue la zona cero de la catástrofe en la 'conselleria' de Economía. Aprobó los incrementos de gasto público y cuando no pudo seguir emitiendo deuda lanzó los bonos patrióticos. Era el año 2010. El sueño de un mercado minorista de deuda en manos de los catalanes después de la caída de Lehman Brothers pudo acabar como el rosario de la aurora y si no lo hizo fue gracias al FLA, que cubrió los vencimientos pero enterró la autonomía financiera de la administración catalana hasta hoy.

Si la política de endeudamiento provocó el caos, el plan de fusiones de cajas de ahorro ya fue de traca. Castells avisó que el proyecto de integraciones se llevaría a cabo de manera que "en cada bogada no perdem un llençol". Traducido al castellano, que en cada colada no se perdiese una sábana. Pero no, una sábana no. En las fusiones de cajas, Cataluña perdió hasta la lavadora. Ese mismo 2010, se creó Unnim, un proyecto que acabó siendo inviable y tuvo que ser comprado por el BBVA por un euro dos años después. También se constituyó Catalunya Caixa, entidad cuyos directivos acabaron en los tribunales por sus sobresueldos y que en 2014, también acabó siendo adquirida por el banco de Francisco González. En cuatro años Cataluña perdió buena parte de su poder financiero, pasó de tener diez cajas a solo una y, además, Madrid asumió la regulación de las Fundaciones Bancarias, como era el caso de La Caixa. Fin del partido: 10 a 0.

Llega el casi Nobel

A estas alturas ya empezaba a estar claro que ocupar la 'conselleria' de Economía en la Generalitat era peor que hacer una ruta de senderismo por Chernóbil. Por eso, cuando Artur Mas logró por fin a la presidencia optó por nombrar al economista catalán vivo más prestigioso, Andreu Mas-Colell, esperando que su vitola internacional fuese un aura que de alguna manera le protegiera. En 2010 este reputado profesor proveniente de Harvard y formado en Minnessota alcanzó la 'conselleria'. Había sido el catalán más cercano a ganar el Nobel de Economía. Y Artur Mas lo definió como "el Leo Messi de esta administración".

La preparación académica con la que contaba Mas-Colell le tenía que haber blindado de cualquier desgracia pero su gestión naufragó con ATLL


Toda esa preparación académica sirvió de poco. La maldición era más fuerte. Mas-Colell tuvo que poner en marcha los recortes más grandes de Cataluña, los mismos que ahora le han estallado en la cara a Pere Aragonès, y sumió los servicios públicos catalanes en el caos actual.

Hubiera sido suficiente pero las flechas de Diana siempre llegan por donde menos se esperan: en diciembre 2012 Mas-Colell puso en marcha la privatización más grande de la historia de la Generalitat, 997 millones a cambio de la concesión del agua en alta de ATLL. Dos semanas después ya se supo que la venta había sido un fiasco y ahora Acciona le reclama a la Generalitat más de 1.000 millones fruto de aquel naufragio. Suerte que Artur Mas había bautizado aquel ejecutivo con la etiqueta de "el Govern dels millors".

Cataluña, capital Valencia

Con la llegada de Carles Puigdemont al Palau de la Generalitat en 2016 se cumplió el dicho de que cualquier situación mala siempre es susceptible de empeorar. El nuevo 'conseller' era Oriol Junqueras, doctor en Historia del Pensamiento Económico. Como si llevar la 'conselleria' no fuese ya muy complicado, Junqueras también asumió la organización de la consulta del 1 de octubre. El tsunami no solo acabó con él, sino que los daños se extendieron más allá de su cargo: sus colaboradores más estrechos como Josep María Jové —el autor de la moleskine del 'procés'— y Lluís Salvador terminaron acusados por diversos delitos. Y los presidentes de la ANC y Òmnium, Jordi Sànchez y Jordi Cuixart, promovieron la manifestación que esos días rodeó el edificio, actos por los cuales llevan más de un año en prisión provisional. Diana ya hacía llegar sus dardos maléficos extramuros.

Para colmo, Oriol Junqueras montó el referéndum sin prever que los bancos y entidades financieras tendrían que mover su sede para sobrevivir. El golpe más brutal fue cuando CaixaBank se fue a Valencia. Pero no fue el único. En total, se fueron cinco de las seis empresas catalanas del Ibex, mas de 3.800 compañías, todo el sector asegurador en bloque; miles de cuentas espejo se abrieron fuera de Cataluña. Y lo que fue peor: la Fundación Bancaria La Caixa también actuó en consecuencia y se trasladó a Baleares. El divorcio entre política y economía se hizo oficial. En los siguientes días Junqueras evitó acudir al Parlament a dar explicaciones. Luego, fue encarcelado y en prisión provisional sigue. El vicepresidente catalán, como sus predecesores, nunca asumió ninguna responsabilidad política por el desastre.

Así, una fina línea une a Macià Alavedra con Oriol Junqueras, dos políticos que nada tienen que ver. Como el resto de titulares de la cartera, ambos ocuparon el despacho de la sexta planta. A los dos les fue muy mal y ninguno asumió nunca responsabilidad política alguna. Más abajo, en la planta principal del edificio se acumulan los cuadros con los retratos de todos los 'consellers'. Al contrario que le pasaba a Dorian Gray, los retratos siguen intactos, perfectos, mientras que las carreras de esos mismos 'consellers' intentan sobreponerse a la sucesión de desgracias que al parecer es inherente a asumir la dirección económica de la Generalitat. En el número 19 de Rambla Cataluña, Diana nunca falla.

Economía

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
5 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios