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Rodrik: "Los populistas son los únicos que no mienten sobre el trilema de la globalización"

Dani Rodrik, uno de los economistas más influyentes del mundo, publica nuevo libro en español. En él continúa su particular cruzada contra los excesos de la globalización

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Joaquín Almunia, antiguo comisario europeo de Competencia, afirmó tras la crisis de 2008 que el futuro de Europa pasaba por enseñarle al mundo que no existía conflicto alguno entre globalización y soberanía europea. ¿Tenía razón? El economista Dani Rodrik (Turquía, 1957), siempre ha pensado que no. Es más, asegura que ha sido esta "mentira" la que ha causado el auge de los populistas.

Rodrik, profesor de economía política internacional en Harvard, es uno de los economistas más prestigiosos del mundo. Se ha dedicado a preguntarse durante años si hemos ido demasiado lejos con la globalización (su respuesta es que sí). En su último libro, 'Hablemos claro sobre el comercio mundial, ideas para una globalización inteligente' (Deusto, 2018), Rodrik reúne los grandes temas de su obra. Versan sobre la soberanía nacional, el poder de la industria o las distintas políticas comerciales que debe aplicar cada país según el contexto en el que se encuentre. Su conclusión es que se puede restaurar un equilibrio más sano entre la gobernanza nacional y la global.

Hablemos claro sobre el comercio mundial, ideas para una globalización inteligente, por Dani Rodrik. (Deusto, 2018)
Hablemos claro sobre el comercio mundial, ideas para una globalización inteligente, por Dani Rodrik. (Deusto, 2018)

También revisita su aportación más destacada: el trilema de la globalización. En 'La paradoja de la globalización' (2011), Dani Rodrik dibujó un triángulo cuyos vértices eran la globalización económica, la soberanía nacional y la democracia. ¿El problema? Solo se pueden escoger dos, y los demócratas liberales han tratado de tener las tres al mismo tiempo, provocando el descontento de sus votantes.

Rodrik es un economista que defiende siempre los matices, salvo, quizá, en su crítica a la globalización. Por eso algunos en la academia no están de acuerdo con su tesis: diversos estudios cuestionan cada vez más la idea de que (todos) los populismos sean el resultado de cuestiones materiales. Es decir, ponen en duda que el discurso de perdedores y ganadores de la globalización tenga una base científica sólida. Otros aspectos, como la identidad o el reconocimiento, han vuelto a la escena política. Sin embargo, es difícil saber con exactitud si estos son consecuencia de las irreversibles fuerzas desnacionalizadoras de la globalización o producto de políticas económicas concretas.

PREGUNTA. Escribe que los economistas no han sido honestos, ya que han cambiado sus opiniones en público sobre la globalización aunque siempre hayan sostenido las mismas ideas en privado. ¿Por qué han tenido miedo de criticar algunos aspectos de la globalización?

RESPUESTA. Los economistas prefieren el libre comercio al proteccionismo. Además, tienden a subestimar algunas de las complicaciones de la globalización, como los efectos distributivos o las consecuencias sobre los grupos afectados de forma negativa. Tampoco les gusta hablar sobre los inconvenientes en público porque tienen miedo de ofrecer munición a los proteccionistas, a quienes ven como "bárbaros", que o bien no entienden la defensa del libre mercado o quieren proteger tan solo sus estrechos puntos de vista.

P. Han pasado más de 20 años desde que escribió 'Has globalization gone too far?'. Usted dice que esta nueva oleada populista ya se veía venir. ¿Cómo se puede combatir a los demagogos? ¿Hay que asumir que los Estados-Nación son todavía indispensables y que la globalización política es una quimera? ¿Y qué ocurre con las instituciones internacionales? Se construyeron para evitar conflictos entre los Estados-Nación, pero cada vez son más criticadas.

R. La respuesta a estas preguntas es diferente para la Unión Europea (UE) que para el resto. Para la economía mundial en general, necesitamos moderar nuestras ambiciones sobre lo que las instituciones internacionales pueden lograr y cómo deben restringir las elecciones nacionales. Hay algunas áreas donde la gobernanza global es indispensable, como en el combate contra el cambio climático, las precauciones ante las pandemias o el control de la venta de armas. Pero en la gestión económica del día a día, el peso de la responsabilidad está y debe permanecer en las manos nacionales. Si los Estados-Nación hacen su trabajo, acabaremos con una economía mundial razonablemente abierta de cualquier forma. A ningún país le interesa la autarquía.

Activistas antiglobalización en 2015. (Reuters)
Activistas antiglobalización en 2015. (Reuters)

P. ¿Y en la Unión Europea?

R. Podría querer ser más ambiciosa. Una posibilidad es que la UE refuerce la integración política y fiscal hasta un punto donde cada región se convierta en una cuasi-federación. Este era el sueño que tuvieron los padres fundadores de la Unión Europea. Sin embargo, este sueño se ha dado de bruces contra la mala gestión de la crisis del euro. A día de hoy, la política está empujando por más descentralización en vez de por más integración. Será difícil mantener la unión económica sin acercarse a la unión política.

P. Usted suele decir que la globalización es reversible. Iba a replicarle que muchos autores piensan que eso no es más que 'wishful thinking', pero después me viene a la mente el Brexit, que sugiere que es posible salir de una coalición que se suponía permanente. ¿El mundo va a seguir desintegrándose por las decisiones políticas?

R. Claro que puede pasar. Podemos tener más desglobalización. También podemos ver la disolución de la Unión Europea. El Brexit es el ejemplo perfecto. Tenemos que entender que la globalización no cae en nuestro regazo del cielo. Se ha construido y formado por nuestras propias decisiones. Sin embargo, no espero que en los próximos años veamos una gran desglobalización. Quizá veamos algunos ajustes, pero nada como el colapso de la economía mundial de los años de entreguerras del siglo XX. Los ganadores de la globalización —grandes empresas, bancos, trabajadores cualificados— son muy poderosos para que tenga lugar un retroceso significante.

P. Pero entonces, ¿hay alguna forma de encontrar una "buena forma de revertir la globalización"? ¿Y tiene la izquierda todavía algo que decir? Es curioso cómo el movimiento antiglobalización ha pasado de ser de izquierdas a de derechas.

R. Totalmente de acuerdo. Me sorprende ver cómo la izquierda ha sido incapaz de preparar una estrategia más exitosa para capitalizar las desigualdades y ansiedades generadas por la globalización. Parte de la explicación viene porque los partidos de centro izquierda —los demócratas en Estados Unidos, los laboristas en el Reino Unido, los socialdemócratas en Alemania o los socialistas en Francia— han sido capturados intelectualmente por la agenda de la hiperglobalización de las últimas tres décadas. El centro izquierda se encontraba en una situación penosa para responder. Creo que se necesitará un cambio regeneracional para que los nuevos líderes emerjan.

Los partidos de centro izquierda han sido capturados intelectualmente por la agenda de la hiperglobalización de las últimas tres décadas

P. ¿Son Donald Trump, el Brexit y las democracias iliberales el resultado de las frustraciones de su trilema de la globalización?

R. Son el resultado de la falta de honestidad de políticos centristas que no se han enfrentado a las implicaciones del trilema. Les dijeron a sus votantes que podrían perseguir la hiperglobalización sin abandonar la soberanía o la rendición de cuentas democrática. En definitiva, les contaron a sus votantes que podrían comerse su pastel sin dejar de tenerlo. Como dijo una vez un antiguo ministro de economía de la eurozona, los populistas de hoy son los únicos que están contando la verdad sobre el trilema. Ellos son totalmente explícitos sobre lo que están dispuestos a abandonar: la hiperglobalización. Desafortunadamente, mezclan esta idea con una agenda política y económica nativista que no aborda los problemas fundamentales de sus votantes. Ahí es donde la izquierda debe involucrarse y rellenar ese vacío.

P. Usted ha escrito, en la línea de otros comentaristas, que Donald Trump no es una causa, sino un síntoma. ¿Qué piensa de sus políticas económicas? ¿Estamos ya en una guerra comercial o al final se va a quedar en nada?

Trump es el ejemplo perfecto de un político que ha capitalizado los problemas económicos que creamos desde los años 90, pero que acabará dejando las cosas peor. Sus políticas comerciales están creando ganadores, pero también muchos perdedores. No creo que Trump logre aumentar el número de trabajos en Estados Unidos. Lo que sí pienso con convicción es que Trump, en algún momento, dará un paso atrás al borde del precipicio de una guerra comercial. Pero ha disminuido de forma notable la posición de Estados Unidos en el mundo y agravado los problemas económicos domésticos. Se pagará un gran coste cuando el 'boom' artificial de su bajada de impuestos (junto con la recuperación natural) pase.

P. Se muestra muy crítico con las elites europeas porque siguen tratando de hacer funcionar el trilema y remarca el hecho de que empezaron una unión monetaria sin una unión política y fiscal. ¿Cuál es el futuro de Europa? Jean Monnet, padre fundador de la UE, dijo: "Europa se forjará en las crisis, y Europa será la suma de todas las soluciones que se adopten en esas crisis". Después de cada crisis es cierto que ha habido un proceso de integración. ¿Esta vez está equivocado?

R. Espero que se demuestre que Monnet tenía razón. Pero perseguir este tipo de estrategia es cada vez más difícil. La Unión Europea siempre ha sido un proyecto conducido por sus élites, donde esas mismas élites iban uno o dos pasos por delante de la población. Las cosas siempre han funcionado porque al final los tecnócratas podían hacer su trabajo sin mucho escrutinio por la sociedad en general. Este ya no es el caso. El proceso de integración de la Unión Europea se ha politizado demasiado como para que la antigua estrategia funcione. Espero equivocarme.

Las cosas han cambiado. El proceso de integración de la Unión Europea se ha politizado demasiado como para que la antigua estrategia funcione

P. Todos los problemas de Europa siempre parecen de "soberanía". Es decir, Bruselas es la excusa para culpar a alguien, incluso aunque no sea la culpa de "Bruselas". Y esto no solo lo hacen políticos de extrema derecha, sino también políticos 'mainstream'. ¿No cree que muchas veces los políticos usan la globalización o las instituciones internacionales como una coartada de sus acciones?

R. Los mercados no son los responsables de lo que ocurre. Al final, todo tiene que ver con las decisiones que toman políticos, líderes de grandes empresas… Es decir, personas a nivel individual. Sí, es verdad. Los políticos muchas veces se han escondido en los "mercados o reglas internacionales" para escapar de su propia responsabilidad. Este es otro de los motivos que ha provocado que la legitimidad de la globalización se erosione.

Manifestación nacionalista en Polonia hace a principios de noviembre de 2018. (Reuters)
Manifestación nacionalista en Polonia hace a principios de noviembre de 2018. (Reuters)

P. En su libro dice que la extrema derecha europea no se ha alimentado solo de la inmigración, sino también de la crisis del euro. Algunos comentaristas políticos critican que si asumes parte de las quejas de la extrema derecha sobre la soberanía nacional, la gente votará al original. ¿Cómo se puede diferenciar (y crear) distintas políticas para controlar la globalización sin empoderar a los demagogos?

R. Debemos empezar afirmando que la globalización debe servir a los objetivos de los países y las sociedades, en vez de a la inversa. Eso significa que hay que crear reglas para la globalización basadas en la idea de que las diferentes naciones deben perseguir sus propias prioridades económicas y sociales. Hay que forjar un espacio político más grande para las regulaciones nacionales, normas de inversión, prácticas de propiedad intelectual, políticas industriales, políticas de los mercados financieros o los subsidios. Las reglas globales deben centrarse sobre todo en controlar o evitar los efectos negativos de las políticas de un país al resto del mundo. Debería haber menos armonizaciones o homogeneizaciones de políticas y regulaciones. (De nuevo, la Unión Europea puede ser una excepción mientras esté dispuesta a continuar por el camino de la integración política y fiscal).

Cuando la globalización genera conflictos, hay que dar prioridad al interés nacional

P. Macron y otros políticos están preparando las elecciones europeas de 2019 como una disputa binaria entre liberales/globalistas y los nacionalistas. Escribe en el libro que esconderse en el cosmopolitismo para ganar batallas políticas es una mala idea. ¿Por qué?

Ningún político es elegido para servir a los intereses nacionales de otro país. Siempre es para el interés nacional. Y es así como debe ser. La defensa clásica de la economía por un comercio más libre se centra en que sea beneficioso para el país de origen. Un país no tiene una determinada política comercial para beneficiar a otros países. Por lo tanto, no existe una incompatibilidad inherente entre la apertura económica y perseguir el interés nacional. Los conflictos emergen cuando los mercados no funcionan bien, las políticas sociales son débiles y los acuerdos comerciales son capturados por intereses especiales. En esos casos, es totalmente adecuado dar prioridad al interés nacional. Piensa, además, que el interés nacional no tiene por qué ser siempre egoísta. Los miembros de una sociedad tendrán hasta cierto punto un sentimiento de compañerismo con los miembros de otra sociedad. Por lo tanto, "un interés nacional tolerante" siempre es posible.

R. ¿Y qué piensa del modelo de China? Algunos analistas apuntaban que la globalización conduciría a China al camino democrático. Sin embargo, no ha sido el caso. Incluso algunos políticos se pueden ver tentados a seguir su modelo: globalización con un sistema político autoritario. De nuevo, nos encontramos en su trilema.

R. China lo ha hecho extremadamente bien con una heterodoxa combinación entre las fuerzas de mercado y el dirigismo estatal. Han reformado la gestión de su economía, pero siempre a su ritmo. Creo que el resto del mundo no tiene mucho que enseñar a los chinos sobre cómo deben gestionar su economía. Y tampoco hay razones por las cuales los líderes chinos deberían escuchar esos "consejos". Sin embargo, lo que me preocupa de China es el endurecimiento de su régimen político en estos últimos años. Y eso no son buenas noticias para su economía ni, sobre todo, para los propios chinos.

P. Encuentro interesantes las diferencias que expone entre el diálogo de un economista con un estudiante al diálogo de un economista con un periodista. ¿Piensa que es posible que los economistas expliquen las complejidades del mundo sin simplificarlo con modelos que lo perviertan?

R. No veo que deba ser imposible. Los economistas tienen una gran responsabilidad. Tienen que explicar que la economía no es una ciencia que dé respuestas inequívocas o recomendaciones sobre políticas muy bien definidas. Tenemos que enseñar a nuestros estudiantes que la mayoría del tiempo la mejor respuesta que podemos dar a una pregunta sobre una política económica es "depende", seguida de una larga explicación sobre de qué depende.

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