Buscan relajar la guerra comercial

La desaceleración de España se juega en una cena entre Trump y Xi Jinping en el G-20

Los dos líderes han abocado al mundo a una guerra comercial en la que los países con superávit por cuenta corriente son los perdedores. El sábado intentarán aliviar las tensiones

Foto: Los presidentes de EEUU, Donald Trump, y China, Xi Jinping, en el G-20 de 2017. (Reuters)
Los presidentes de EEUU, Donald Trump, y China, Xi Jinping, en el G-20 de 2017. (Reuters)

"Si optamos por el proteccionismo será como encerrarse en una sala a oscuras, sin luz ni aire, nadie saldrá como vencedor de una guerra comercial". Esta frase, pronunciada por el presidente de China, Xi Jinping, en el Foro Económico de Davos hace dos años marcó el inicio de una guerra comercial que sigue lejos de resolverse. En ese momento, Xi Jinping se presentó como el nuevo defensor del libre comercio ante la beligerancia del recién elegido presidente de EEUU, Donald Trump. Sin embargo, su estrategia ha sido justo la contraria y ha entrado en una carrera arancelaria que busca ahogar económicamente a su rival.

Los daños colaterales de esta guerra ya se sienten en todo el mundo. En España se han escrito centenares de noticias advirtiendo de la desaceleración económica, aunque pocos han dado con la causa del problema: el frenazo del comercio mundial. Un simple vistazo a las previsiones de crecimiento globales permite identificar que son los países con mayor peso del sector exportador quienes están sufriendo la desaceleración más intensa. Y España es uno de ellos.

La cumbre del G-20 en Buenos Aires es el foro global que han elegido los líderes de las dos grandes potencias para determinar el futuro económico del mundo, al menos para los próximos años. El mundo contiene la respiración arrojado en brazos de dos de los mandatarios más polémicos del momento. Trump y Xi Jinping se han citado para cenar en la noche del sábado. Esas dos o tres horas tendrán más importancia estratégica para la economía global que el resto de la cumbre.

La prensa estadounidense ha publicado que la intención de Trump es ofrecer la supresión de algunos aranceles a cambio de conseguir mejoras en el acceso de los productos y las empresas estadounidenses al mercado chino. Sería el primer avance para relajar la tensión entre los dos países. En las últimas semanas, el FMI y la OCDE han alertado de los grandes riesgos a los que se enfrenta el mundo si la guerra se recrudece.

Ningún país saldrá como vencedor de una guerra comercial global

"Los aranceles ya aplicados por los Estados Unidos y China este año frenarán el crecimiento y aumentarán la inflación", explicaba la OCDE en su último informe de perspectivas económicas. "Para 2020-21, la producción de los Estados Unidos y China podría ser de entre un 0,2% y un 0,3% inferior a la que habrían conseguido sin estos aranceles" lo que tendría un impacto global, ya que "el comercio mundial podría reducirse en al 0,4%, y el nivel de los volúmenes de importación en los Estados Unidos y China disminuirían cerca del 0,75%". Es cierto que se trata de unas pocas décimas, pero para el tamaño de EEUU y China significa perder 90.000 millones de euros de producción.

[Desaceleración de España, ¿y ahora qué?]

No solo los aranceles afectan al comercio mundial. Los países desarrollados tienen toda una batería de normativas de salud, protección al medioambiente, derechos laborales, etc. que dificultan y encarecen las exportaciones a estas regiones. "Estos costes pueden hacer referencia a diferentes requisitos de productos y producción, evaluaciones de conformidad y requisitos de certificación o de información para entrar en un nuevo mercado", explica la OCDE, lo que tiene un impacto sobre los precios de las importaciones superior al de los aranceles. Así lo pone de evidencia este gráfico elaborado por el organismo.

Si las políticas proteccionistas aumentan tras la cena de los dos líderes, "prácticamente se duplicaría el impacto en el PIB de los Estados Unidos y China para 2020 y 2021, con una disminución del comercio mundial cercana al 0.6%", señala la OCDE. Este baile de cifras aparentemente parece limitado, pero basta con comprender que lo que ha ocurrido en los últimos meses tiene la culpa de la desaceleración de la economía española para entender la magnitud de estos números.

Como explicamos en este artículo, la desaceleración de la economía española se debe exclusivamente a la aportación negativa de la demanda externa, ya que la demanda interna muestra mayor fortaleza de la esperada. Esta ralentización de la economía tiene efectos reales sobre la vida de los ciudadanos, por ejemplo, en la creación de empleo. En 2017 España creó más de 610.000 puestos de trabajo (medidos en afiliación a la Seguridad Social), ritmo que ha caído hasta el entorno de los 550.000 afiliados. Y es solo un ejemplo de los resultados reales de la guerra comercial.

España, uno de los perdedores

En las tres últimas décadas España ha realizado un importante esfuerzo exportador para corregir sus desequilibrios externos. El esfuerzo ha servido para situar a España en el vagón de cabeza de los países con mayor peso de las exportaciones en el PIB. Esta fortaleza de la economía (ya que genera capacidad de financiación con el resto del mundo), se convierte en una debilidad cuando el comercio mundial flaquea.

Los datos de la OCDE lo muestran claramente: hace seis meses, el organismo esperaba que la demanda externa aportara más de 2 décimas al PIB español y ahora estima que restará cinco décimas. Una diferencia de casi 8 décimas que en términos absolutos supone casi 10.000 millones de euros. El buen ritmo de la demanda interna ha sido insuficiente para contrarrestar la caída de la demanda externa, lo que ha provocado la desaceleración que vive el país.

Esta situación es homogénea en todos los países con un sector exportador potente. Alemania es el ejemplo paradigmático. Su PIB se contrajo en el tercer trimestre del año un 0,2% como consecuencia de la caída de las exportaciones. Fue su primera contracción desde 2015 y la mayor desde 2013, cuando Europa todavía salía de la crisis.

En el caso de Alemania, la OCDE estimaba hace seis meses que la demanda externa aportaría un 0,4% a su PIB y ahora cree que restará un 0,2% y para 2019 estima que detraerá un 0,4% al crecimiento. Este cambio es el que explica por qué los países más volcados a su sector exterior están viviendo las desaceleraciones más severas. "El aumento de las tensiones comerciales y la incertidumbre sobre las políticas comerciales siguen siendo una fuente importante de riesgo a la baja para la inversión, el empleo y los niveles de vida mundiales", señala la OCDE.

Los efectos colaterales

Los efectos colaterales de la guerra comercial son tan profundos como los directos, pero tienen mayor repercusión en el tiempo, ya que afectan al crecimiento potencial de la economía. Sus resultados serán proporcionales al tiempo que duren las hostilidades. Se trata, principalmente, de la caída de la confianza empresarial. La incertidumbre sobre las políticas comerciales, la disponibilidad de bienes y la evolución de la inflación provocan que los sectores productivos retrasen sus proyectos de inversión, lo que afecta al PIB potencial.

"En la zona de la OCDE, se prevé que el crecimiento de la inversión empresarial se reduzca hasta algo más del 3% anual en el período 2019-20, desde niveles superiores al 4% registrados durante 2017-18", advierte el organismo. "Una intensificación de las tensiones comerciales podrían mermar la confianza de los mercados financieros y empresariales y desacelerar la inversión", explica el FMI.

La economía mundial está muy integrada gracias a las cadenas de producción globales. Esto provoca que las trabas al comercio se extiendan rápidamente de una región a otra, ampliando los efectos negativos sobre la inversión.

Además, la literatura económica ha demostrado que las trabas al comercio afectan especialmente a las rentas bajas, lo que hace muy poco por mejorar la desigualdad en el mundo. El proteccionismo genera presiones inflacionistas, ya sea porque se genera escasez de recursos o porque los productos importados se encarezcan como consecuencia de los aranceles. En cualquier caso, la subida de precios afecta a las rentas bajas.

Esta suma de riesgos macroeconómicos "podría crear las condiciones para un aterrizaje forzoso en la economía global"

Esta suma de riesgos macroeconómicos "podría crear las condiciones para un aterrizaje forzoso en la economía global", advierte Laurence Boone, economista jefe de la OCDE. Por si fuera poco, las economías desarrolladas se encuentran en una fase avanzada del ciclo económico expansivo y apenas tienen instrumentos de política fiscal y monetaria para enfrentar una futura crisis. Los tipos de interés están en mínimos, los balances de los bancos centrales en máximos y la deuda pública en niveles de riesgo. Esto provoca que el margen para que los líderes políticos puedan equivocarse es muy reducido y cualquier chispa puede provocar una explosión en cadena de la economía global.

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