GONZÁLEZ-RUIZ, NUEVO SECRETARIO GENERAL

Garamendi ha sido elegido presidente de CEOE y liquida el poder Madrid-Barcelona

El vasco Antonio Garamendi ha sido proclamado hoy presidente de CEOE. Se liquida así el poder de Madrid y Barcelona, que ha dirigido la patronal desde hace 40 años

Foto: Los presidente de CEOE y Cepyme, Juan Rosell (i) y Antonio Garamendi. (EFE)
Los presidente de CEOE y Cepyme, Juan Rosell (i) y Antonio Garamendi. (EFE)

Hubo un tiempo en que la presidencia de la patronal CEOE era cosa de dos: o la presidía un catalán o lo hacía un madrileño. Ese reparto territorial del poder es el que se ha roto con la llegada del vasco Antonio Garamendi (Getxo, Vizcaya, 1958), que ha sido proclamado por aclamación -sin votación-, quinto presidente de los empresarios.

No es un asunto baladí. La alternancia entre catalanes —Ferrer Salat y Juan Rosell— y madrileños —José María Cuevas y Gerardo Díaz Ferrán— iba mucho más allá que un simple cambio de cromos. Era la representación real de la España política y empresarial. De hecho, esa correlación de fuerzas, una especie de eje Madrid-Barcelona, explica, por ejemplo, que un buen número de ministros de industria —Majó, Birulés, Piqué, Clos, Montilla tuvieran origen catalán. Por alguna razón, siempre se ha entendido que Cataluña (el 18% del PIB) debía ser con Madrid (otro 18%) una especie de 'primus inter pares'.

Felipe González, a principios de los años noventa, exploró el camino de dos vascos para el Ministerio de Industria —Aranzadi y Eguiagaray—, pero en ese tiempo el peso del PNV a efectos parlamentarios era irrelevante, de ahí que, desde entonces, la influencia de los vascos en la estructura institucional —y la CEOE forma parte de la arquitectura del Estado— haya sido menor, salvo los apoyos puntuales para aprobar los Presupuestos. Es más, el propio Garamendi, pese a ser vasco, no representa para nada a Confebask, la gran patronal de Euskadi, con raíces muy profundas en el nacionalismo vasco.

Garamendi, por el contrario, hizo de puente a finales de los noventa (como enviado de Cuevas) entre los empresarios y los partidos constitucionalistas para dar una salida a la crisis vasca en pleno azote del terrorismo. Sin duda, porque Cuevas —con buenas relaciones con Jaime Mayor Oreja y Redondo Terreros— confiaba más en su joven pupilo que en los empresarios vascos para impulsar a los partidos constitucionalistas: PP y PSE.

La cuestión catalana, de hecho, tiene mucho que ver con el nombramiento de Garamendi, que ya hace cuatro años, en pleno 'procés', perdió la presidencia de CEOE por un puñado de votos, sin duda aupado por muchos dirigentes empresariales que siempre han acusado a Rosell de bailarle el agua a los independentistas catalanes.

La llegada de Garamendi liquida ese estado de cosas. Entre otras cosas, porque el nuevo presidente de CEOE se apoyará, fundamentalmente, en las patronales de Andalucía y Madrid, cuya 'simpatía' por lo que sucede en Cataluña es algo más que evidente.

Un componedor

Eso no quiere decir, sin embargo, que se pueda producir un aislamiento de Fomento del Trabajo, la patronal catalana, en la toma de decisiones de la CEOE. Básicamente, porque no hay mejor componedor que Josep Sánchez Llibre, su nuevo presidente, que nunca se ha sabido si era un político (de la antigua Unió de Duran i Lleida) que representaba al 'lobby' empresarial o un empresario (Conservas Dani) metido circunstancialmente en política.

Garamendi, como no puede ser de otra manera, también es muy político, pero tiene una ventaja: es empresario con cuenta de resultados, no un alto funcionario de la patronal, como algunos esgrimían cuando querían atacar a Cuevas.

Su mundo más cercano —y allí vive, navega y escucha los últimos CD de uno de sus hijos, Garamendi, que es músico profesional— es el de los barrios de Getxo, donde vivía históricamente la alta burguesía vasca (Neguri, Las Arenas…), aunque nadie diría que es un pata negra del nacionalismo vasco emparentado con el PNV. De hecho, su pasión por el nacionalismo es manifiestamente mejorable. Y lo que no es menos relevante, sus empresas (muy diversificadas en metal, hostelería, correduría de seguros o construcción) son rentables, justo lo contrario de lo que le pasó a Díaz Ferrán.

Tiene otra ventaja: ha recorrido todos los niveles en la pirámide de CEOE y de Cepyme, la patronal de pequeñas y medianas empresas, lo que le ha permitido conocer muy bien la organización por dentro. Algo fundamental, teniendo en cuenta que en la patronal —muchas veces malamente— conviven dos almas.

La primera la representan quieren suspiran por volver a los tiempos de José María Cuevas, cuando CEOE era una confederación muy horizontal y de enorme capilaridad que buscaba representar a todos los empresarios (más de 3.000 organizaciones) para negociar con el Gobierno de turno y con los sindicatos, lo que dio lugar a una histórica política de concertación que ha llevado a que algunos, de forma malintencionada, hablaran de CEOE como del tercer sindicato.

El otro alma tiene que ver con la conversión de CEOE en un simple 'lobby' destinado a arrancar favores y concesiones a los poderes públicos, algo que algunos sectores han achacado tanto a Díaz Ferrán como a Rosell.

Profesionalizar la CEOE

Garamendi, por el momento, tiene una cosa clara. Su intención es profesionalizar las estructuras directiva de CEOE, un camino que ya inició Rosell, dotando al aparato de Diego de León de recursos de los que hoy carece. El propio Garamendi se impuso en su día un sueldo de 120.000 euros al año en Cepyme para dejar claro que la patronal necesitaba mayor profesionalización, lo cual provocó muchas reticencias en algunas organizaciones empresariales que siempre han visto los órganos de dirección de la patronal como meramente representativos.

Y es que Garamendi tiene claro que o la CEOE se reinventa con nuevos recursos, para lo cual es clave la figura de su futuro secretario general, que con seguridad será el actual secretario general de Cepyme, José Alberto González-Ruiz, o desaparece en la práctica.

Como sostiene un veterano dirigente empresarial, se trata de recuperar el prestigio perdido y evitar lo que pasó hace unos días, cuando dos empresarios, Simón Pedro Barceló y José Manuel Entrecanales (que además pertenecen a la CEOE), criticaron con dureza a la patronal en el congreso del Instituto de Empresa Familiar sin que nadie saliera a defenderla, algo impensable en tiempos de Cuevas.

Hoy, la plantilla de la patronal (apenas 90 personas) se ha jibarizado tanto, como sostiene alguien que conoce muy bien la organización por dentro, que corre el riesgo de ser inoperante. Lejos quedan los tiempos en los que Garamendi, con recursos de la propia patronal, presidió el Grupo Negocios —'La Gaceta', 'Dinero'…— para sanearlo, objetivo que logró un par de años después. Y más lejos todavía los tiempos en que la patronal (y los sindicatos) marcaba la agenda del Gobierno de turno. Hoy, sobrevive.

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