el boicot al diésel y el wltp hunden las ventas

Otoño negro para el diésel: se venden menos vehículos ahora que en lo peor de la crisis

Septiembre fue el mes con menos ventas de vehículos propulsados por gasóleo desde que se inició la dieselización a mediados de los noventa. Octubre registró la cuota más baja desde 1995

Foto: Foto de detalle de un vehículo repostando gasóleo. (EFE)
Foto de detalle de un vehículo repostando gasóleo. (EFE)

El otoño está rematando al vehículo diésel en España. Septiembre ha cerrado con el peor dato en décadas. Concretamente, se han vendido 25.392 coches propulsados por gasóleo, según datos de Anfac, con lo que se trata del peor mes desde los años noventa, cuando se generalizó la venta de coches diésel en España.

Esta cifra es aún más baja que la registrada en lo más duro de la crisis, cuando las ventas de vehículos cayeron a mínimos. Tal y como se desprende de los datos registrados por el sector, septiembre de 2018 ha superado a septiembre de 2012, mes en que se vendieron 25.566 automóviles diésel. En esos años, las ventas de coches estaban hundidas, algo que no sucede en la actualidad.

No en vano, las ventas repuntaron mínimamente a cierre de octubre. Se vendieron alrededor de 30.000 vehículos de gasoil. Sin embargo, la cuota de diésel con respecto a la de vehículos de gasolina es la más baja desde 1995. Se hundió hasta el 32,8% y profundiza en la crisis que están viviendo esta clase de vehículos.

Fuentes expertas explican que se han unido dos factores para darse este hundimiento sin precedentes. Por un lado, la estigmatización de los motores diésel. Los continuos mensajes desde el ámbito político han provocado que los consumidores opten por otro tipo de modelos. Esta situación se ha ido intensificando a lo largo del año, máxime cuando autoridades municipales y el Gobierno de España están incrementando las trabas a estos automóviles.

A las medidas que prevé Madrid para imposibilitar la entrada en la ciudad de vehículos diésel se suman los mensajes del Ejecutivo, que pretende aumentar la fiscalidad de este carburante, la principal ventaja competitiva con la que contaba respecto a sus homólogos de gasolina.

Un operario, en la cadena de producción de la planta de Ford en Almussafes.
Un operario, en la cadena de producción de la planta de Ford en Almussafes.

Por otro lado, septiembre y octubre han sido dos meses de caídas generalizadas en el mercado del automóvil en España, porque agosto fue el último mes en el que se vendían vehículos homologados con el protocolo NEDC, mucho más liviano que el actual WLTP, que entró a partir de septiembre. Con este escenario, las marcas, los concesionarios y el resto de agentes comerciales lanzaron agresivas campañas durante el verano para aprovechar la mayor laxitud en el control de emisiones que estaba a punto de finalizar.

El desplome de vehículos propulsados con gasóleo está teniendo efectos para las plantas de producción en España, una industria que mueve alrededor del 10% del PIB nacional y genera miles de puestos de trabajo. Los profundos cambios en las líneas de producción están estrangulando la cadena industrial. Factorías como Seat en Barcelona, Volkswagen en Navarra, PSA en Vigo o Ford en Valencia han reconocido problemas de adaptación en sus plantas por el traumático hundimiento del diésel.

Renault decidió retrasar las vacaciones de su plantilla en verano para producir más antes de la llegada de los nuevos protocolos de emisiones.

Seat en Barcelona, VW en Navarra, PSA en Vigo o Ford en Valencia han reconocido problemas de adaptación en sus plantas por el bajón del diésel

La cuestión no solo afecta a los fabricantes sino también a los proveedores, que están sufriendo en sus carnes el desplome de vehículos de gasoil.

Todo ello mientras las patronales del sector advierten de que sustituir nuevos vehículos de diésel por los de gasolina (las ventas de vehículos alternativos aún crecen con mucha timidez) no solucionará el problema de contaminación sino que, al contrario, puede empeorarlo. Según explican, los vehículos diésel nuevos emiten menos CO2 que los de gasolina, algo que ya se puede constatar con el repunte de recaudación en el impuesto de matriculaciones, que se paga en función de las emisiones. Caso diferente son las partículas emitidas, aunque también en este aspecto advierten de que las diferencias entre diésel y gasoil se han reducido sustancialmente.

Pero pese a cualquier consideración, sigue pesando más en el subconsciente del consumidor y de la clase política el escándalo del 'dieselgate', por el que aún Volkswagen y otras marcas siguen pagando sanciones más de tres años después, que cualquier otra consideración.

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