sostenibilidad y suficiencia

España superará a Japón en longevidad: ¿qué podemos aprender de sus pensiones?

El país europeo está a punto de superar al asiático en cuanto a esperanza de vida y, al igual que los japoneses, se enfrenta a una serie de disyuntivas acerca de su sistema de pensiones

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Tan lejos y a la vez tan cerca. España y Japón son naciones muy distintas en una amplia variedad de aspectos y, sin embargo, tenemos un gran problema en común: mucha vida por delante.

Una población sana y longeva es, por sí sola, motivo de alegría, pero la tercera edad requiere de fondos para subsistir de forma digna. Ambas naciones sufren una pirámide generacional invertida que enfrentan de forma parecida, pero también con diferencias de las que aprender.

España superará a Japón como el país con mayor esperanza de vida en 2040. Así lo concluye un estudio del Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME). La diferencia es mínima: en los próximos 22 años, España alcanzará una esperanza media de vida de 85,8 años, mientras que en Japón esta será de 85,7 años. Con todo, supone una escalada significativa respecto a los niveles de 2018, donde el país nipón ocupa el trono en los 82,9 años y España todavía está en el cuarto lugar con una esperanza de vida de 82,9 años.

Vivir más es una buena noticia… siempre que haya dinero. Ambos países tienen por delante un serio problema de envejecimiento generacional, con un desequilibrio entre el número de población que se acerca a la jubilación y la cantidad de nuevos nacimientos y personas jóvenes que puedan sostener esas pensiones.

"Ante el descenso de la natalidad y el envejecimiento poblacional, en España habría siempre más defunciones que nacimientos (crecimiento o saldo vegetativo negativo) durante los 15 próximos años", especifica el Instituto Nacional de Estadística en sus últimas Proyecciones de Población de 2018-2033.

Para 2033, explica el informe, habrá un 17% menos de natalidad y un 18,8% menos de población entre 30 y 49 años, mientras que la población de más de 64 años aumentará un 38,1% respecto a la actualidad.

Japón está en las mismas, aunque, según las estimaciones estatales, con unas cifras algo más moderadas. El Instituto de Estadística del ministerio de Asuntos Interiores, de hecho, tiene estimaciones hasta 2045, pero si se selecciona 2033 a modo de comparación con España, el país asiático sufrirá un descenso del 7,6% de la población de menos de 14 años y un recorte del 11% del grupo de entre 15 y 64. Mientras tanto, el colectivo de más de 65 años crecerá un 5,9%.

Con todo, Japón lleva décadas enfrentándose al problema del envejecimiento de su población —sufriendo serios desajustes en su economía, como un exceso del ahorro y una caída del consumo—. En España, sin embargo, estamos lejos de esa situación, ya que, de hecho, las familias gastan por encima de sus posibilidades ante la mayor confianza y optimismo de la población.

Una de las razones por la que el revés de las pirámides de población supone un contratiempo en la jubilación es porque tanto España como Japón tienen un sistema de reparto: es decir, las cotizaciones de los trabajadores que actualmente trabajan se destinan a financiar las pensiones de ese mismo momento.

El extremo contrario a este esquema es el sistema de capitalización, implantado sobretodo en Latinoamérica o Europa del Este, donde cada individuo cotiza para sí mismo, por lo que las aportaciones de cada trabajador tienen una relación directa con su pensión futura, así como con la evolución financiera y temporal de las mismas. Aquí, por tanto, no existe esa solidaridad intergeneracional del sistema de reparto y, además, las aportaciones son por lo general voluntarias, sujetas a gestoras de índole privada.

En medio de estos dos extremos hay una serie de matices y combinaciones que se presentan también como posibilidades. Por ejemplo, a finales del siglo pasado, Suecia puso en marcha una reforma para pasar de un sistema de prestación definida puro a otro que incorpora tanto elementos de reparto (eso sí, en un modelo de cuentas nocionales) como de capitalización (a través de un régimen público de gestión privada de una parte de la retribución), entre otros cambios.

El equilibrio entre sostenibilidad y suficiencia

España y Japón, con todo, tienen pendiente revisar sus propias estructuras. Esta semana, por ejemplo, el Melbourne Mercer Global Pension Index publicó un informe que sitúa a ambos países a la cola del mundo en esta cuestión. Con una puntuación de 54,4 y 48,2 cada uno, España y Japón se sitúan varios puestos por debajo de la media (60,5) en cuanto a la calidad de sus pensiones.

Según el estudio, mientras que en Japón el principal problema es la suficiencia de sus pensiones, en España la clave está en la poca sostenibilidad de su régimen. Según explica el informe, mientras que Japón sí cuenta con una serie de planes de pensiones suplementarios de índole voluntaria, en el país europeo, "los sistemas de pensiones personales y ocupacionales voluntarias existen, pero su cobertura es baja en comparación con la pensión pública".

Y es que España tiene una de las pensiones públicas más generosas del mundo. Según el informe de la OCDE sobre pensiones de 2017, mientras que en el país ibérico las pensiones públicas tienen un índice neto de sustitución de entre el 79,3% y el 81,7% (según la renta del individuo), en Japón este índice se encuentra entre el 35,3% y 52,6%.

Con todo, en el futuro podría ser difícil sostener semejante nivel de pensiones públicas si la población continúa envejeciendo al actual ritmo. De hecho, el propio secretario de Estado, Octavio Granado, admitió el pasado mes, en pleno cierre del Pacto de Toledo, que el actual modelo de pensiones tiene futuro apenas hasta los próximos diez años, cuando se empiecen a jubilar los 'baby boomers'.

Miguel Ángel Menéndez, director del área de Previsión social de Mercer y responsable del estudio en España, explica que "el punto de partida natural para tener un sistema de pensiones de primera clase mundial es asegurar un correcto equilibrio entre suficiencia y sostenibilidad. Es un desafío con el que están luchando los organismos reguladores".

Japón, que también es un país viejo, se enfrenta a disyuntivas similares de sostenibilidad pero, además, tiene un agregado muy particular en la rentabilidad de su sistema: su dependencia del bono. De hecho, esta es una de las cuestiones que toca el informe de Mercer, que recomienda a Japón reducir "la ratio de deuda soberana respecto al PIB".

Y es que comprar deuda de tu propio país es apostar sobre seguro, pero también es perderse rentabilidad a largo plazo. El fondo soberano de pensiones parece haberse dado cuenta: en los últimos diez años, su exposición a la deuda pública de la nación nipona ha pasado del 67% hasta el 35% de la inversión, encontrando un mayor equilibrio entre la renta fija y la renta variable, entre los activos extranjeros y los nacionales.

A parte de las particularidades de cada sistema, el informe de Mercer pone recomendaciones en común para los países con nota más baja: por un lado, elevar los niveles de ahorro para asegurar que menos personas dependan exclusivamente del Gobierno en su jubilación, además de aumentar la cobertura de planes de pensiones privados entre la fuerza de trabajo.

El punto de partida natural para tener un sistema de pensiones de primera clase mundial es asegurar un correcto equilibrio entre suficiencia y sostenibilidad

Por otro, la institución recomienda reducir el acceso a los beneficios antes de la edad de jubilación para asegurarse de que los fondos son salvaguardados hasta la edad prevista y aumentar gradualmente la edad de jubilación según la esperanza de vida vaya creciendo.

De hecho, sobre este último punto, Japón lleva la delantera: en el país ya se está debatiendo aumentar la edad de jubilación hasta los 70 años. En la actualidad, la población japonesa puede acceder a su pensión a partir de los 60 años, con una mayor retribución para aquellos que esperan hasta los 65 años.

Sin embargo, una de las consideraciones del gobierno actual para su mandato es subir el umbral a partir del cual se puede acceder a la jubilación hasta la séptima década. "En los próximos tres años, quiero llevar a cabo una gran reforma de la seguridad social para que la gente de todas las edades pueda tener un poco de paz mental", dijo el primer ministro Shinzo Abe en una entrevista el pasado mes.

En España, según el acuerdo de la reforma de las pensiones acordada por el gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero, la edad de jubilación está sometida a un periodo de transición que la lleva a aumentar gradualmente desde los 65 años a los que se retiraba la población en 2013, hasta los 67 años previsto para 2027. ¿Cuánto habrá cambiado el país hasta entonces?

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