COMO ALTERNATIVA AL INDEPENDENTISMO

La visita de Rosell y Álvarez a Junqueras reabre la vía del tripartito

La vía del tripartito como alternativa al independentismo se ha reabierto tras la visita de Álvarez y Rosell a Junqueras en prisión. El encuentro ha levantado recelos en la patronal

Foto: El secretario general de UGT, Pepe Álvarez (d), y el presidente de la CEOE, Juan Rosell. (EFE)
El secretario general de UGT, Pepe Álvarez (d), y el presidente de la CEOE, Juan Rosell. (EFE)

La visita de Juan Rosell (CEOE) y Pepe Álvarez (UGT) a Oriol Junqueras en la prisión de Lledoners (Barcelona) va mucho más allá que un simple encuentro protocolario por razones humanitarias.

Sectores de la patronal críticos con el presidente Rosell creen que detrás del encuentro hay una estrategia destinada a construir una alternativa política al independentismo. Y que, como sostiene un dirigente de la CEOE, recuerda mucho a una posible reeedición del tripartito, aquel pacto que firmaron el PSC, ERC e Iniciativa y que sostuvo al Govern de Pasqual Maragall entre 2003 y 2006.

El encuentro se celebró el pasado lunes y fue llevado en absoluto secreto por Rosell y Álvarez. Ninguno informó a los dirigentes de sus respectivas organizaciones y ni siquiera Unai Sordo, líder de CCOO, tuvo conocimiento de la reunión, que se descubrió de forma fortuita porque lo reveló una periodista de Eukal Telebista que cubría una visita a la prisión de diputados del Parlamento vasco, y que, casualmente, fue testigo de la salida del centro penitenciario de los dirigentes de UGT y CEOE, tal y como ha revelado 'El Nacional.cat', que fue el diario que publicó la noticia.

La visita coincidió en el tiempo con lo publicado ese mismo lunes por El Confidencial, que informó de la existencia de contactos entre el Ministerio de Hacienda y la dirección de UGT para acercar a ERC a la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado de 2019. Aunque las fuentes ugetistas negaron en ese momento la existencia de cualquier labor de mediación, lo cierto es que Álvarez se reunió ese día con Junqueras. En esos contactos estaría también involucrado el líder de UGT en Cataluña, Camil Ros, antiguo dirigente de la rama juvenil de ERC, y firme partidario del llamado 'derecho a decidir'.

El encuentro ha causado un profundo malestar en la dirección de CEOE, aunque no llegará la sangre al río porque Rosell está de salida (las elecciones se celebrarán el 21 de noviembre) y es probable que ni siquiera su posible sucesor, el empresario Antonio Garamendi, lleve el asunto a la junta directiva del próximo miércoles, que será la última del mandato de Rosell.

Presos políticos

La visita de Rosell a Junqueras (no así la de Álvarez) ha sorprendido en la cúpula de CEOE no solo por razones de oportunidad política, toda vez que el líder independentista está acusado de delitos muy graves, sino también porque el todavía presidente de CEOE nunca ha tenido una relación personal con el líder republicano, lo que sugiere un encuentro estrictamente político. Rosell, como dice un dirigente empresarial, nunca visitó en prisión a su antecesor, Gerardo Díaz Ferrán, ni siquiera por motivos humanitarios. De hecho, lo que se critica es que con la visita Junqueras aparezca ante la opinión pública como una especie de 'preso político'.

Lazos amarillos ante una fotografía del 'exvicepresident' Oriol Junqueras. (EFE)
Lazos amarillos ante una fotografía del 'exvicepresident' Oriol Junqueras. (EFE)

Es por ello por lo que se considera que existe una estrategia encaminada a quebrar todavía más la maltrecha unidad independentista, en lo cual está algo más que interesado el Ejecutivo de Pedro Sánchez, como ha reconocido tanto en privado como en público. Y, en particular, el líder del PSC, Miquel Iceta, que busca un lugar al sol para su partido, hoy emparedado entre dos posiciones políticas muy polarizadas. Y en este sentido, se considera una señal el hecho de que el PSC y ERC votaran juntos el martes sobre el voto delegado de los diputados suspendidos por el magistrado Llarena.

No se trata, en todo caso, de un acuerdo inmediato, sino que los contactos se sitúan en el horizonte de una nueva legislatura. Probablemente, después de que se conozca la sentencia contra los dirigentes independentistas.

Sin embargo, en el PSC y en La Moncloa descartan de todo punto una futura reedición del tripartito. Los socialistas aún guardan un recuerdo infausto de sus dos gobiernos con ERC e ICV-EUiA, y creen que les penalizó en Cataluña, dando oxígeno a Ciudadanos, y al PP en el resto de España. Y a partir de entonces, la distancia con los republicanos no hizo más que crecer. El PSC mantiene interlocución con ellos, y coinciden en las cuestiones ideológicas, de izquierdas, pero la gran divisoria es el referéndum de autodeterminación, informa Juanma Romero.

La dirección de Miquel Iceta abandonó hace cuatro años su defensa del derecho a decidir, no piensa retroceder y asume que ERC, en cambio, no arriará esa bandera, por mucho que ahora, por pragmatismo y porque tiene a su líder en prisión, haya aparcado la vía unilateral. "Tendría que llover muchísimo para que pudiera reeditarse un tripartito. Ya nos gustaría a nosotros que la política catalana girase en torno al eje izquierda-derecha, pero lo cierto es que gira en torno a la identidad, y ahí jamás podremos ponernos de acuerdo", sentencia un dirigente de la cúpula. Los socialistas creen y defienden la estrategia del diálogo con el Govern, y celebran que haya contribuido a romper la unidad soberanista, pero insisten en que no pueden formar parte de un Ejecutivo "que tiene como objetivo alcanzar la república catalana".

"Nuestra posición es clara y diáfana. Queremos profundizar en el autogobierno, y no un referéndum de autodeterminación para romper con España, se quiera hacer de forma legal o ilegal", subraya un diputado próximo a Iceta.

En el PSC recuerdan que, además, hoy por hoy no dan los números. PSC (13), ERC (32) y comunes (8) suman 57 escaños ahora, a 11 de la mayoría absoluta del Parlament. Y es probable que los números sigan sin dar en el futuro. "Ni suman ERC y comunes, ni sumamos nosotros tres, ni estamos por lo mismo", resumen en el entorno más directo de Iceta, que ni siquiera tiene intención de abstenerse en la votación de los Presupuestos catalanes: "Torra ya ha dicho que quiere pactar con la CUP y con los comunes". Los socialistas creen que quienes se ofrecen al 'president' son los 'comuns', porque Ada Colau necesitará probablemente a los secesionistas para continuar como alcaldesa de Barcelona.

El líder del PSC, Miquel Iceta. (EFE)
El líder del PSC, Miquel Iceta. (EFE)

La conclusión para el PSC es clara: "Somos de izquierdas, sí, pero somos antiindependentistas. No hay pacto posible con la autodeterminación". En el partido también pesa el temor a que un regreso al pasado, un acercamiento a los republicanos, no sería entendido por sus electores, y con la polarización y fractura de la sociedad catalana, ese mensaje podría conllevar una huida en masa de los votantes que aún mantiene Iceta. Los socialistas han sufrido en los últimos años una sangría de papeletas a favor de Cs, vía que podría abrirse, entienden, si hubiera guiños de complicidad con ERC.

En el PSC subrayan que la convergencia en la Mesa del Parlament no fue buscada. Fueron los republicanos quienes rompieron con JxCAT y se sumaron a la posición tradicional de los socialistas, que era la de no aceptar la delegación de voto de los cuatro diputados suspendidos de la lista de Carles Puigdemont.

¿Y a largo plazo? El PSC no se quiere situar tan lejos porque entiende que para hablar de un entendimiento con ERC en el Govern tendría que transformar su aspiración independentista en un "programa utópico, de máximos, como hace el PNV". "A corto, la disputa por la hegemonía entre ERC y los exconvergentes impide un gran golpe de timón", valoran en la cúpula del PSC. Otra cosa es que haya diálogo y pactos entre socialistas y republicanos, y "sobre políticas concretas", en el Congreso (que se están dando) o pactos de gobierno en las municipales (que también se han producido). Pero hablar de la Generalitat es otra historia y pensar en ese espacio en un tripartito es para el PSC un imposible a día de hoy. Lo mismo piensan en La Moncloa.

Esta tesitura política es la que podría explicar las posiciones más radicales del presidente de la Generalitat, Quim Torra, cuya estrategia pasaría por desbaratar cualquier nueva mayoría parlamentaria que no fuera inequívocamente independentista. Y a nadie se le escapa que hoy Junqueras busca una solución política a un enfrentamiento que tiende a ser crónico mientras él y otros compañeros de partido continúan en prisión.

Es más, mientras que Torra ataca directamente al presidente del Gobierno, a quien ha dado sucesivos ultimátums, ERC mantiene una posición más templada. Y hasta En Comú Podem ha realizado alguna señal, como votar a favor de la reprobación del Rey, lo que supone una rectificación en toda regla. "Algo se está moviendo", señalan las fuentes consultadas.

Es en este contexto en el que hay que situar las elecciones a la patronal catalana, Foment, convocadas para el próximo cinco de noviembre, y que con toda probabilidad ganará el exdiputado de CiU Josep Sánchez Libre, a quien se considera muy cercano a Rosell, que lo nombró una especie de enlace de CEOE con el Parlamento de Madrid.

El papel que ha jugado la gran patronal con relación al 'procés', en todo caso, es probable que cambie de forma radical a partir del 21 de noviembre si, como todo parece indicar, Antonio Garamendi es proclamado nuevo presidente de CEOE.

Los sectores que lo apoyan —todavía no se ha presentado ningún candidato alternativo— siempre han querido una posición de mayor firmeza de los empresarios frente al independentismo, y el propio Garamendi a menudo se ha manifestado a favor de la Constitución y del Estado de derecho sin concesiones que pongan en peligro la unidad del país. Muy al contrario que Rosell, a quien se le ha causado frecuentemente de mantener una posición tibia.

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