ensucian la imagen de europa

Los escándalos en Dinamarca y Holanda cuestionan la lucha contra el blanqueo

La dimisión del director ejecutivo del Danske Bank, el principal banco de Dinamarca, y el escándalo de ING cuestionan la lucha contra el blanqueo en la eurozona

Foto: El ex primer ejecutivo de Danske Bank, Thomas F. Borgen. (EFE)
El ex primer ejecutivo de Danske Bank, Thomas F. Borgen. (EFE)

Que Europa tiene un problema con el blanqueo de dinero sucio volvió a quedar claro tras la dimisión del director ejecutivo del Danske Bank, el principal banco de Dinamarca, el 19 de septiembre. Thomas Borgen presentó su renuncia en medio de un escándalo millonario de lavado de capitales por parte de la filial de la entidad en Estonia y en el que podrían estar involucrados más de 6.000 clientes extranjeros, principalmente rusos, ucranianos y otros países de la antigua Unión Soviética. Aunque esta es solo la punta del iceberg, el último ejemplo que evidencia las serias dificultades que sigue teniendo Europa para poner fin a este tipo de delitos financieros.

El caso danés, de hecho, se suma a los destapados recientemente en países como Holanda, Letonia o Malta, donde algunos bancos también están acusados de haber limpiado ingentes cantidades de dinero ilegítimo procedentes de múltiples países, desde Rusia hasta Corea del Norte.

Una mancha que ensucia la imagen de Europa como paraíso de la transparencia y la legitimidad y que pone en evidencia los agujeros que todavía esconde el sistema bancario del continente y por los que siguen colándose los delincuentes.

No ayuda que países como Dinamarca u Holanda sean los últimos salpicados. Tras la dimisión de Borgen, la prensa danesa se hacía eco de las graves repercusiones que esto puede tener para la imagen del país, que, precisamente, es uno de los más respetados a nivel internacional por su igualdad social y bajos índices de corrupción.

La dimisión de Borgen se dio en el marco de una tensa rueda de prensa, en la que el banco presentó el informe encargado hace un año a una firma de abogados y que concluye que la dirección de la entidad no cumplió con su responsabilidad.

El estudio, en el que han sido analizadas pormenorizadamente las cuentas en Estonia de unos 15.000 clientes entre los años 2007 y 2015, no especifica la cantidad de dinero que podría haber sido blanqueada, aunque sí concreta que unos 6.000 clientes no residentes en ese país báltico pueden ser sospechosos.

Sus primeras sospechas se remontan al año 2007. Sin embargo, evitó tomar cartas en el asunto y no cerró dicha filial a los no nacionales hasta 2015

Según el diario danés 'Berlingske Tidende', que fue el que destapó el escándalo hace un año y medio, la cifra podría ascender a unos 50.000 millones de coronas danesas (unos 6.700 millones de euros).

Independientemente de los números, uno de los aspectos que más preocupación genera es el largo periodo de tiempo que ha transcurrido desde que la entidad recibió el primer aviso sobre las supuestas irregularidades financieras que se estaban realizando desde algunas de sus cuentas.

El banco, de hecho, ha admitido que sus primeras sospechas se remontan al año 2007, justo un año después de que se hiciera con el control de la entidad estonia. Sin embargo, evitó tomar cartas en el asunto y no cerró dicha filial a los clientes no nacionales hasta el año 2015.

En un amago por reparar el daño y, sobre todo, recuperar su reputación, el Danske Bank se apresuró a anunciar que destinará los ingresos brutos procedentes de las cuentas sospechosas a un fondo independiente que se creará explícitamente para luchar contra este tipo de delitos.

Aunque esta declaración de buenas intenciones no va a frenar las investigaciones sobre el asunto que ya han puesto en marcha las autoridades tanto de Dinamarca y Estonia como de Estados Unidos.

Prueba del golpe que la noticia ha supuesto para el país nórdico está en la caída de las acciones del banco, que ya han perdido un tercio de su valor en lo que va de año.

ING, el otro gran banco salpicado

Aunque el Danske Bank no es el único. Otro de los grandes bancos europeos que se ha visto salpicado por un escándalo similar es el holandés ING, el más grande de este país, que hace solo un par de semanas asumía una multa de 775 millones de euros por incumplir sus obligaciones en la lucha contra el blanqueo de capitales.

La entidad decidió cerrar un acuerdo sobre esta cifra para poner punto y final a una detallada investigación de la Fiscalía que acusa a ING de no haber puesto en marcha todas las medidas necesarias para controlar mejor los movimientos sospechosos en las cuentas de sus clientes e incluso haber hecho la vista gorda ante casos que habrían llamado fácilmente la atención.

Que una pequeña firma de ropa interior, por ejemplo, hubiera conseguido blanquear más de 150 millones de euros a través de las cuentas del banco u otras dos, que importaban fruta y verdura de Latinoamérica, hubieran sido capaces de lavar más de 500 millones son solo algunos de los casos mencionados por los investigadores.

Drogas, prostitución y trata de blancas, sobornos, corrupción... Además de no haber hecho nada para detener las ramificaciones financieras de delitos tan graves, se acusa al banco de haber mantenido esta situación durante muchos años. Según la Fiscalía holandesa, de hecho, la entidad había sido avisada de que sus mecanismos de control eran demasiado laxos hace al menos una década.

Por lo demás, Letonia y Malta son otros de los países de Europa que han tenido que afrontar escándalos parecidos en lo que va de año. En febrero, el Banco Central Europeo declaraba en quiebra al ABLV Bank, el tercer banco letón, así como a su filial luxemburguesa. La causa: los problemas de liquidez causados por un escándalo de blanqueo de capitales que acababa de ser destapado por Estados Unidos. Casi al mismo tiempo, el gobernador del banco central letón era detenido por la policía anticorrupción. Y, solo un mes después, las autoridades de Malta congelaban, por su parte, los activos del Pilatus Bank, después de que el presidente de la entidad, de origen iraní, fuera arrestado en Estados Unidos por supuestos delitos de fraude bancario y blanqueo de capitales.

Ambos casos dieron pie a rumores sobre un supuesto complot extranjero para minar la credibilidad de los bancos europeos. Pero, con el tiempo y la aparición de nuevos ejemplos, esta vez en dos países con mejor reputación en temas de transparencia como Holanda y Dinamarca, intensifican la demanda de medidas más severas en Europa.

Que situaciones como estas "hayan podido mantenerse durante tanto tiempo demuestra que los estados miembros y los sistemas de supervisión de la UE son desafortunadamente inadecuados", expresaban ayer en una nota de prensa el danés Jeppe Kofod y el alemán Peter Simon, del grupo parlamentario europeo socialista.

Lo cierto es que las autoridades europeas son cada vez más conscientes del problema y están en pleno proceso para endurecer las normas. Dar más poder a la Autoridad Bancaria Europea (EBA), con una supervisión más fuerte, sanciones más severas y mayor cooperación e intercambio de información entre los estados miembros son algunas de las propuestas. Aunque a algunos les sabe a poco y apuntan a la creación de una nueva agencia nueva y centrada exclusivamente en combatir este tipo de delitos como la solución más eficaz.

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