Deuda pública: Un paso adelante, dos atrás: España se entrega a Alemania en la reforma del euro
PROPUESTA ESPAÑOLA SOBRE LA REFORMA DE LA UNIÓN MONETARIA

Un paso adelante, dos atrás: España se entrega a Alemania en la reforma del euro

La reforma de la arquitectura institucional del euro está en marcha. Y lo que propone España es poner en vía muerta los eurobonos. La mutualización de riesgos deberá esperar

Foto: El ministro de Economía, Román Escolano. (EFE)
El ministro de Economía, Román Escolano. (EFE)

Un paso adelante, dos pasos atrás. El Gobierno hace suyas las viejas tácticas de la revolución bolchevique antes de 1917, y donde dije digo, digo Diego. O lo que es lo mismo, la creación de eurobonos —un activo libre de riesgos— seguirá durmiendo el sueño de los justos. Es decir, los presupuestos nacionales continuarán asumiendo todos los riesgos. Nada de mutualizar los daños derivados de la emisión de deuda pública a través de la creación de un Tesoro público europeo.

La idea, bien vista hasta hace bien poco por España —desde luego por el exministro De Guindos—, siempre ha contado con la oposición de Alemania, y más recientemente con las reticencias de la Francia de Macron.

La España del ministro Román Escolano, de esta manera, se pone al lado del eje franco-alemán y, lo que es más relevante, certifica la Europa a varias velocidades —al menos dos— que en marzo de 2017 sancionaron en Versalles, dónde si no, Merkel, Hollande, Rajoy y el primer ministro italiano, Gentiloni. Cada país apechugará con lo que emita su Tesoro, lo que significa, lisa y llanamente, que Alemania y los países con enormes excedentes exteriores no cubrirán las deudas de los países 'manirrotos' o en dificultades para emitir bonos y obligaciones en tiempos de turbulencias. Se impone el 'bail-in', lo que significa que serán los acreedores quienes corran con el coste de los impagos. Los ahorradores alemanes pueden dormir tranquilos.

La posición de España sobre la reforma del euro no es, desde luego, la más relevante, pero sí que es significativa. Pero no solo porque se trata de la cuarta economía del euro, sino porque apuntala definitivamente una de las tres posturas que hoy se cuecen en Bruselas sobre el futuro de la moneda única. La primera, la que mantienen los 'cuatro grandes', que han abandonado la idea de avanzar por la vía rápida en la integración, pero que, al mismo tiempo, exigen profundizar en la unión bancaria y en la creación de un fondo monetario europeo un tanto aguado, como, de hecho, plantea España en el documento de propuestas revelado este lunes.

La segunda posición es la que mantienen ocho países (Suecia, Holanda, Dinamarca, Finlandia, Irlanda y los tres bálticos) que no quieren saber nada de ceder nueva soberanía a los burócratas de Bruselas hasta que se avance en la disciplina presupuestaria, y cuyas propuestas han sido ya puestas por escrito. Y la tercera, la de algunos países del Este —en particular, Hungría y Polonia—, en abierta sedición legislativa respecto del mandato comunitario.

El único documento de síntesis es el que suscribió hace unas semanas un selecto grupo de 14 economistas (siete franceses y siete alemanes) que pretendía ser un trabajo de síntesis, pero que con toda seguridad caerá en saco roto porque propone una reforma radical del euro que hoy Europa no está en condiciones de sacar adelante por ausencia de liderazgo.

Lo llaman 'realismo'

Lo que propone España es avanzar con pies de plomo —en el Ministerio de Economía lo llaman 'realismo'— sin eurobonos ni presupuesto comunitario, pero mejorando la arquitectura institucional del euro para evitar choques asimétricos.

Es decir, que si un país es golpeado por los mercados por la existencia de grandes desequilibrios macroeconómicos (deuda externa o elevados déficits), no arrastre al resto de economías del euro. Y como la tradición dice que el canal que contamina a los países son los sistemas financieros, lo que se propone es la creación de un Sistema Europeo de Garantía de Depósitos “plenamente mutualizado y con un mecanismo de respaldo común”. Por lo tanto, lo que se mutualiza es el riesgo derivado del funcionamiento de las entidades financieras, pero no el de la deuda soberana, que es realmente lo que preocupa a las opiniones públicas del centro y el norte de Europa.

La propuesta pretende completar la unión bancaria y va en la buena dirección, pero se aleja de la idea de crear un área monetaria óptima en la Unión Europea, que era la decisión estratégica que se adoptó cuando a finales de los ochenta el Plan Delors lanzó la Unión Económica y Monetaria.

Eso quiere decir que el euro seguirá coexistiendo con elevadas primas de riesgo —como sucede ahora—, lo cual supone una fragmentación de la moneda única. Desde luego, menos intensa si se completa la integración bancaria. Pero fragmentación al fin y al cabo, lo que viene a cristalizar un euro a varias velocidades en función de los diferenciales de tipos de interés respecto del 'bund' alemán, convertido en la práctica en el ancla sobre la que descansa la moneda única.

Como esto es tan evidente, lo que hace la propuesta española es introducir toneladas de voluntarismo político. Y, en concreto, reclama que en caso de perturbaciones serias se pongan en marcha diversos mecanismos de estabilización macroeconómica. En primer lugar, el reforzamiento del carácter contracíclico de las políticas fiscales mediante “colchones fiscales cuando la coyuntura económica es buena”. No deja de tener su gracia la propuesta cuando en los Presupuestos de 2018, con el mayor déficit de la UE y después de crecer un 3% por tercer año consecutivo, España no destina los incrementos de recaudación a rebajar deuda, sino a reducir impuestos o a aumentar gasto público.

Economía

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