INFORME SOBRE LOS RETOS ECONÓMICOS DE 2018

Jordi Sevilla: “Los sistemas de redistribución de la renta están oxidados”

Más allá de la coyuntura, la economía tiene por delante un futuro incierto. Esto es lo que sostiene el exministro Jordi Sevilla en un informe sobre los retos para 2018.

Foto: El exministro Jordi Sevilla. (EFE)
El exministro Jordi Sevilla. (EFE)

La economía española ha dejado atrás la crisis. El PIB crece de forma vigorosa y el mercado de trabajo crea abundante empleo. Además, el contexto internacional es algo más que favorable: el PIB mundial crecerá este año muy cerca del 4%.

¿Significa esto que el horizonte está despejado? En absoluto. Según el exministro socialista Jordi Sevilla, la economía entra en una nueva fase: los vientos de cola (petróleo barato, tipos de interés hundidos y euro débil) tienden a amainar. Y lo que no es menos significativos: los instrumentos clásicos para la cohesión social “están oxidados”. O expresado en términos más directos. Según Sevilla, “España ya no está en crisis, pero todavía hay mucha gente en crisis”. Tanta que, en su opinión, lo que hay que hacer es diseñar un nuevo modelo productivo sostenible en el tiempo y con la voluntad de reducir las desigualdades que la crisis ha traído.

Sevilla aporta algunos datos. En su opinión, la desigualdad de ingresos está en una “situación crítica”. Un reciente estudio de la Comisión Europea estima que el 20% que más gana ingresa 6,5 veces más que el 20% con menos ingresos. Otro estudio de Oxfam considera que España es el tercer país más desigual del conjunto de la UE.

Sevilla ha dirigido un informe sobre los retos de la economía española en el que pone de relieve que la dualidad en el mercado de trabajo -entre fijos y temporales- no es la única enfermedad que caracteriza a la economía española. Existe otra dualidad que se relaciona con las empresas. Mientras que unas -las más competitivas- forman parte de lo que llama “turbocapitalismo”, otras están en inmersas en una especie de “retrocapitalismo”, y que resisten “sólo compitiendo por hacer las cosas más baratas o por actuar en mercados protegidos”.

Oficina de empleo en Madrid. (EFE)
Oficina de empleo en Madrid. (EFE)

El informe, editado por Contexto Económico, una división del grupo Llorente y Cuenca, recuerda que los incrementos de productividad de la economía española se concentran en las grandes empresas más dinámicas, mientras que, por el contrario, el reducido tamaño de las empresas españolas dificulta los procesos de adaptación al nuevo paradigma, y que tiene que ver con la economía digital. Ésta, sostiene Sevilla, es una realidad que todos los partidos y economistas comparte, “pero nadie hace nada”, lo que refleja la parálisis política que vive España. Y que se manifiesta que no salen adelante ni siquiera las normas sobre las que hay un amplio consenso entre las fuerzas políticas.

Complacencia y autosatisfacción

Según el vicepresidente de Contexto Económico, hay un serio riesgo de que la economía española, al calor de la buena coyuntura (aunque tres cuartas partes del crecimiento son fruto de los vientos de cola), entre en “complacencia y autosatisfacción”. Algo que, en su opinión, dejaría a España atrás respecto de los intensos cambios que se están produciendo en el mundo.

Es por eso por lo que propone combatir la pobreza, impulsar la digitalización y combatir el cambio climático. Además de adoptar una nueva estrategia presupuestaria que conduzca a un superávit primario (sin el pago de intereses), para reducir la deuda pública, que representa el 98% del PIB. Esta estrategia pasaría por reducir los beneficios fiscales (el dinero que deja de ingresar Hacienda por todo tipo de deducciones y bonificaciones) y que disfrutan los agentes económicos.

Junto a ello, se plantea un nuevo reequilibrio de las condiciones de trabajo en las empresas, roto por la última reforma laboral, según el exministro socialista. Sevila es partidario de introducir un impuesto finalista para financiar la Seguridad Social, en línea con el que existe en Francia. Y sobre el impuesto de sucesiones es partidario de mantenerlo con el mismo argumento que daba un liberal como Stuart Mill: la herencia es el origen de la desigualdad.

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