el ministro, centro de todas las iras

Nadal contra todos y todos hartos de Nadal

El ramo que dirige el excolaborador de Moncloa se ha convertido en el centro de atención del mundo económico español. La polémica supera la frontera nacional y repercute sobre otros ministerios

Foto: El ministro de Energía, Álvaro Nadal. (EFE)
El ministro de Energía, Álvaro Nadal. (EFE)

El mes de enero transcurría en esa calma tensa para el sector energético que no se sabe hasta cuándo va a durar. El viento y la salud nuclear francesa contenían el precio de la factura eléctrica que desató la caja de los truenos hace solo 12 meses. Sin embargo, y sin el conocimiento de las altas esferas empresariales, la bomba se estaba cocinando en la parte alta del Paseo de la Castellana. De puertas para dentro del apagado y extemporáneo edificio del Ministerio de Energía, y sin hacer ruido, Álvaro Nadal y Daniel Navia experimentaban en el laboratorio de la regulación del universo BOE con el objetivo de embridar más los costes regulados de la factura de la electricidad y el gas.

El hachazo agitó sobremanera al sector de distribución y transporte del gas, aunque por el momento el "no es no" que practica el PSOE de Pedro Sánchez ha mojado la pólvora que pretendía prender el ministro sin solución de continuidad. Con este frente, Nadal ha levantado en pie de guerra también a los transportadores de gas en la enésima batalla que abre contra todo lo que pende de las decisiones que asume su ministerio. La hiperactividad que emana —y que tiene exhaustos a algunos de sus colaboradores más estrechos— ha terminado por enfrentarle con todos: reguladores, empresas, que le pintan como una especie de ogro soviético agarrado a una hoz y un martillo, e incluso a los miembros de su propio partido.

El recorte que pretende dar al gas, y que anunció este miércoles en una versión 'light' de lo que se filtró en un primer momento, venía acompañado de un golpe a la distribución y transporte eléctrico, algo que el sector ya venían barruntando desde hace meses. Aun así, el frente se extendió al plano nuclear, ya que ahora quiere cargarle el coste de desmantelamiento que asume Enresa a las eléctricas. Una manera de invitarles desde la regulación a que se piensen dos veces esa idea de solicitar el cierre. Sobre todo a la Iberdrola de Ignacio Sánchez Galán, que no ha escondido su intención de clausurar sus plantas atómicas si siguen con el régimen impositivo actual.

La pelea de cierres no es batalla exclusiva nuclear, también tiene como protagonista destacado al carbón desde hace meses. De nuevo con Galán en el cara a cara público. Sin embargo, el enfrentamiento se puede extender a Borja Prado. El presidente de Endesa ha optado por dejar que sean otros los que lleven la voz cantante de esta polémica y ha preferido acogerse al perfil bajo. Sobre todo después de ver que el ministro miró hacia Italia en busca de responsables con ganas de cerrar centrales de carbón españolas, donde está el cuartel general de Enel y su consejero delegado Francesco Starace.

Pero a este ministro de Energía no le asustan los pesos pesados. El rejonazo al gas supone meterle el dedo en el ojo a grandes fondos internacionales que han ido haciéndose con los activos del sector: GIP, Goldman Sachs, JP Morgan, Lazard, Allianz...

No es la primera vez que se las tiene que ver con los custodios internacionales del capital. La pelea que libra contra las renovables es de miles de millones de euros (7.565 millones, en concreto) y la partida no ha hecho más que empezar. Hablando de renovables casi todo son caras largas hacia este ministro. Que se lo pregunte a José Manuel Entrecanales, que mira a cualquier país del mundo en busca de energía verde para Acciona menos a España.

En el gas no solo se enfrenta con los fondos sino también con las empresas, a sus infinitas luchas suma ahora a Antonio Llardén (Enagás) o a Antonio Brufau (Repsol), al que puede complicar la venta de su 20% de Gas Natural por la que se ha interesado otro fondo: CVC. El ruido regulatorio ya ha puesto en alerta al 'private equity' que maneja en España Javier de Jaime.

Pero si se habla de crujir al gas se habla sobre todo de ponerse en contra al todopoderoso empresario catalán Isidre Fainé, presidente de Gas Natural. La pelea gasista es solo un pequeño puntapié del ministro si lo comparamos con el enorme pulso que mantiene Nadal por la opa de Abertis contra el universo Caixa. El titular de Energía, competente en materia de telecomunicaciones, ha encontrado el flanco de Hispasat para torpedear la venta de la concesionaria a la italiana Atlantia. Un pulso que de paso, le ha supuesto también desconectar al Gobierno de un habitual socio como es Red Eléctrica. Al enfado de Folgado por las trabas incesantes para aceptar la venta de la gestora de satélites, se suma la vuelta de tuerca que quiere darle a los ingresos regulados por las redes de alta tensión.

En esta guerra a mil bandas han ido apareciendo más enemigos por el camino por razones competenciales. A la batalla que libra con Marín Quemada, presidente de la CNMC, por delimitar quién es el dueño y señor de varias competencias regulatorias, se ha sumado ahora una pugna con el presidente de la CNMV, Sebastián Albella, al que pretende hacer entender que es el Gobierno y no la comisión la que decide primero qué se puede hacer y qué no en una opa.

Este 'totum revolutum' viene escamando incluso a algunos miembros de su partido. El distanciamiento con Luis de Guindos viene de lejos, entre otras cosas por la diferente forma que tienen de entender la posición del Ejecutivo ante la opa de Abertis. Dicen fuentes cercanas a Economía que De Guindos fumaba en pipa estos días, después de ver que los esfuerzos de captación de inversión internacional se deshacen cuando los analistas elevan la prima de riesgo por razones regulatorias. Así lo demuestran los vaivenes bursátiles de las grandes 'utilities' del Ibex durante esta semana. Volatilidad que se intensificó a pocos días de que Rajoy y Felipe VI aterrizaran en Madrid procedentes de Davos.

No es el único ministerio enfadado. Su posición favorable al carbón cada vez hace más difícil que sus mensajes suenen afinados con los de la ministra de Agricultura, Isabel Tejerina, cuya labor como titular de Medioambiente es impulsar la lucha contra el cambio climático. Esto genera suspicacias en el ámbito europeo. Mientras otro popular, Miguel Arias Cañete, trata de erigirse en el gran impulsor en el mundo de la lucha contra el cambio climático como comisario europeo, Nadal se alinea dentro del Consejo con las tesis más alejadas del Acuerdo de París.

Nadie podrá acusar al ministro de inmovilismo, adjetivo repetido hasta la saciedad por describir a su jefe en el Gobierno, al que conoce bien de su etapa monclovita. Sin embargo, los grandes consumidores de energía, cuya competitividad debería aumentar gracias al pulso que le está echando a todos el ministro, no se congratulan con la factura que pagan.

No parece que vaya a frenar. El nivel de actividad que está asumiendo ahora Álvaro Nadal Belda le está llevando incluso a enmendar capítulos de la reforma eléctrica que hizo su propio hermano, a la sazón secretario de Estado de Energía. Kramer vs. Kramer. En este afán por tocar la regulación ya hay quien ve un deseo por demostrar su sobrada capacidad para ocupar la silla de Economía ante una más que hipotética marcha de Luis de Guindos hacia el Banco Central Europeo.

En las mil batallas que libra Nadal de manera simultánea, ha desconectado la mayoría de cables que solían conectar por la vía rápida con el Ministerio de Energía. También el que le unía con el edificio de enfrente, el de Unesa.

Con el apoyo sólido construido durante años del núcleo duro que parte de Vicepresidencia del Gobierno, solo el número uno de las relaciones político-económicas está sabiendo arrimar a su causa al ministro enfrentado a todos. Florentino Pérez es el caballero blanco del Gobierno para que Abertis se mantenga lejos de Italia.

Pero esta no es la única causa que une al presidente del Real Madrid con el economista del Estado formado en Harvard. El Castor o la mega adjudicación de renovables que se metió Cobra entre pecho y espalda el verano pasado acercan al empresario y al político, en una relación cada vez más comentada en el sector.

Precisamente el pasado miércoles, en comparecencia parlamentaria, Nadal picó el anzuelo que le lanzaron desde la oposición. El ministro trató de esquivar las maldades que lanzaban sus adversarios explicando lo poco que le atrae el fútbol, para que nadie dude de lo difícil que será seducirle a pocos metros del ministerio que dirige, en ese otro distinguido centro de poder que es el palco del Santiago Bernabéu.

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