12 DESEOS

¿Va a ser 2018 el año que cambiará el rumbo de la eurozona?

La UE tiene muchas virtudes, como lograr que se fragüen consensos pacíficos donde durante siglos perduraron posiciones irreconciliables, pero cumplir con los plazos no es uno de sus fuertes

Foto: El presidente francés, Emmanuel Macron (i), saluda a la canciller alemana, Angela Merkel. (Reuters)
El presidente francés, Emmanuel Macron (i), saluda a la canciller alemana, Angela Merkel. (Reuters)

Probablemente usted ha pagado las uvas 'de la suerte' en euros, pero no es consciente de que, más que encomendarse al décimo del sorteo del Niño, le conviene tener un ojo puesto en la eurozona. Su prosperidad a corto, medio y largo plazo depende en buena medida del rumbo que tome en los próximos meses la moneda única. Y no está nada claro cuál será.

2018 aspira a convertirse en un año crucial para el euro. Por ello, le propongo doce deseos sobre el futuro de la eurozona:

1- Pida suerte para que Alemania y Francia logren ponerse de acuerdo de aquí a marzo sobre hacia dónde debe encaminarse el euro. Sí, Emmanuel Macron pone las ganas, pero Angela Merkel aporta la experiencia. Su cuarto y último mandato es su oportunidad de dejar un legado, uno por el que entre en el panteón europeo.

2- Cruce los dedos también para que Alemania logre formar gobierno. Sin ejecutivo en Berlín, Europa no avanza. El expresidente de la Eurocámara y líder de los socialistas, Martin Schulz, sería un buen compañero de equipo para una Merkel con ambiciones europeístas. Pero para ello tienen que llegar antes a un acuerdo para reeditar una gran coalición que ya ha pasado una importante factura electoral a los socialistas.

3 -Dedique unos segundos a enviar un poco de la magia de la Navidad a Bruselas y el resto de capitales europeas. Será necesaria para lograr que en junio, tal y como se pretende, los líderes europeos lleguen a un consenso sobre hacia dónde quieren dirigirse juntos.

El proceso abierto contra Polonia por su deriva autoritaria -nada menos que el “botón nuclear”- puede acabar de tensar las cosas

La UE tiene muchas virtudes, como lograr que se fragüen consensos pacíficos donde durante siglos perduraron posiciones irreconciliables, pero cumplir con los plazos que se marca a sí misma no es uno de sus fuertes.

El proceso abierto contra Polonia por su deriva autoritaria —nada menos que el "botón nuclear"— puede acabar de tensar las cosas. Porque aunque la discusión está centrada en la eurozona, los pasos adelante se quieren consensuar con todos los países de la Unión.

4- La Unión Bancaria. Aunque va a hacer falta mucho más que un deseo para que el proyecto sea completado. Parece factible que en los próximos meses se logre un consenso para dotar de un cortafuegos al fondo de resolución única, de modo que si no cuenta con dinero suficiente en una resolución o liquidación bancaria especialmente difícil, se pueda recurrir al Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE).

El sistema de garantía de depósitos, conocido como el tercer pilar de la Unión Bancaria, ni siquiera está acordado. Será necesario convencer a Alemania y al resto de socios partidarios de la ortodoxia económica para que dejen de bloquear un proyecto con el que se pretende asegurar que los depósitos protegidos están cubiertos ante cualquier eventualidad. “Reducir riesgos antes de compartir riesgos”, es el lema germano. Y se esperan propuestas en este sentido.

5- La creación de un Fondo Monetario Europeo. Durante la crisis, la eurozona —cuyas tres economías se encuentran entre las diez mayores a nivel mundial— se vio en la necesidad de tener que recurrir al Fondo Monetario Internacional para rescatar a países que estaban al borde de la bancarrota.

El organismo con sede en Washington aportó experiencia, pero también miles de millones de euros a países como Grecia. Las broncas entre sus expertos y los europeos han causado muchos quebraderos de cabeza y varias noches en vela. Capeado el temporal, la eurozona se siente con experiencia para poner en marcha su versión europea del FMI. Y el MEDE es el mejor candidato para ello.

6- Un presupuesto para la eurozona. Una de las propuestas estrella de Emmanuel Macron ha sido recibida con frialdad, cuando no oposición abierta, no solo en Berlín, sino en buena parte de los países europeos. Los motivos son diversos, pero el resultado, el mismo: tiene pocas opciones de salir adelante.

7- Un ministro de Economía o Finanzas europeo. La Comisión Europea se ha mostrado partidaria de la idea de crear un cargo que fusione el trabajo del comisario y presidente del Eurogrupo, se encargue de representar a la UE en foros internacionales y que impulse una política fiscal más coordinada. Pierre Moscovici, comisario europeo del ramo, es parte interesada, ya que no oculta su deseo de lograr el puesto.

8- La disciplina fiscal. Y, en concreto, por la propuesta que pondrá Bruselas este año sobre la mesa para reforzar las política de disciplina fiscal incluyéndolas en la legislación comunitaria. Ya se aplican, pero de este modo quedarán escritas sobre piedra. Todo un guiño para los amantes de las reglas —y de la disciplina— como Alemania, con la idea de ablandarles para que ellos también cedan terreno.

9- Mário Centeno. El ministro de Finanzas de Portugal se convertirá a mediados de enero en el tercer presidente del Eurogrupo. Centeno, miembro del Gobierno liderado por el socialista António Costa, poco tiene que ver con su predecesor, Jeroen Dijssebloem.

Guindos ni confirma, ni desmiente, pero su deseo de dar el salto a Europa quedó patente en su intento por hacerse con la presidencia del Eurogrupo

Centeno no dispondrá de margen para hacer cambios radicales, pero de su habilidad dependerá que el Eurogrupo adopte unas posturas alejadas de la austeridad, clave de la victoria de su Gobierno en Portugal. En su primera aparición como presidente electo, se mostró conciliador. Pero ya introdujo un cambio de discurso, poniendo el foco en la convergencia tras la crisis.

10- El futuro candidato español a ocupar la vicepresidencia del Banco Central Europeo que dejará libre el portugués Vítor Constancio en mayo. El ministro Luis de Guindos ni confirma, ni desmiente, pero su deseo de dar el salto a Europa ya quedó patente en su intento —infructuoso— por hacerse con la presidencia del Eurogrupo.

A su favor juega que España tiene muchas papeletas para hacerse con el puesto, ya que se encuentra infrarrepresentada en los puestos clave europeos. Pero la idea de que un ministro deje su cargo para incorporarse al BCE, una institución que cuida con mimo su independencia de los políticos, no convence en Fráncfort. A lo que se suma la petición de la Eurocámara de que se dé el cargo a una mujer, opción que Mariano Rajoy no ha descartado.

11- La reducción del programa de compra de bonos que el BCE va a emprender a partir de enero. Durante los primeros nueve meses del año, pasará de las adquisiciones por valor de 60.000 millones mensuales a la mitad, 30.000 millones.

Pero Mario Draghi ya ha advertido que si es necesario, las compras seguirán más allá de septiembre. La recuperación sigue su curso, pero es aún vulnerable, y se teme que una retirada brusca de los estímulos suponga un importante revés.

12- Que la eurozona cumpla con sus propósitos de año nuevo. Los propios líderes europeos saben que no sirve de nada abrir decenas de debates sobre qué caminos recorrer si no se da ningún paso. “Tenemos que tener cuidado de que no ponemos una hoja de ruta sobre otra hoja de ruta, que esté a su vez sobre otra hoja de ruta”, ha asegurado Dijssebloem.

Dicho de otro modo: la eurozona tendrá que evitar que todo el impulso de 2018 quede en agua de borrajas.

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