Trump, Alemania y Polonia no firman en su contra

¿Por qué España ha quedado retratada en el lado de los 'malos' que apoyan el carbón?

La celebración de la cumbre por el medio ambiente esta semana ha elevado la presión sobre las fuentes más contaminantes como el carbón, que esconde los intereses económicos de cada Estado

Foto: Activistas contra el carbón. (Reuters)
Activistas contra el carbón. (Reuters)

La cumbre internacional por el medio ambiente y contra el cambio climático está adquiriendo una relevancia cada vez mayor a nivel político. El peso de la concienciación verde aumenta entre la opinión pública, por lo que diferentes actores de la escena internacional están intentando abanderar esta causa. En este contexto, todas las miradas estaban puestas esta semana en la COP23 que se ha celebrado en la ciudad de Bonn (Alemania).

Tras la desaparición de escena de Obama, líder indiscutible de la lucha contra el cambio climático en el mundo hasta la llegada de su antagonista Donald Trump, otros están intentando llenar este espacio. Ahí se está situando, por ejemplo, el presidente francés, Emmanuel Macron, o el de Canadá, Justin Trudeau. Precisamente este último junto con Reino Unido ha impulsado la 'Alianza global para eliminar el carbón', una propuesta que ha abierto una brecha en Europa y ha obligado a tomar partido a los diferentes actores.

La inciativa pretende delimitar un calendario para lograr el cierre definitivo para 2030 de todas las plantas de carbón, la principal fuente de emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo. A la propuesta se han adherido Angola, Austria, Bélgica, Costa Rica, Dinamarca, Fiyi, Finlandia, Francia, Holanda, Italia, Luxemburgo, Islas Marshall, México, Nueva Zelanda, Portugal y Suiza, además de una decena de regiones norteamericanas.

Activistas contra el carbón en la COP23 de Alemania. (Reuters)
Activistas contra el carbón en la COP23 de Alemania. (Reuters)

Fuera de ella se han quedado España, Alemania y Polonia, y por supuesto los EEUU de Trump, que no solo está al margen de esta propuesta, sino que abandonó esta primavera el Acuerdo de París contra el cambio climático, un hito mundial que daba el pistoletazo de salida por la descarbonización.

De forma colateral, diferentes instituciones están haciendo gestos durante esta semana que sirvan para transmitir su posición. Por ejemplo el empresario Michael Bloomberg, que ha anunciado que donará 42,64 millones de euros para favorecer el cese progresivo del carbón y para producir energía limpia en Europa. Otro de los que se ha sumado a los gestos contra el carbón ha sido Iberdrola, que justo hace una semana anunció que cerraría las dos últimas centrales que le quedan de este combustible fósil, situadas en Lada (Asturias) y Velilla (Palencia).

¿Por qué España actúa a favor del carbón?

Como sucede con otros países, detrás del apoyo a este combustible existen razones económicas y políticas. La industria del carbón es una fuente de trabajo en zonas muy concretas de España y difícilmente sustituible. De ahí que el apoyo de España tenga una componente de presión política, como demuestra, por ejemplo, la Junta de Castilla y León. Este mismo viernes el Gobierno ha anunciado que destinará 25 millones de euros en ayudas a la minería del carbón. Tanto Asturias como Castilla y León y el propio ministro de Energía, Álvaro Nadal, se van a reunir con Iberdrola la próxima semana para intentar revertir la propuesta de cierre de plantas de carbón de la eléctrica vasca.

Sin embargo, el Ejecutivo aduce la paralización de cierres por motivos económicos. Según el ministro Nadal, la luz subiría hasta un 15% si se prescinde del carbón. No obstante, algunos expertos no creen que esta justificación sea válida, como explica el siguiente artículo:

Por eso se ha apresurado esta semana a acelerar el decreto ley que permite al Gobierno paralizar los cierres por razones de precio y tener la última palabra, antes que las empresas. Esta idea se lanzó este verano en consulta pública después de que Endesa mostrara su intención de cerrar sus plantas de León y Teruel por el coste que le suponen a la eléctrica. Hay que tener en cuenta que el ministro tiene la presión de los consumidores y sobre todo de la gran industria, que clama por una factura eléctrica más barata que les permita ser más competitivos. Por otro lado, su margen de maniobra para rebajar peajes e impuestos de la factura es limitado, dado el delicado equilibrio que mantiene el sistema eléctrico en superhábit.

Por motivos económicos se aferra al carbón también Alemania. Tras el desastre de Fukushima, la presión pública llevó al país teutón a decretar el cierre acelerado de sus nucleares, lo que a día de hoy le ha convertido en un país altamente dependiente de las centrales de carbón.

Trump no dudó en ponerse el casco de minero para hacer campaña y sabe que parte de su éxito vino de este sector

Por su parte, Polonia, donde gobierna un partido católico y situado muy a la derecha en el plano ideológico (aunque menos que una parte de su parlamento), prefiere continuar con el carbón. El país cuenta con una importante tradición minera y el carbón supone su única arma para limitar la dependencia del gas de Rusia, país que genera en la mayoría de su sociedad una fuerte animadversión por razones históricas.

El caso de EEUU tiene tintes mucho más políticos. Trump no dudó en ponerse el casco de minero para hacer campaña electoral y sabe que parte de su éxito se la debe los votos que vinieron de este sector. Sin embargo, también hay razones geopolíticas. Una de las banderas de Trump ha sido defender su industria contra la emergente China. En este sentido, la Administración estadounidense actual creía que su país estaba en desventaja por limitar el uso de combustibles fósiles frente al Gigante Amarillo, que hace un uso intensivo del carbón y cuenta con un gran problema de polución en sus grandes ciudades.

Lo que esconden los "verdes"

Por último no hay que olvidar que detrás de la lucha contra el carbón también se encuentran los intereses de algunos países. Por ejemplo, Francia busca acabar con este combustible fósil pero ya ha admitido que no puede ir tan rápido como quería en la clausura de su enorme parque nuclear. El país galo, al igual que otros como Finlandia, cuenta con una alta depdendencia de la nuclear, una fuente de generación que pese a que no produce gases de efecto invernadero tiene un problema mediomabiental no menor de trato de los residuos radiactivos. Pero han logrado que este punto ahora no esté tan en el foco de la opinión pública.

Por ahora, estos países están logrando, al menos, ganar la lucha de la imagen. Una batalla que de momento está situando a España en el eje del mal… o de la contaminación y la baja sensibilidad por el cuidado del planeta.

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