Esto acelera la contaminación y el co2

La sequía deja la producción hidroeléctrica en el nivel más bajo de la historia de España

El ínfimo caudal de los embalses y la escasez de lluvia en los últimos meses han provocado que octubre cierre como el peor mes en generación eléctrica desde centrales hidroeléctricas, según REE

Foto: Vigo activa su plan de emergencia frente a la sequía. (EFE)
Vigo activa su plan de emergencia frente a la sequía. (EFE)

Las estragos que está provocando la sequía son cada vez más lacerantes. España ha cerrado este mes de octubre con la producción hidroeléctrica más baja de su historia. Desde que existen registros mensuales (enero de 1990), nunca se había visto un mes con un nivel tan escaso de electricidad generada desde las plantas hidráulicas. Pese a que se trata de un periodo de 31 días, la electricidad cuyo origen viene de los saltos de agua se ha hundido hasta los 725 gigavatios por hora, según los datos publicados por el operador del sistema Red Eléctrica de España. En términos relativos, también el hundimietno de la hidráulica es histórico: tan sólo ha representado en octubre un 3,6% del mix de generación, la menor porción del pastel eléctrico que se ha registrado.

Esta situación llega como consecuencia del nivel cada vez más bajo de los pantanos españoles, dada la notable falta de lluvia de los úlitmos meses. Con el nivel de los embalses muy por debajo de la media, las centrales hidroeléctricas se quedan sin margen de maniobra. Los datos apuntan a que en 2017 la generación hidráulica no llegará ni a la mitad de la que hubo en 2016, año especialmente bueno para esta tecnología.

La caída de la producción hidroeléctrica tiene un impacto directo en el precio mayorista de la luz. La energía de este origen entra en el pool de oferta y demanda a precio cercano a cero, ya que en la mayoría de casos se trata de instalaciones amortizadas cuyo coste de operación es muy bajo. Al haber menos hidráulica, la demanda eléctrica se cubre con otras tecnologías más caras, como la que se produce en centrales nucleares, de carbón o de ciclo combinado a través de gas. El escenario actual es el opuesto al del año 2016, cuando la elevada lluvia hundió el precio de la electricidad.

Este panorama tiene otro efecto perverso: el castigo al medio ambiente. La necesidad de suplir con combustibles fósiles la demanda de electricidad que no es capaz de generar la hidráulica lleva meses acrecentando las emisiones CO2. Como ya publicó El Confidencial, la sequía acelera las emisiones de efecto invernadero por mayor utilización de carbón. El daño al medioambiente no sólo viene del CO2, ya que sin hidráulica también es necesario tirar en mayor medida de la energía nuclear, con lo que ello implica de acumulación de desechos radioactivos.

Esta situación ha provocado que las centrales de minihidráulica hayan lanzado un 'sos' este mismo lunes alertando de la situación insostenible en la que se encuentran sus instalaciones. El presidente del sector minihidráulico de APPA, Oriol Xalabarder, alerta de la complicada coyuntura en la que están las compañías de generación que existen en los saltos de agua. Especialmente para un 30% acogido al régimen específico y que tienen complicado cobrar las primas estatales dado que no llegan al mínimo de horas de producción que exige la normativa para percibir esta retribución.

La situación también es complicada para los dueños de las compañías de grandes centrales hidráulicas. La baja pluviosidad y el pobre nivel embalsado esta impactando directamente en las cuentas de multinacionales como Iberdrola, la firma con mayor exposición a la hidráulica en España. Ya se vio el castigo a sus cifras del primer semestre, con lo que las cuentas de la compañía volverán a verse lastradas en la segunda parte del año.

Ambos, tanto grandes como pequeños, protestan por tener que asumir tras la reforma del sistema eléctrico además de un impuesto a la generación del 7%, otro específico para hidráulica del 2,2% y cánones autonómicos en función de la comunidad en la que se encuentran.

Mientras España sigue ensimismada por la deriva secesionista en Cataluña, la sequía sigue dando avisos del desafío global que representa el cambio climático.

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