La economía frena una décima en el tercer trimestre

El BdE constata la ralentización del PIB al 0,8% y advierte de los riesgos por Cataluña

La entidad estima que la economía crecerá un 3,1% en 2017, ritmo que se desacelerará hasta el 2,2% en 2019 por la subida del petróleo, el ajuste fiscal y la caída del consumo

Foto: Trabajador en un almacén (Efe)
Trabajador en un almacén (Efe)

El Banco de España constata ya una ralentización de la economía española durante los meses de verano después de un segundo trimestre muy positivo para el país. La entidad anticipa que el PIB avanzó un 0,8% en el tercer trimestre, una décima menos que en el anterior, e inicia así una fase de desaceleración que se prolongará durante los dos próximos años debido al fin de algunos impulsos temporales que han permitido prolongar el ciclo expansivo durante los últimos años. El Banco de España estima que el crecimiento en el conjunto del año será del 3,1%, lo que supondrá una ralentización de dos décimas respecto al ejercicio anterior. Esta desacleración se prolongará a 2018, con un crecimiento del 2,5% y a 2019, con un avance del PIB del 2,2%.

Estas proyecciones del BdE no incluyen el impacto de la tensión de los últimos meses en Cataluña, ya que "con la información que tenemos, es muy difícil saber si ha tenido algún impacto", explican fuentes del equipo de análisis del Banco de España. Sin embargo, la entidad advierte que la incertidumbre actual supone uno de los principales riesgos para el escenario de crecimiento y lo hace por primera vez, ya que nunca había recogido la incertidumbre catalana en sus informes.

Por el momento, las estimaciones del BdE han dejado fuera el impacto de Cataluña, en línea con la prudencia habitual que mantiene la entidad en cuestiones políticas, pero reconoce que los riesgos existen: "Eventualmente podría tener efectos negativos sobre la confianza de los agentes, las decisiones de gasto y los costes de financiación", señala la entidad. Sin embargo, advierte que por el momento no se han apreciado tensiones significativas en los mercados, lo que muestra que los inversores consideran que el conflicto se aliviará con el tiempo y no tendrá un mayor impacto. El Banco de España tampoco ha apreciado ninguna tensión en los depósitos de las entidades catalanas, lo que refleja que los ahorradores tampoco están preocupados sobre el futuro de Cataluña.

La tensión en Cataluña podría tener efectos negativos sobre la confianza, las decisiones de gasto y los costes de financiación

La ralentización de la economía se produce principalmente por tres factores que hasta ahora han apoyado el crecimiento y que empiezan a tener un sesgo neutro o incluso contractivo. El primero es la subida del precio del petróleo, que lleva algo más de un año con tasas positivas de crecimiento, lo que eleva el coste de las importaciones (una variable que resta al PIB) y reduce la renta disponible de las familias, lo que afecta al consumo.

El segundo factor es el ajuste fiscal para cumplir con los objetivos de déficit fijados por la Comisión Europea. El BdE estima que España cerrará el año con un desfase presupuestario del 3,2% del PIB, una décima por encima del límite fijado por Bruselas, por lo que "tendrá que hacer una ejecución presupuestaria muy estricta para cumplir con el objetivo". Para 2018, sin cambios en la política fiscal y sólo por el incremento de la recaudación gracias a la mayor actividad económica, el déficit caería hasta el 2,6%, por encima del 2,2% fijado por Bruselas. Esto significa que las cuentas de las diferentes Administraciones también tendrán que ser restrictivas, lo que afectará a la demanda interna y al crecimiento.

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Por último, el Banco de España anticipa una ligera ralentización del consumo privado en bienes duraderos (por ejemplo, electrodomésticos). La explicación radica en que en los últimos años el consumo per cápita ha sido muy elevado, lo que refleja que las familias renovaron todos los equipos que no habían cambiado durante la crisis. Sin embargo, este efecto es temporal, ya que los bienes duraderos no se adquieren continuamente, lo que anticipa una ralentización de la demanda de las familias.

El paro caerá del 13% en 2019

A pesar de la desaceleración del crecimiento, la economía seguirá inmersa en un ciclo expansivo que permitirá continuar con la senda de creación de empleo y reducción del paro. El ritmo del empleo del tercer trimestre refleja esta cierta ralentización, ya que después de crecer un 3% en 2016 (puestos de trabajo a tiempo equivalente), este año crecerá un 2,7%, un 2,2% en 2018 y un 1,8% en 2019.

Este dinamismo, unido a la caída de la tasa de actividad, mantendrá también el ritmo de reducción de la tasa de paro. En concreto, el Banco de España considera que el desempleo terminará el año en el 16,3%, un descenso de 2,3 puntos respecto al año anterior, y seguirá cayendo hasta el 12,9% en 2019. En esta caída del paro tendrá una importancia capital el descenso de la tasa de actividad, esto es, el porcentaje de la población que está ocupada o que busca de forma activa un empleo. Los países desarrollados están asistiendo a un proceso de paulatina reducción de la tasa de paro, en especial por la prolongación del periodo de formación de los jóvenes y por el envejecimiento (la actividad es menor a medida que las cohortes se aproximan a los 65 años). La entidad estima que la población activa caerá un 0,5% este año y un 0,3% y un 0,2% en los dos próximos ejercicios.

En cuanto a la evolución de los salarios, el Banco de España considera que no sería apropiado establecer una subida única para todas las empresas, ya que la situación de cada compañía y de los distintos sectores es diferente. Así, estima que lo más lógico sería que la retribución de cada compañía avanzara en función a su rentabilidad, de modo que las empresas que más ganen, suban más los salarios que las que estén en pérdidas, que no podrían asumir tal avance en sus cuentas. Por ejemplo, según los datos de la Central de Balances del BdE, en 2016 hubo un 25% de las empresas con una rentabilidad superior al 15%, compañías que podrían subir los salarios sin demasiado esfuerzo. Pero, al mismo tiempo, todavía hay un 22% con rentabilidades negativas, con lo que tendrían graves problemas para mejorar la retribución de sus trabajadores y mantener su actividad.

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