CAMBIO DE TENDENCIA

Los jubilados reducen su consumo ante la incertidumbre de las pensiones

Es la primera vez que los hogares en los que el cabeza de familia es mayor de 65 años reducen su gasto, y lo hacen en un momento en que el consumo está acelerando

Foto: Un grupo de jubilados disfruta de la playa de la Concha de San Sebastián. (EFE)
Un grupo de jubilados disfruta de la playa de la Concha de San Sebastián. (EFE)

El círculo virtuoso que genera la creación de empleo y el aumento del consumo de las familias —dos indicadores que se retroalimentan— está sosteniendo la sólida recuperación de la economía española. Sin embargo, hay algunas capas de la sociedad que están conteniendo su gasto a pesar del incremento de la renta, con el consiguiente aumento de su tasa de ahorro. Es el caso de los hogares en los que el principal sustentador tiene más de 65 años, que entre 2014 y 2015 redujeron su consumo un 0,12% cada año. Es una caída limitada, pero que supone el primer descenso desde el estallido de la crisis y contrasta con el buen ritmo del consumo en el resto de hogares. Esto significa que el patrón de consumo de estos hogares está siguiendo el camino inverso que el del resto de las familias españolas, una situación inédita en la economía española.

A pesar de la recuperación económica, este grupo social se enfrenta a un futuro incierto debido a la debilidad del sistema público de pensiones. La 'hucha de las pensiones' ya casi se ha vaciado y el déficit de la Seguridad Social sigue sin reducirse, lo que alerta a los jubilados sobre el futuro de su prestación. El Pacto de Toledo está discutiendo la futura reforma del sistema, pero los problemas demográficos generan una presión evidente sobre las cuentas públicas.

Por el momento la normativa vigente es la de 2013, reforma del Partido Popular que asegura la sostenibilidad del sistema a largo plazo, pero lo hace bajando paulatinamente las pensiones hasta ajustar los gastos a los ingresos. ¿Quién asegura a los pensionistas que su futuro no será perder poder adquisitivo año a año?

Ante una situación de incertidumbre, los hogares acostumbran a reducir su consumo y elevar su tasa de ahorro. En el caso de los mayores de 65 años, sus rentas no dejan de crecer debido al efecto sustitución: los nuevos jubilados entran en el sistema con prestaciones mayores de los que se mueren. Además, en los años 2014 y 2015, la caída del IPC —unida a la revalorización de las pensiones del 0,25% anual— elevó su poder adquisitivo. Sin embargo, pese al aumento de la renta, su consumo ha disminuido, según refleja el estudio 'La recuperación del consumo privado en España', publicado por Marta Martínez Matute y Alberto Urtasun en el Banco de España.

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Este descenso supone un cambio de tendencia importante, ya que durante los peores años de la crisis (2008-2013) estos hogares congelaron su consumo, pero en ningún momento lo redujeron, como hicieron el resto de familias. Una situación que refleja que, en esta ocasión, los mayores de 65 años sí temen por el futuro de su prestación, una preocupación que no existía durante los años de recesión, cuando todavía existía un remanente en el Fondo de Reserva de la Seguridad Social.

El mayor esfuerzo que han hecho estos hogares para ahorrar está en las diversas facturas del hogar (incluido el alquiler). Los gestos cotidianos, como apagar la luz para reducir el consumo de electricidad o cerrar el grifo del agua, suponen la principal fuente de ahorro. El conjunto de facturas de la vivienda se redujo de media un 2,26% anual entre 2014 y 2015. A pesar del incremento en el precio de la luz y del gas, estos hogares han conseguido reducir su gasto total, lo que ha supuesto un esfuerzo importante para las familias.

Este descenso supone un cambio de tendencia, ya que durante la crisis estos hogares fueron quienes sostuvieron el consumo en España

Donde no han podido ahorrar es en los bienes de primera necesidad: alimentos, medicamentos y servicios de transporte, pero sí han conseguido congelar este gasto. En este periodo, el crecimiento apenas ha alcanzado el 0,9%, mientras que en el conjunto de la economía el avance ha sido del 2,8% anual, tres veces superior.

El paro crónico

La situación de precariedad es similar en el caso de los hogares en los que el principal sustentador está en el paro. La crisis ha golpeado con fuerza a esta parte de la población que se ha quedado fuera del mercado laboral debido al bajo capital humano que aporta. Estos parados de larga duración llevan años 'apretándose el cinturón' y todavía siguen en ello.

El consumo en estos hogares se desplomó a ritmos del 6,25% anual durante la crisis, el doble que en el resto de familias, y entre 2014 y 2015 los ingresos se han estancado, con un avance del 0,15%. Una situación que contrasta con el crecimiento del consumo del 3,65% en los hogares en los que el principal sustentador está empleado.

El nivel de formación tiene una importancia capital para encontrar trabajo y para acceder a mejores rentas. Los resultados del capital humano también se perciben en este análisis publicado por el Banco de España, ya que los hogares en los que el principal sustentador tiene estudios superiores son los que más rápido están aumentando el consumo: un 4,4% agregado entre 2014 y 2015, casi dos puntos más que en el conjunto de la economía. Además, fueron estos hogares quienes menos redujeron su consumo durante la crisis (2008-2013), con un descenso del consumo del 3,73%.

Los hogares recuperan el consumo perdido

En el conjunto de la economía, el consumo se ha convertido en el principal motor del crecimiento. Repunta sobre todo el gasto en bienes duraderos (ropa, calzado, muebles, vehículos, teléfonos, cámaras, jardinería, mascotas, etc.): se disparó un 5% entre 2014 y 2015, si bien fue la categoría que más descendió durante la crisis (-6% entre 2008 y 2013). "Durante la etapa recesiva se acumuló una necesidad de compra de este tipo de bienes, lo que impulsó su consumo en fase de recuperación", justifica el estudio del Banco de España.

También sube un 2,7% el gasto en productos de primera necesidad y aumenta un 4,2% en bienes no duraderos (bebidas, tabaco, alcohol, servicios médicos, telefonía, vacaciones, hoteles o restauración). No ocurre lo mismo con los bienes no ajustables (vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles), única categoría en la que se produce una caída (-1,6%) entre 2014 y 2015.
Economía

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