FEBRERO MARCARÁ LA MAYOR INFLACIÓN DESDE 2012

La inflación apunta a un 3% y anticipa una pérdida general de poder adquisitivo

España comienza a perder competitividad. En febrero, según Funcas, el IPC crecerá hasta el 3%. Se aleja así de la media de la UE, hacia donde va la mayoría de las exportaciones

Foto: Foto: EFE.
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Los tiempos de la inflación baja —medida por el Índice de Precios de Consumo (IPC)— se alejan. Hasta el extremo de que en febrero la tasa interanual (los últimos 12 meses) escalará hasta el 3%. Es decir, el nivel máximo desde octubre de 2012, en plena recesión. Eso es lo que estima Funcas, que prevé que ya en enero (hasta el día 31, no se conocerá el dato adelantado), el IPC se sitúe en el 2,6%.

A partir de ese 3%, la tasa anual de inflación comenzará a descender, hasta situarse (en media anual de los últimos 12 meses) en el 2,2%, el nivel más elevado desde 2012. Esto significa que España deja atrás tres años consecutivos en los que el IPC ha sido negativo en términos de media anual.

Es decir, la economía ha dejado de coquetear con la deflación. Algo que ha permitido a las familias recomponer parte de su renta disponible perdida durante la crisis. En los últimos tres años, tanto los salarios (1,1% de incremento en 2016) como las pensiones (0,25%) han subido más que la inflación en media anual, que es la forma más rigurosa de medir el impacto que tienen los precios sobre el bolsillo de los hogares.

No sucederá eso en 2017. El servicio de estudios del BBVA estima que el IPC medio anual se situará en el 1,7%, mientras que la remuneración por asalariado crecerá un 1,2%. El servicio de estudios de Mapfre, por su parte, prevé que la inflación camine hacia el 1,2% (3% a nivel global tanto en 2017 como en 2018), según Manuel Aguilera, su responsable. El propio Ministerio de Economía estima para este año un deflactor del PIB (el conjunto de la inflación de la economía y no solo el IPC) equivalente al 1,5%. La patronal CEOE, como se sabe, ha recomendado a sus afiliados una revisión salarial de hasta el 1,5%. Y hasta el 2% si hay ganancias de competitividad.

Todas estas previsiones se han realizado días antes de que las fuertes heladas hayan encarecido de manera intensa los precios de producción eléctrica, lo que significa que, incluso, el IPC es muy probable que haya escalado en febrero alguna décima más que ese 3% que prevé Funcas. De hecho, el Gobierno también ha encarecido la bombona de butano, lo cual tendrá impacto en el IPC. El butano ha subido un 14,5% desde el mes de julio. Los elevados fríos invernales también tendrán efectos sobre los alimentos no elaborados, en particular frutas y hortalizas, cuyo precio, ya en diciembre, creció un 7,4% respecto del mes anterior.

El ministro de Energía, Álvaro Nadal, ya avanzó hace unos días que, según sus estimaciones, el encarecimiento del recibo de la luz costará como media unos 100 euros a cada familia. Es decir, teniendo en cuenta que en la actualidad, según Estadística, hay 18,45 millones de hogares, la factura está muy cerca de los 2.000 millones de euros (una misma familia puede tener varias viviendas).

España pierde competitividad

De confirmarse la previsión, España seguirá perdiendo competitividad en términos de precios respecto de la Unión Europea, un problema histórico de la economía que la crisis liquidó temporalmente.

Ya en diciembre, el IPC armonizado español correspondiente al conjunto del año 2016 ha sido tres décimas más elevado que en la media de la eurozona en términos acumulados. Hacia allí se dirigen dos tercios de las exportaciones españolas, lo que refleja la importancia de este indicador. Especialmente relevante para los bienes manufacturados destinados a la venta en el exterior, como los automóviles. Por el contrario, su impacto sobre los servicios (turismo) será menor, ya que la competitividad está vinculada no solo al precio, sino a otros factores.

El fuerte repunte de la inflación —se habrá pasado del -1,1% al 3% en menos de un año— tiene que ver, fundamentalmente, con el encarecimiento del crudo, con una clara tendencia al alza desde la primavera del año pasado. Actualmente, el barril de petróleo (159 litros) se mueve en el entorno de los 53 dólares, por encima de los 43,3 dólares en que se situó en media anual en 2016, y un valor similar al del año 2015.

Un año antes, el precio del petróleo alcanzó una media en el año de 99,4 dólares, pero a partir de ahí cayó en picado, lo que ha favorecido el crecimiento de la renta disponible. Pero si España ha sido uno de los países más beneficiados de Europa por su enorme exposición a los precios del crudo (debido a su dependencia energética con el exterior), ahora sucede exactamente lo contrario. El alza del petróleo castiga el crecimiento, algo que explica (junto a la pérdida de eficacia de la política monetaria ultraexpansiva) que el PIB vaya a crecer en 2017 alrededor de un 2,5%, por debajo del 3,3% previsto para 2016.

Sin embargo, la inflación subyacente (que representa el 88,2% del PIB), y que elimina los componentes más volátiles del IPC (productos energéticos y alimentos no elaborados), continúa siendo muy moderada. En concreto, la inflación estructural se sitúa en el 1%, todavía muy lejos de los objetivos del BCE en su estrategia de política monetaria que, como se sabe, se sitúa en el 2%. La inflación subyacente, de hecho, se mantiene en el entorno del 1% desde hace seis trimestres. Pero el indicador que sirve para evaluar la capacidad de compra de salarios y pensiones es el IPC, y no la inflación subyacente, que tiene un carácter estructural y no de recomposición inmediata de rentas.

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