El directivo patronal marcó la política de comercio durante 30 años

Fin de una era en las rebajas: el mutis por el foro del lobista de los 'botiguers'

La Confederació de Comerç de Catalunya está sumida en un proceso concursal con un pasivo de cinco millones que ahora nadie quiere asumir y del que se culpa al exsecretario

Foto: Rebajas en Cataluña. (EFE)
Rebajas en Cataluña. (EFE)

Las rebajas en España tenían dos imágenes clásicas: aquellas dos jubiladas que se transmutaban en Jesse Owens cuando se abrían las puertas de El Corte Inglés y la de un señor bajito y con barba rodeado de micros hablando de las previsiones que tenía el sector para esa época de grandes descuentos. Este 2017, las señoras ya no son lo que eran y el señor con barba ha desaparecido. Nadie le ha sustituido ante los medios. Pero pocos fuera del mundo empresarial saben que se llamaba Miguel Ángel Fraile y que lo fue todo en el sector del comercio. La administración ha perdido a un interlocutor y el sector a todo un referente. El lobista perfecto se ha despedido a la francesa.

Miguel Ángel Fraile.
Miguel Ángel Fraile.

No ha sido posible contactar con Fraile para hacer esta información. El hombre que siempre se ponía al móvil ahora se encuentra ilocalizable. Quizá por consejo legal, ya que la Confederació de Comerç de Catalunya está sumida en un proceso concursal con un pasivo de 5 millones que ahora nadie quiere asumir tras descubrirse unas pérdidas de 2,6 millones, que la actual junta atribuya a mala gestión de Fraile, quien ejerció como secretario general durante décadas. El juez y el administrador concursal deberán pronunciarse sobre el fondo de la cuestión.

En el mundo actual es difícil entender el poder que llegó a acumular Fraile en el sector comercial, teniendo en cuenta que ni siquiera tenía una tienda. Fraile jugó un papel clave en la moratoria comercial que hizo de Cataluña la comunidad autónoma con menos centros comerciales, con un modelo basado en proteger al pequeño comercio. También fue determinante en las medidas que impuso el Gobierno a la fusión de Pryca y Continente y que obligó en el año 2000 al ahora Carrefour a vender 17 de sus centros en España. No hace tanto todavía resultó clave en conseguir para el 'conseller' de Economía Andreu Mas-Colell que los comercios de toda Cataluña vendiesen La Grossa, una lotería navideña que aspiraba a servir de alternativa al tradicional Gordo de Navidad y, de paso, aliviar un tanto la crónica falta de fondos de las arcas catalanas, según explican fuentes del sector.

Identificado tradicionalmente con el poder de Convergència en Cataluña y con el pujolismo, convertido en el representante del mito sociológico del 'botiguer' conservador, base electoral de las victorias de Jordi Pujol, Fraile fue mucho más. Como recuerda uno de los altos funcionarios que negoció con él durante años, y que prefiere no identificarse, la ventaja de Fraile es que lo que firmaba en la mesa de negociación, luego se cumplía. Suena raro, en un momento en que, por ejemplo, la CUP acuerda una cosa y luego hace la contraria. Artur Mas sabe algo de este cambio de paradigma.

A la sombra de Pere Llorens

Fraile prosperó a la sombra del ya fallecido Pere Llorens, quien fue presidente de la confederación durante décadas y que mantuvo un importante peso dentro de la patronal Fomento del Trabajo. Llorens le contrató y Fraile fue asumiendo más y más poder con los años. Con la confianza de Pere Llorens y el apoyo inicial de Unió —era la época de finales de los ochenta en que era 'conseller' de Comerç el democratacristiano Lluís Alegre— Fraile fue aprendiendo los recovecos del lobista. La administración confiaba en él porque cumplía los acuerdos y por su tendencia al diálogo y eso le fue reportando un amplio margen de maniobra para representar a todos los comerciantes. Incluso entre 2004 y 2011, ejerció la presidencia de la Confederación de Comerciantes de España, aunque en la práctica siguió siendo el representante de Pere Llorens en la Tierra, o en Madrid, que para el caso era lo mismo.

El auge y caída de Miguel Ángel Fraile ha sido paralelo a la trayectoria de los partidos políticos en los que apoyó su carrera: Unió y CDC

Cuando el área de Comercio pasó a estar en manos convergentes Fraile no tuvo ningún problema, pese a sus orígenes democratacristianos, en entenderse con los nuevos mandamases. Primero con Antoni Subirà, casado con una prima de Jordi Pujol. Luego con los republicanos, en la época del triparto, cuando el titular fue Josep Huguet. Los gobiernos en el Palau de la Generalitat cambiaban pero Fraile seguía allí, marcando el paso de una política comercial en la que poco a poco iban entrando nuevos actores. Las calles que antes ocupaban los 'botiguers' de siempre a los que representaba Fraile eran ocupadas de manera paulatina por las diferentes marcas de Inditex, por Mango, o por multinacionales como Benetton o H&M. Pero Fraile desafiaba al verso de Neruda, aquel que reza “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”.

El ocaso de Fraile coincide también con el finiquito de Unió y de Josep Antoni Duran i Lleida. La ironía ha querido que tanto el partido democratacristiano como la Confederació de Comerç de Catalunya diriman sus últimos estertores en los tribunales mercantiles sumidos en sendos procesos concursales que solo llevan a la liquidación. Pero su mundo, seguramente, había acabado mucho antes. En un país en el que Amancio Ortega está en los primeros puestos de la lista Forbes, más tarde o más temprano alguien se preguntaría a quién representaba de verdad Miguel Ángel Fraile. Fraile se adaptaba a los gobiernos, incluso se hizo independentista en el momento justo, ni antes ni después de cuando tocaba. Pero nada podía contra fenómenos como Pontegadea y similares, que iban expulsando de vías tan emblemáticas como Passeig de Gràcia o la Diagonal a sus asociados para que fuesen a caer en manos de las filiales de LVMH, dispuestas a pagar una mayor rentabilidad por los locales comerciales.

Calle comercial de Barcelona. (EFE)
Calle comercial de Barcelona. (EFE)


Plaga liberalizadora

Cual plaga liberalizadora, la caída en desgracia de Miguel Ángel Fraile ha coincidido con un año, este 2017, en el que los catalanes se lamentan de que no saben cuándo comienzan las rebajas. Sin Fraile ha desaparecido el orden natural y los descuentos, como si fueran de Bilbao, campan cuando y dónde le rota a cada establecimiento. Barcelona es como Madrid o como cualquier gran ciudad europea. El modelo comercial catalán, que la Generalitat siempre había puesto de ejemplo, ha saltado por los aires al perder a su principal valedor en la sombra.

Casi en paralelo el partido de los 'botiguers' por excelencia, CDC, ha desaparecido, Y se ha refundado en el PDeCat, con una pérdida de militantes solo comparable a la manera en que se ha laminado su base tradicional de votantes. Los tenderos con éxito enviaron a sus hijos a estudiar a Estados Unidos, y los otros no consiguieron que sus vástagos le vieran encanto alguno a un trabajo que te obligaba a trabajar todos los sábados por la tarde. Tal vez por eso el nuevo mantra del PDeCat es la independencia: proteger al pequeño comercio ya no iba a tener entre los catalanes el tirón de antaño.

Miguel Ángel Fraile ha sido más que un lobista, más que un diseñador de políticas económicas. Representa el símbolo de una era, de un estilo de hacer política y de un modelo de negocio que ha sido dinamitado por la globalización y el 'fast retail'. En lo económico la figura de Fraile se había convertido en anacrónica, en lo político corría el riesgo de volverse ineficaz y en lo sociológico había quedado más que desfasada. Fraile fue Cataluña pero Cataluña ya no es como Fraile. Guarden un minuto de silencio por ese señor bajito la próxima vez que entren en el “chino” de su barrio.

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