EL PORTUGUÉS VÍTOR CONSTÂNCIO ACABA MANDATO EN JUNIO DE 2018

Rajoy exige un sillón en el BCE para compensar el rescate de la banca en Italia

El Gobierno quiere sentarse como sea al lado de Mario Draghi, a ver si así consigue que se le pegue algo del poderío con que Italia ha demostrado que se maneja en Europa

Foto: El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, junto al presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy. (Reuters)
El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, junto al presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy. (Reuters)

Dice el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, que la política también consiste en hacer de la necesidad virtud y ese parece ser el empeño que se ha propuesto el presidente Rajoy después de comprobar el diferente rasero con que la Unión Europea trata con mano de seda a la banca italiana en lugar de utilizar el guante de hierro ajustado a las entidades financieras en el rescate solicitado por España a mediados de 2012. Está visto que, más allá de las palmaditas en la espalda con que se aplaude la obediencia debida al dictado comunitario, el Gobierno ha perdido influencia en las cancillerías y necesita recuperar la estima internacional mediante el acceso a puestos de representación institucional que pongan en valor el supuesto liderazgo que tanto gusta paladear de boquilla a nuestros más ilustres dirigentes económicos.

El primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, en una rueda de prensa. (Reuters)
El primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, en una rueda de prensa. (Reuters)

El regate en corto realizado por el nuevo primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, para sortear la normativa europea de resolución bancaria constituye un verdadero estrambote para muchos de los fundamentalistas comunitarios que todavía creen en la ortodoxia de las reglas impuestas por Bruselas. La capacidad de los políticos transalpinos para escurrir el bulto de sus compromisos incumplidos tiene más inri pero no menos mérito si se considera el tiempo perdido por Matteo Renzi, que consiguió dilatar el auxilio financiero a sus bancos para no contaminar su célebre y fallido referéndum constitucional. Europa escondió la cabeza bajo el ala para no inflamar los populismos y ahora este mismo argumento ha prendido con fuerza en los responsables comunitarios para dar un poquito más de árnica al nuevo Gobierno italiano.

Italia había esquivado en junio la exigencia de un ‘bail in’ que, teóricamente, obligaba a pagar el pato del rescate a los accionistas y tenedores de deuda subordinada. La acumulación en manos particulares de bonos emitidos por las entidades financieras se consideró hasta hace poco tiempo una de las grandes ventajas de Italia frente a España en la composición de su deuda. Mientras nuestro país se ventilaba su futuro con acreedores extranjeros, en Roma se hacía alarde de la garantía que implicaba el reparto doméstico de las cargas. Lo que no decían los portavoces del análisis comparativo era que, al final, Bruselas habría de hacer la vista gorda para que los pequeños ahorradores italianos no tengan que perder parte de su inversión como se supone que mandan los nuevos cánones imperantes en el sistema financiero de la Unión Europea.

La argucia reglamentaria ha obligado a recurrir a la letra más pequeña de la actual y vulnerada directiva de reestructuración bancaria, que, al parecer, permite espantar a los vigilantes de la playa y demás fantasmas financieros cuando las ayudas públicas a los bancos tienen por objeto tapar agujeros previamente advertidos por los test de estrés. Ni que decir tiene que de no mediar un argumento tan atrabiliario se hubiera acudido a cualquier otra coartada de similar naturaleza. Sabido es que siempre existe un pretexto cuando es preciso justificar un expediente, incluyendo en este caso el que ha de permitir a Italia inyectar 20.000 millones de euros, por el momento, a sus bancos sin que ello suponga la más mínima señal de alarma sobre el necesario ajuste estructural de una deuda pública que supera con creces los dos billones de euros y supone más del 135% del PIB nacional.

Italia ha conseguido el favor de la Comisión Europea para rescatar a los bancos con un rasero mucho más favorable que el aplicado en España el año 2012

La recapitalización del banco más antiguo del mundo, el Monte dei Paschi di Siena, se elevará finalmente a cerca de 9.000 millones de euros frente a los 5.000 que se habían previsto inicialmente y las ayudas estatales alcanzarán de entrada los 6.500 millones de euros. Todo ello sin más recriminación que la pertinente advertencia a pie de página con que suele destacarse el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, en su papel de halcón financiero de la Unión Europea metido esta vez en labores de ‘Pepito Grillo’ por aquello de no decepcionar al respetable. Alemania no podía quedarse impasible ante el sonrojo que el rescate italiano produce a los legisladores comunitarios pero una vez más es menester salvar al soldado transalpino en medio del silencio cómplice del resto de Estados miembros.

España ha dado también la callada por respuesta y ninguno de los responsables económicos del Gobierno ha levantado la voz ante la discriminación de este nuevo ‘sorpasso’ en versión bancaria. En el Banco de España mantienen también la boca callada no se sabe muy bien si por temor reverencial a los jefes de Fráncfort o por cortesía institucional con su ministro tutor, Luis de Guindos. Sea como fuere está claro que nuestros socios siguen estando varios cuerpos por delante en capacidad y ascendencia política dentro de Europa y eso es algo que permite a Italia almorzar a la carta en Bruselas mientras España sigue comiendo de menú o tiene que conformarse con las sobras pendientes que van quedando por el camino.

Los ministros Dolors Montserrat y Luis de Guindos, en el Senado. (EFE)
Los ministros Dolors Montserrat y Luis de Guindos, en el Senado. (EFE)

Tirando de estos retales y gracias a su trabajada agenda de los últimos años el hasta ahora subgobernador del Banco de España, Fernando Restoy, ha conseguido un puesto en el Banco Internacional de Pagos de Basilea (BIS por sus siglas en inglés) como presidente del Financial Stability Institute, un organismo encargado de prestar apoyo a los supervisores y reguladores mundiales pero que tampoco tiene un carácter ejecutivo en la toma de decisiones. Con menor boato y si se apura un poco de puntillas para no levantar suspicacias la ex secretaria general del Tesoro, Rosa Sánchez-Yebra, ha aprovechado también el hueco que había en el desconocido Banco de Desarrollo del Consejo de Europa donde ejerce desde hace unas semanas como flamante vicepresidenta.

En cualquier caso y como diría el clásico, “buen puñado son tres moscas” porque España está a verlas venir desde que la troika y los hombres de negro montaron su tienda de campaña en nuestro país a finales de 2012. La reválida económica se aprobó hace meses e incluso el crecimiento del PIB mejora con creces el de la eurozona, por lo que va siendo hora de que el Gobierno convalide también su título y, una vez superado el bloqueo político, reclame el diploma que le corresponde en Bruselas. La Unión Europea tiene varios y diversos cuadros de honor en los que España merece un lugar de acogida, no como si fuera un refugiado ocasional sino como socio de pleno derecho que, además de cumplir sus deberes, no rechista ante las debilidades de sus compañeros de fatigas.

El cese de Jaime Caruana en el BIS deja a Fernando Restoy como único representante español con cierto pedigrí en las instituciones financieras de la UE

El rescate bancario a la italiana es el argumento tácito que quiere emplear Rajoy para asegurar lo que todo el mundo da por hecho pero nadie se atreve a garantizar de antemano. El codiciado objeto de deseo es en este momento la vicepresidencia del Banco Central Europeo (BCE) que el portugués Vítor Constâncio dejará vacante en junio de 2018. Un año antes es preciso disponer de candidato y a poder ser evitando competencias desleales que terminen arruinando las expectativas, como ya le pasó al propio Luis de Guindos con su eterno rival, el holandés Jeroen Dijsselbloem, en el fallido intento por alcanzar la presidencia del Eurogrupo.

Otro cargo de mayor nivel si cabe y que también figura en la agenda opcional del Gobierno es el comité de supervisión del propio BCE, que ahora dirige la francesa Danièle Nouy y cuyo mandato termina a finales del próximo año. De una forma u otra, Rajoy quiere disponer de un sillón al lado de ‘SuperMario’ Draghi. De esta forma se podrá compensar el vacío español dejado hace casi cinco años por José Manuel González Páramo en el comité ejecutivo del propio regulador bancario e incluso la reciente salida de José Viñals del directorio ejecutivo del FMI o la ya inminente de Jaime Caruana como director general del BIS. Pero lo más importante, sin duda, será que España pueda sentarse al lado del gran valedor italiano a ver si así consigue que se le pegue algo del garbo y poderío con que nuestros vecinos mediterráneos saben manejarse por Europa.

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