tendrá que reducir el déficit en más de dos puntos

Recortes o multa: el próximo Gobierno se enfrenta al mayor ajuste de la democracia

El nuevo Gobierno se enfrenta al mayor ajuste de la democracia. Debería ser superior a 2,4 puntos si se cumple la senda de reducción del déficit planteada por Rajoy a Bruselas

Foto: La vicepresidenta del Gobierno en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría, acompañada por los ministros de Economía y de Hacienda, Luis de Guindos (i) y Cristóbal Montoro. (Foto: EFE)
La vicepresidenta del Gobierno en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría, acompañada por los ministros de Economía y de Hacienda, Luis de Guindos (i) y Cristóbal Montoro. (Foto: EFE)

La posible rebaja (o anulación) de la sanción a España por incumplir los objetivos de déficit en 2015 no saldrá gratis. El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, lo expresó con nitidez este lunes al comienzo de la reunión de los ministros del euro: “La cuestión es qué van a hacer estos países este año [por España y Portugal] y los próximos para resolver sus problemas fiscales”.

En román paladino, eso quiere decir que Bruselas está dispuesta a rebajar la cuantía de la multa (hasta 2.000 millones de euros y congelación de fondos estructurales) a cambio de nuevos ajustes. O lo que es lo mismo, el próximo Gobierno tendrá que hacer un nuevo programa de consolidación fiscal que resulte creíble para las autoridades comunitarias.

Hasta ahora, el único plan que está sobre la mesa es una nueva senda aprobada por el actual Gobierno que aún no ha recibido el visto bueno oficial de Bruselas. Entre otras cosas, porque el autor es un Ejecutivo en funciones que todavía tiene que ganarse la confianza del Parlamento. Y no está claro que lo vaya a aceptar la UE. Desde luego, no por lo que expresan los números (De Guindos y Montoro prevén que España salga del Protocolo de Déficit Excesivo en 2017), sino por las dudas que genera su cumplimiento.

Hay razones para pensar que el nuevo Gobierno -si no hay terceras elecciones- no estará plenamente operativo hasta el final del verano, lo que significa que en los Presupuestos del Estado para 2017 debería aprobar un duro programa de ajuste, toda vez que 2016 será, con toda probabilidad, un año casi perdido desde el punto de vista del ajuste fiscal.

En los Presupuestos, el Gobierno debería aprobar un duro programa de ajuste, toda vez que 2016 será un año perdido desde el punto de vista del ajuste fiscal

La Comisión Europea y la Autoridad Fiscal Independiente (AIReF) ya han advertido de que este año España tampoco cumplirá la senda pactada con anterioridad, y economistas como José Ignacio Conde-Ruiz, subdirector de Fedea, han estimado que si en los próximos meses las cuentas públicas siguen por la misma senda que la del año pasado, España terminará 2016 con un déficit que se situará dos décimas por encima del registrado en 2015, cuando el desequilibrio cerró en el 5,1%.

Eso significa que habría que pasar en apenas un año de un déficit del 5,3% del PIB al 2,9% previsto en la última actualización del Programa de Estabilidad entregado por De Guindos, lo que parece un descenso verdaderamente significativo, habida cuenta de lo que ha sucedido en los últimos años. Entre el año 2009, que marca el mayor déficit desde 1959 con un desequilibrio equivalente al 11% del PIB, y el año 2015 (un 5,1%), la diferencia entre ingresos y gastos se ha reducido en 6,1 puntos, lo que supone una media de un punto por año.

Los ingresos pierden dinamismo

Igualmente, entre 2011 y 2015 -los cuatro años de poder del actual Gobierno-, el déficit ha pasado del 9,6% del PIB al 5,1%. Por lo tanto, ha bajado en 4,5 puntos en cuatro años. Ahora, y en un contexto muy distinto, el nuevo Ejecutivo tendría que reducirlo en solo un ejercicio en 2,4 puntos del PIB (unos 24.000 millones de euros), lo que parece a todas luces exagerado.

El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem. (EFE)
El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem. (EFE)

Entre otras cosas, porque el PP (si Rajoy logra finalmente la investidura) no podrá gobernar con mayoría absoluta, lo que obligaría a sus socios de gobierno a respaldar duros ajustes que no han generado. Algo más que evidente, a la luz de la pérdida de tracción de los ingresos, como aseguraba el último informe de BBVA Research. Los datos confirman “la pérdida de dinamismo de los ingresos públicos”, sostenía su servicio de estudios.

Lo que parece cada vez más claro es que este año España difícilmente podrá cumplir el 3,6% previsto en el Programa de Estabilidad. De hecho, el déficit del Estado se ha situado ya en mayo por encima del previsto para todo el año, mientras que ni la Seguridad Social ni la mayoría de las regiones logran cuadrar sus cuentas.

Así las cosas, no es de extrañar que ayer Dijsselbloem enviara un mensaje que hoy, en el Ecofin, volverá a salir con toda crudeza para España: "Es muy importante la cuestión de qué van a hacer los países este año y los próximos”, y entonces, “será más fácil para la Comisión [Europea] tomar una decisión”. En todo caso, la decisión sobre la multa y la nueva senda fiscal podrían llegar, aunque parece improbable, en la última reunión del colegio de comisarios antes del parón estival, el próximo 27 de julio.

Solo queda la vía del ajuste fiscal. Ya sea aumentando los ingresos o reduciendo los gastos. O haciendo un 'mix', que es lo que ha hecho el actual Gobierno

Lo que está claro es que la inflación, que en otros momentos ha ayudado a suavizar la cuantía del déficit en relación al PIB, no ayudará en esta ocasión. Como ha reconocido el Gobierno en funciones en la actualización del Programa de Estabilidad, a pesar del impulso de la demanda interna, el ritmo de crecimiento del deflactor del consumo privado se mantendrá en el periodo 2016-2019 por debajo del objetivo de inflación del 2% fijado por el Banco Central Europeo para la zona euro.

Es decir, solo queda la vía del ajuste fiscal. Ya sea aumentando los ingresos o reduciendo los gastos. O haciendo un 'mix' entre las dos políticas, que es lo que ha hecho el actual Gobierno en los últimos años. Según las previsiones del Gobierno, los ingresos deben situarse en el entorno del 38% del PIB hasta 2020, lo que parece insuficiente para poder alcanzar un déficit del 2,2% en 2018, salvo que el gasto público se reduzca de forma drástica. Algo que le tocará decidir al próximo Gobierno.

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