índice de comercio al por menor

Los nuevos hábitos de consumo hunden el gasto en alimentación

Los nuevos hábitos de consumo y la realidad demográfica están influyendo en la alimentación. Su peso en la cesta de la compra se reduce de forma acelerada

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El comercio al por menor se ralentiza. Todavía avanza un 2,3% en términos anuales, pero en mayo registró un significativo descenso mensual (-0,9%) que enfría la recuperación. Fundamentalmente, por el retroceso de lo que el INE denomina equipo personal (textil y sus accesorios o cosméticos), pero, sobre todo, por el pobre comportamiento de la alimentación. Las ventas de alimentos, en concreto, caen a un ritmo mensual del 1,8%.

No se trata de un mes aislado. Se trata del menor descenso (0,3% entre enero y mayo de este año) desde que la economía española salió de la recesión. En 2014, la venta de alimentos se incrementó un 0,9%, y un 0,6% en 2015, lo que refleja una suave desaceleración. Con base 100 en 2010, el índice de ventas en alimentación se sitúa en 90,9 puntos, algo que muestra un cambio estructural en los cambios de consumo de los hogares españoles.

La última Encuesta de Presupuestos Familiares indica, en concreto, que los españoles destinaron a alimentos y bebidas no alcohólicas 4.125 euros, lo que representa el 15,1% del presupuesto. Carne (3,6% del gasto total), pan y cereales (2,3%), leche, queso y huevos (1,8%) y pescado (1,8%) fueron los consumos más relevantes.

La alimentación, sin embargo, ocupa un papel cada vez menos relevante en los hábitos de consumo de los españoles. En 1976, al comienzo de la democracia, el 40,5% de la cesta familiar se destinaba a abastecer de comida y bebida a los hogares; en 1983, esa ponderación había bajado al 33%, pero en 1992 ya se había situado en el 29,4%. Ahora, y según la cesta de ponderaciones que utiliza el Instituto Nacional de Estadística (INE) para calcular el IPC, apenas el 18,74% del gasto de las familias se destina a la alimentación, lo que refleja los nuevos hábitos de los hogares.

En 2015, incluso, y según la Encuesta de Presupuestos Familiares, el gasto en alimentación de las familias representó únicamente un 15,1% del total desembolsado. Y para hacerse una idea de los que supone ese porcentaje, hay que tener en cuenta que el epígrafe de mayor peso es la vivienda, que incluye el agua, la luz y los combustibles necesarios: un 31,84%. Es decir, más del doble, algo inimaginable hace pocas décadas.

En esos cambios influyen factores culturales o demográficos, fundamentalmente vinculados al envejecimiento de la población. Los hogares de más edad consumen menos.

Grandes cadenas

No es de extrañar, por eso, que donde más está debilitándose el comercio al por menor sea en las grandes cadenas de distribución (−1,5%) y grandes superficies (−0,6%), muy condicionadas por el tamaño de los hogares y por su ubicación física. Por el contrario, las pequeñas cadenas (0,1%) son los únicos establecimiento con una tasa mensual positiva.

Hay que tener en cuenta que, según Estadística, el índice general de comercio al por menor, sin incluir las estaciones de servicio y corregido de efectos estacionales y de calendario, registró en mayo una variación anual del 1,9%. Si se desglosan estas ventas por tipo de productos, alimentación baja un 1,4% y el resto sube un 3,9%. Es decir, se está consolidando una realidad del consumo que va más allá de los resultados de un ejercicio.

En 2015, de hecho, los grupos en los que el gasto medio por hogar creció de forma más significativa fueron los hoteles, cafeterías y restaurantes, con un incremento del 9,1% respecto del año anterior. En términos absolutos, esto significa que los hogares aumentaron su gasto en comidas y bebidas fuera del hogar en 207 euros (un 9,6%) que, lógicamente, influye en la venta de alimentos, que es lo que mide el índice de comercio al por menor.

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