La Comunidad de Madrid planteará una tasa "universal" y transparente de basuras
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medidas para incentivar la economía circular

La Comunidad de Madrid planteará una tasa "universal" y transparente de basuras

¿Por qué unos vecinos saben lo que pagan en gestión de residuos y otros no? Los ponentes de este debate sobre reciclaje organizado por EC exigen transparencia para evitar agravios comparativos

¿Cuánto paga en gestión de residuos? No sabe/no contesta es una de las respuestas más frecuentes en España. "No sabemos lo que pagamos porque en muchos casos el gasto está integrado en otro impuesto. En algunos municipios está camuflado en la contribución, y en otros existe una tasa desglosada", explica la directora de la Fundación para la Economía Circular en un debate a siete organizado por EC y Ferrovial. Anabel Rodríguez critica que no exista voluntad política para plantear una tasa transparente. "Los políticos tienen miedo a hablar de ello porque les puede penalizar de cara a las elecciones", sostiene.

Los expertos pasan la pelota al director general de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid. Mariano González admite que este es un tema ya de por sí difícil de explicar al ciudadano. "¿Por qué mi vecino del pueblo de al lado paga en concepto de residuos y yo no pago nada? Hay que intentar universalizar esa tasa" de manera que responda al impacto ambiental que se genera, plantea. Algo nada fácil si tenemos en cuenta que hay 17 comunidades autónomas y más de 8.000 municipios con su propio 'modus operandi' en este aspecto.

La tasa de basuras que pagan los habitantes de A Coruña está incluida en la gestión de residuos y agua, pero no aparece desglosada, como sí ocurre en Pontevedra, por ejemplo. También hay diferencias importantes en la Comunidad Valenciana. Los ciudadanos de Peñíscola saben cuánto pagan tanto en recogida como en tratamiento de residuos, pero los vecinos de Vall de Uxó no pueden decir lo mismo. Dicho tributo está integrado en el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI), al igual que sucede en Madrid.

La exalcaldesa Ana Botella puso fin a la tasa de basuras en 2014, un impuesto que su predecesor, Alberto Ruiz-Gallardón, había recuperado en 2009 y que suponía un coste medio de 48 euros al año para los ciudadanos. El nuevo Gobierno de Ahora Madrid ya anunció en octubre un nuevo impuesto bautizado como tasa de residuos urbanos de actividades, que se cobra desde este año solo a los inmuebles de uso no residencial de mayor valor catastral, como hoteles, oficinas o comercios.

Una tasa para todos

La solución para poner fin a semejante caos quizá pase por incorporar un tributo con carácter general, aunque no todos los ponentes comparten la misma opinión. "En la Comunidad de Madrid vamos a plantear una tasa universal como tema de debate. Es una cuestión compleja que tendrán que aplicar desde los ayuntamientos (...) Habría que pagar por lo que se genera, pero tampoco es cuestión de poner un contador a cada vecino", matiza González. Las administraciones públicas deben estar coordinadas a todos los niveles, añade la subdirectora general de residuos del Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente, María José Delgado. "La coherencia es imprescindible. No podemos hacer políticas muy ambiciosas en unas zonas y en otras no".

"Lo suyo es que haya una tasa transparente en todos los municipios, pero no tiene por qué ser uniforme. No es lo mismo recoger basura en un pueblo de montaña que en una ciudad", sostiene Anabel Rodríguez. Casi todos coinciden en la necesidad de poner en marcha un modelo de incentivos que penalice al que no recicla o lo hace mal y premie al que lo hace bien, como ya hacen otros países como Alemania o Bélgica. "Aquí tenemos menos madurez medioambiental. Faltan medidas desincentivadoras para aquellos que no hacen una correcta gestión de los residuos", señala el director general de Ecovidrio, José Manuel Núñez-Lagos.

No reciclar ya no sale gratis

Ecoembes celebra un cambio de mentalidad progresivo en la sociedad española. "Antes, la gente sacaba el cenicero del coche en los semáforos y lo vaciaba impunemente. Ahora estamos en una dinámica de cambio en que no todo el mundo recicla, pero poco a poco vamos a empezar a mirar al que no lo hace como el que vacía el cenicero en los semáforos", opina Alberto Fernández, gerente de esta organización en Madrid.

"Ahora vamos a empezar a mirar al que no recicle como al que antes vaciaba impunemente el cenicero del coche en los semáforos"

El director de Comunicación del grupo Cosentino asegura que las empresas también están comprometidas con el reto del cambio climático y la descarbonización. "Sí que se empieza a percibir que en determinados mercados se mira más el etiquetado y la composición. Se opta por productos reutilizables", explica Santiago Alfonso. Una oportunidad que saben aprovechar las empresas que utilizan los residuos que generan para volver a producir bienes. "Lo podemos hacer tanto a nivel interno para cubrir nuestras propias necesidades o con ofertas de servicios a nuestros clientes. Así se cierra el círculo industrial", puntualiza el director de Medio Ambiente de Ferrovial, Vicente Galván.

Consumo responsable... ¿al alcance de cualquiera?

Las empresas que no tengan bienes sostenibles en su oferta serán menos competitivas y perderán atractivo, apunta Núñez-Lagos desde Ecovidrio. Otros expertos no pierden de vista uno de los factores determinantes en la elección de compra: el precio. "Si te aprieta el bolsillo, no puedes permitirte el lujo de hacer un consumo económico responsable. Esos productos son más caros que los tradicionales de usar y tirar", lamenta el gerente de Ecoembes.

Tampoco están al alcance de cualquier bolsillo ciertas reparaciones que cuestan aún más que comprar un aparato nuevo, como sucede con los electrodomésticos. ¿Merece la pena arreglar una lavadora comprada hace dos años por 650 euros? Lo llaman obsolescencia programada y puede combatirse con políticas de ecodiseño. "Hay que crear los productos para que duren más o, en el caso de que se estropeen, que tengamos la posibilidad de repararlos a un precio razonable".

Desde el Ministerio de Medio Ambiente, consideran que la política en este ámbito "necesita elevarse un poco" y mantenerse al margen de toda demagogia. "No son de izquierdas ni de derechas. Los residuos no tienen color político (...) no podemos implantar una nueva estrategia cada vez que haya un cambio de Gobierno", concluye Delgado.

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