Bruselas desmonta que los convenios de empresa hayan ganado peso con la reforma
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SU IMPACTO SIGUE SIENDO RESIDUAL

Bruselas desmonta que los convenios de empresa hayan ganado peso con la reforma

Uno de los objetivos fundamentales de la reforma laboral era fomentar la firma de convenios de empresa frente a los de ámbito superior. Pero la realidad es muy distinta

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¿Qué ha sucedido con los convenios colectivos de empresa tras la última reforma laboral? La literatura oficial sostiene que, gracias a los cambios legales, se ha producido un vuelco en la negociación colectiva. Los convenios de empresa -y no los de ámbito de aplicación superior: sectoriales, provinciales, autonómicos o nacionales- tendrían hoy la preeminencia a la hora de pactar sindicatos y empresarios las condiciones de trabajo.

La Comisión Europea, sin embargo, niega que ese cambio se haya producido. Los convenios de empresa siguen siendo casi marginales en un país de pymes. Entre otras cosas, porque muchos empresarios prefieren acudir a las cláusulas de descuelgue -técnicamente de inaplicación- antes que negociar un convenio propio con los representantes de sus trabajadores.Las cifras oficiales confirman esa idea. Desde la reforma laboral, en 2012, y hasta septiembre de 2015, las inaplicaciones han afectado a 6.496 empresas con una plantilla global de 286.691 trabajadores.

Bruselas llama la atención sobre ello en su reciente informe sobre la economía española. El informe parte de un hecho: “La aceptación de los convenios a nivel de empresa sigue siendo lenta”. Y a partir de esta premisa ofrece algunos datos. Aunque la mayoría de los nuevos convenios colectivos (el 79% en 2015) se firmaron a nivel de empresa, el porcentaje de trabajadores que cubren “es muy bajo e incluso disminuye con el tiempo”. De hecho, solo el 6,7% de todos los trabajadores cubiertos por convenios colectivos y el 4,2% de los cubiertos por nuevos convenios firmados en 2015 son de empresa. Por lo tanto, por debajo del 8,3% y del 11,8%, respectivamente, firmados en 2014. Es decir, no solamente no aumenta el número sino que está decreciendo.

Fernando Moreno, socio de Analistas de Relaciones Industriales (Arinsa), lo achaca a tres causas. En primer lugar, a que muchos empresarios prefieren acudir, como se ha dicho, a las cláusulas de descuelgue, cuya aplicación ha facilitado la reforma laboral al obviar el pacto previo con la representación laboral. “A las empresas les resulta más fácil acudir a la inaplicación de convenios antes que negociar con los representantes de los trabajadores un nuevo convenio”, asegura Moreno.

En segundo lugar, los convenios de empresa han fracasado porque en muchos casos los tribunales han echado para atrás algunos pactos firmados por los empresarios con supuestos representantes de trabajadores que, en realidad, suponen un fraude. En concreto, ya existe casi un centenar de falsos convenios que han sido declarados nulos en otras tantas pequeñas y medianas empresas multiservicios, porque los representantes de los trabajadores no tenían la suficiente legitimidad en los términos que establece el Estatuto de los Trabajadores.

Y en tercer lugar, el fracaso, según Moreno, se debe a que son las propias empresas, en muchos casos, las que presionan a sus competidoras para que no se firmen, toda vez que esconden cláusulas de 'dumping' social. Es decir, una compañía puede pactar con sus trabajadores -o imponer- una rebaja de los salarios, y eso desestabiliza al conjunto del sector (mayor conflictividad laboral).

Cambios unilaterales

Como recuerda la Comisión Europea en su informe sobre España, la reforma de 2012 estableció que los convenios a nivel de empresa debían prevalecer sobre los sectoriales en una serie de ámbitos, al tiempo que se amplió la posibilidad de que las empresas se excluyeran voluntariamente de convenios colectivos y de que se introdujeran cambios unilaterales en las condiciones de trabajo. Sin embargo, asegura, si bien el crecimiento moderado de los salarios negociados a nivel sectorial podría haber incorporado los efectos de la reforma, “la aceptación de los convenios a nivel de empresa sigue siendo lenta”.

Lo que reflejan las estadísticas de la Comisión Consultiva de Convenios Colectivos es que en 2014, último año con la negociación colectiva prácticamente cerrada, 850.100 trabajadores estaban amparados por un convenio de empresa, muy por debajo de los 1,2 millones que se registraban inmediatamente antes de la crisis. Bruselas recuerda que si se tienen en cuenta las “nuevas unidades de negociación”, es decir, contratos que se firman por primera vez, la proporción de trabajadores cubiertos por convenios a nivel de empresa es más elevada (9,5%), pero, aun así, inferior a la cifra correspondiente registrada el año anterior (33,6%).

El mercado laboral es ahora capaz de generar crecimiento de empleo con un crecimiento del PIB menor que en las condiciones previas a la reforma

La Comisión Europea, en todo caso, admite que la reforma laboral “ha significado un paso adelante en la fijación de los salarios”. Pero no de una forma determinante. Mientras que los salarios fijados en los convenios de empresa crecieron en 2015 un 0,5%, los de ámbito superior aumentaron un 0,7%. por lo tanto, una pequeña diferencia que es muy similar a la que se producía antes de la reforma laboral de 2012. Es decir, que el 'efecto empresa' ha sido irrelevante en términos de contención salarial, como buscaban los inspiradores de la reforma. “Las moderadas reivindicaciones salariales podrían ser reflejo de un cambio en el entorno de fijación de los salarios, pero no hay pruebas de que la negociación colectiva a nivel de empresa esté aumentando”, concluye el informe.

La Comisión reconoce, sin embargo, pasos positivos en el ámbito de las políticas activas del mercado laboral. Pero recuerda que “no se han tomado medidas decididas para fomentar la participación en el mercado laboral y la movilidad regional, o para racionalizar los regímenes de renta mínima”.

Aun así, estima que una predicción de empleo basada en la relación anterior a la reforma con el crecimiento del PIB sugiere que, en ausencia de reformas, se habrían perdido otros 400.000 puestos de trabajo y el empleo habría comenzado a crecer de nuevo solo unos pocos meses después, en el segundo trimestre de 2014. Esto indica, concluye, que “el mercado laboral es ahora capaz de generar crecimiento de empleo con un crecimiento del PIB menor que en las condiciones previas a la reforma”. Pero no gracias a los convenios de empresa.

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