convulsión en los mercados

La prima de riesgo aprieta de nuevo y ya duplica la expectativa del Gobierno para 2016

El diferencial entre los bonos españoles y alemanes se ha calentado de nuevo en la última ronda de convulsión sufrida en los mercados financieros. Ya supera los 150 puntos básicos

Foto: El ministro de Economía en funciones, Luis de Guindos. (EFE)
El ministro de Economía en funciones, Luis de Guindos. (EFE)

El 12 de octubre de 2015 queda muy lejos. Sobre todo, tras los acontecimientos electorales y políticos que se han acumulado desde entonces. Ese día, fuentes del Gobierno citadas por Europa Press manifestaron su convencimiento de que la prima de riesgo española iba a bajar hasta los 60 o los 70 puntos básicos en 2016. Casi cuatro meses después, la realidad es que el diferencial entre los bonos españoles y alemanes a 10 años más que duplica esa expectativa, puesto que asciende a 152 puntos básicos, por encima además de los 114 puntos a los que acabó 2015, que a su vez ya superaron los 107 puntos básicos de finales de 2014. 

Como trasfondo de este repunte, figuran dos causas principales. La primera es internacional y está vinculada con la inestabilidad que se está viendo en los mercados en el arranque de 2016 y que en las últimas jornadas ha golpeado especialmente al sector bancario. Y la segunda es de origen interno y tiene que ver con la prolongación de la incertidumbre política en España. Combinando ambos motivos, los inversores se están refugiando más en los bonos alemanes que en los españoles, con lo que la rentabilidad de los primeros está bajando más que la de los segundos. En lo que va de año, el interés del 'bund' germano ha menguado del 0,63% al 0,23%, en tanto que el español apenas lo ha hecho del 1,77% al 1,75%.  

Draghi lo condiciona todo

Aunque el aumento de la prima de riesgo representa una amenaza, porque en caso de mantenerse encarecería la factura de los intereses que tiene que pagar España por financiarse a través de la emisión de deuda pública, la situación actual dista de otras fases de la crisis. El elemento diferencial reside en la activa participación en los mercados por parte del Banco Central Europeo (BCE) a través de su programa de compras de deuda pública en el mercado (QE). 

El presidente del BCE, Mario Draghi. (EFE)
El presidente del BCE, Mario Draghi. (EFE)

Las adquisiciones de la entidad presidida por Mario Draghi representan un doble cortafuegos. Por un lado, porque aportan más tranquilidad para cubrir las necesidades de financiación que España afronta en 2016. Y por otro, porque el BCE no puede permitirse una excesiva ampliación de las primas de riesgo, puesto que sus excepcionales medidas persiguen precisamente reducir la fragmentación financiera dentro de la eurozona y porque unos diferenciales más altos restarían efectividad a la estrategia monetaria que está adoptando. 

En lo que queda de año, España encarará unos vencimientos de deuda de 137.113 millones de euros. De ellos, 77.603 millones corresponden a letras, cuya rentabilidad sigue en negativo a rebufo de la política del BCE o, en todo caso, muy cerca del 0%. Es decir, en los niveles en los que ya se movió 2015 o más bajos incluso.

Los otros 59.510 millones proceden de bonos y obligaciones, un volumen que será más que cubierto con las compras de bonos que el BCE ejecuta en el mercado secundario, es decir, una vez que ya han sido emitidos. Desde que la entidad monetaria puso en marcha el QE en marzo de 2015, ha comprado bonos españoles por valor de 62.924 millones de euros. Es decir, ha dedicado una media de 5.720 millones de euros al mes a la adquisición de deuda española. Siguiendo esta senda, en lo que resta de año comprará un volumen que también superará los 60.000 millones de euros. Es decir, una cifra que supera los 59.510 millones. "En las actuales y excepionales condiciones de mercado, España no debería tener problemas para afrontar los vencimientos y la deuda que debe emitir en 2016", comentan fuentes del mercado que prefieren no ser identificadas. 

Intereses muy altos, aunque parezca otra cosa

Eso sí, que el BCE actúe como cortafuegos no implica que la situación sea la adecuada para España. De hecho, en el mercado también hay fuentes que llaman la atención sobre la condescendencia con la que se ha visto la evolución de la prima y la rentabilidad de los bonos españoles en los últimos meses. "Una cosa es que el rendimiento ya no supere el 7% ni la prima esté por encima de los 600 puntos, como ocurrió en los momentos más tensos de 2012, y otra que nos contentemos con una prima y unos rendimientos como los actuales, teniendo en cuenta las condiciones que ofrece el BCE", precisan. 

La prima de riesgo aprieta de nuevo y ya duplica la expectativa del Gobierno para 2016

Más en concreto, esas fuentes mencionan tres matices. El primero, el interés real que se deriva de la rentabilidad actual. Restando la inflación al rendimiento de los bonos a 10 años, se obtiene ahora un interés real de 205 puntos básicos, el más alto desde diciembre y, sobre todo, por encima de la media histórica desde el nacimiento del euro, que se limita a los 187 puntos básicos. 

El segundo, la comparación con otros países, más allá de Alemania o Italia. Porque ya no es que el 'bund' germano se encuentre en el 0,23%, es que el bono holandés a 10 años está en el 0,39%; el eslovaco, en el 0,48%; el austriaco, en el 0,53%; el finlandés, en el 0,54%; el francés, en el 0,60%; el belga, en el 0,75%, y el irlandés, en el 1,07%. Y el tercer ,matiz, los múltiplos sin precedentes que arroja el rendimiento actual de los bonos. El 1,75% de los bonos españoles multiplica por casi ocho veces el interés de los bonos alemanes y por 35 veces el precio oficial del dinero del BCE, que se encuentra en el mínimo histórico del 0,05%. 

Estos matices desembocan en que, en el contexto actual, una prima a 150 puntos básicos e incluso una prima a 120 puntos básicos es muy alta. En ambos casos, supera la media histórica, que desde el nacimiento el euro en 1999 se reduce a 97 puntos básicos, aunque hasta el inicio de la crisis se limitó a 12 puntos básicos. Es decir, aunque España ha rebajado la factura que dedica al pago de los intereses, que en los Presupuestos Generales de 2016 queda establecida en los 33.490 millones de euros -cerca del 3% del PIB español-, este desembolso sigue siendo demasiado alto para lo que debería ser. Y no solo por el volumen que supone, sino sobre todo porque con unas rentabilidades más bajas esa cifra estaría claramente por debajo de los 30.000 millones de euros. 

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