escándalo de la manipulación de los motores

Navarra se juega hasta el 30% de su PIB en el futuro de la factoría de Volkswagen

La incertidumbre abierta en el grupo alemán tiene a sus fábricas en vilo. Por ahora, la inversión en Navarra parece asegurada. Pero todo dependerá del alcance de la crisis y del futuro de la matriz

Foto: Navarra se juega hasta el 30% de su PIB en el futuro de la factoría de Volkswagen

"Volkswagen es el pulmón de Navarra. Por eso, aunque nadie quiere admitirlo públicamente, la preocupación existe". Quien lo dice, lo dice desde Navarra, y sigue fielmente lo que dice porque no quiere ser identificado.

Mencionar Volkswagen en Navarra, y más en concreto en Pamplona, no es referirse únicamente a un coche. Es mucho, muchísimo más. Es aludir al trabajo del hermano, del primo o del amigo. Es hablar de una fábrica que forma parte del paisaje desde hace 50 años, con su explanada repleta de coches dando la bienvenida a quien acude a la capital navarra en tren. Es referirse a una compañía presente en la vida social, educativa y deportiva a través del patrocinio de cátedras universitarias, de eventos deportivos, de fundaciones o de la propia Cabalgata de los Reyes Magos. Y es citar a la empresa que más empleos genera en Navarra y que tiene el peso más importante en el producto interior bruto (PIB) de una de las comunidades autónomas más prósperas de España. 

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Todo eso -y más- es Volkswagen en Navarra. Y todo eso -y más- es lo que está en juego por el 'dieselgate', el escándalo de manipulación de los motores por parte de la empresa automovilística alemana. Eso sí, precisamente porque nadie se imagina -o acierta a imaginarse- una Navarra sin su fábrica de Volkswagen y porque siempre ha parecido intocable, ese riesgo apenas se reconoce abiertamente o, en todo caso, se minimiza.

Pero el asunto es ciertamente serio porque la crisis del grupo alemán lo es. Tanto, que no solo en los pasillos del Palacio de Navarra, que ejerce de sede del Gobierno foral, sino también en los de Moncloa, la preocupación existe. Y existe porque ambos gobiernos, el regional y el nacional, son conscientes de dos asuntos: el primero, que la economía navarra sufriría un duro revés en caso de que la factoría de Landaben se viera afectada por la crisis de la matriz; y el segundo, que el escándalo puede acabar siendo de tal magnitud que comprometa el futuro del grupo automovilístico alemán

Landaben... y lo que le rodea

El segundo riesgo, el concerniente al futuro de Volkswagen y el alcance del escándalo, todavía es una incógnita. El primero, sin embargo, ofrece menos dudas. La fábrica ubicada en el polígono industrial de Landaben ocupa de forma directa a más de 4.200 personas, y a su alrededor genera prácticamente los mismos puestos de trabajo de manera indirecta. Es más, según la Sociedad de Desarrollo de Navarra (Sodena), la potente cabeza tractora e inversora que supone la presencia de Volkswagen permite que el sector automovilístico cuente con 112 empresas en la Comunidad Foral y emplee de manera directa a más de 12.000 empleados. O lo que es lo mismo, genera el 4,3% del empleo de la región. 

Más cifras. Esas más de 100 empresas facturan más de 5.000 millones de euros. Es decir, una cifra próxima al 30% del PIB navarro, que en 2014 fue de 17.887 millones de euros. De ese volumen total, casi 3.000 millones proceden de Volkswagen, que representa así el 16% del producto interior bruto navarro. En el conjunto de España, el peso del sector de la automoción, aun siendo importante, no llega a estos niveles, puesto que se limita al 10% del PIB. Esta marcada diferencia pone de relieve la importancia determinante que ejerce la factoría de Landaben tanto por su peso directo -ese 16% del PIB- como por el indirecto -la capacidad de atraer otras empresas del sector y de estimular la creación de compañías de componentes y auxiliares en torno a las dependencias de Volkswagen-. 

En términos de Valor Añadido Bruto (VAB), el protagonismo del sector automovilístico se refleja en que supone cerca del 20% del VAB industrial navarro o una cifra superior a los 1.000 millones de euros. O lo que es lo mismo, casi el 6% del PIB navarro. 

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Al mismo tiempo, el sector automovilístico convierte a Navarra en la comunidad que tiene la mayor tasa de cobertura de exportaciones sobre importaciones de España: exporta prácticamente dos euros por cada euro que importa, cuando la media nacional se sitúa en 0,9 euros exportados por cada euro importado. En 2014, de la factoría navarra de Volksgawen salieron 305.700 unidades del modelo Polo, que es al que las instalaciones se vienen dedicando exclusivamente desde 1984. De ellos, más de 284.000 fueron -el 93%- exportados, una cifra clave para explicar esa tasa de cobertura y por qué el sector automovilístico supone prácticamente la mitad de todas las exportaciones navarras. 

Convertida así en la industria más importante de Navarra, al abrigo de la referencia que supone la fábrica de Volkswagen, la automoción contribuye de forma clave al alto PIB per cápita y al bajo paro de Navarra. Su PIB por habitante es el tercero más alto del país, solo por detrás del madrileño y el vasco, con 28.124 euros, por encima de los 22.780 euros de la media española. En cuanto a su tasa de desempleo, se limita al 12,5%, prácticamente 10 puntos por debajo del 22,4% del conjunto de España. 

Semana de nervios

Todos estos datos ponen de manifiesto lo expuesta que está la economía navarra al escándalo del trucaje de los motores de Volkswagen para camuflar sus auténticos niveles de contaminación. Aunque todavía se ignora el verdadero alcance de esta crisis, se da por descontado que el impacto será de decenas de miles de millones de euros. Por el momento, la empresa ya ha provisionado 6.500 millones, pero esa cantidad se antoja insuficiente. 

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En cualquier caso, el temor entre las filiales y los empleados es que sean ellos, con menos inversiones, con menos producción y con despidos, los que acaben pagando parte de la factura final del escándalo y de las menores ventas derivadas de la desconfianza abierta entre los potenciales clientes. De ahí que la incertidumbre y el nerviosismo presidan la situación actual, tal como se ha demostrado esta semana. Primero cundió el pesimismo cuando el nuevo presidente de la empresa, Matthias Müller, anunció el lunes que el grupo revisará todas las inversiones previstas y "cancelará o aplazará las que no sean estrictamente necesarias". Y más aún cuando remachó: "Seré muy claro: esto va a ser doloroso". Y luego volvió la esperanza, cuando desde Alemania se matizó el miércoles, mediante un comunicado interno, que "las inversiones que estén ligadas al producto actual o futuro seguirán a día de hoy según estén planificadas", entre ellas las relativas al nuevo modelo de Polo, el A07, que está previsto que se fabrique en Pamplona.

Antes del estallido del escándalo a mediados de septiembre, Volkswagen había anunciado unas inversiones de 4.200 millones de euros en España entre 2015 y 2019, de los que más de 800 millones correspondían a la fábrica navarra para la adecuación de la maquinaria y los talleres para el Polo A07. Esa suma representa el oxígeno extra que Landaben espera recibir para seguir siendo el pulmón de Navarra. Pero el 'dieselgate' amenaza con perforarlo. Lo temen en el Palacio de Navarra. Y también en Moncloa. 

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