NO HABRÁ EQUILIBRIO PRESUPUESTARIO HASTA 2020

El FMI también cuestiona que España vaya a cumplir los objetivos de déficit público

El comisario Moscovici no se ha quedado solo. El FMI cuestiona también la posibilidad de que España cumpla con el objetivo de déficit público. ¿La causa? El déficit estructural será una realidad hasta 2020

Foto: El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. (EFE)
El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. (EFE)

Los objetivos de déficit público del Gobierno siguen en el ojo del huracán. Si el lunes era el comisario de Finanzas, Pierre Moscovici, quien cuestionaba las previsiones del Gobierno español con la información que le proporcionaban los técnicos de Bruselas (la última palabra la dará la Comisión Europea dentro de un par de semanas), este martes han sido los economistas del Fondo Monetario Internacional (FMI) quienes han puesto en duda la credibilidad de las estimaciones españolas.

El FMI, en concreto, entiende que este año el desequilibrio entre ingresos y gastos representará el 4,4% del producto interior bruto (PIB), mientras que el próximo año bajará hasta el 3,2%. En ambos casos, por encima de lo que prevé el equipo económico del Gobierno, que en su última previsión sitúa el déficit en el 4,2% y el 2,8%, respectivamente. España, por lo tanto, no saldría del Protocolo de Déficit Excesivo hasta 2017, un año después de lo previsto por el Gobierno.

Las diferencias no son muy relevantes, pero lo significativo es que la economía convivirá al menos hasta 2020 con el déficit público. El FMI estima que ese año el desequilibrio representará todavía el 1,5% del PIB (18.618 millones de euros), por lo tanto, lejos del equilibrio presupuestario, como obliga la Ley de Estabilidad.

En términos estructurales (es decir, eliminando el factor cíclico que mejora de forma coyuntural los ingresos o los empeora), las cifras no son mucho más halagüeñas. El Fondo Monetario considera que en los próximos cinco años el desequilibrio estructural no bajará del 1,9% (el Gobierno lo sitúa en el 0,2% ya en 2018), mientras que el déficit primario (que excluye el pago del servicio de la deuda pública del conjunto de administraciones) seguirá siendo una realidad hasta 2018, dos años más tarde de lo que consideran los ministros Montoro y De Guindos, quienes estiman que ya el año próximo España contará con superávit primario.

No es asunto baladí. Las previsiones del FMI calculan que en 2020 el déficit estructural ascenderá a 24.111 millones de euros, lo que refleja los problemas de la economía española para doblegar el déficit público. Entre otras cosas, porque el potencial de crecimiento (la llamada brecha del producto) seguirá siendo negativo (-1,8% del PIB en 2016).

La causa de estos elevados desequilibrios tiene que ver con el comportamiento de los ingresos, que pese al mayor crecimiento de la actividad económica no superarán en ningún caso, durante el periodo analizado por el FMI, el 37,7% del PIB. También, como es lógico, por la evolución de los gastos, que no bajarán del 39% hasta al menos el año 2020.

El ajuste entre ingresos y gastos, en todo caso, permitirá que el volumen de deuda pública en circulación no alcance el 100% del PIB, entre otras cosas porque el producto interior bruto en términos nominales se revisó recientemente al alza en unos 8.000 millones de euros por la inclusión de algunas partidas no contabilizadas anteriormente. El FMI prevé un máximo del 98,8% en 2016 y a partir de ahí comenzará a bajar.

Un quinquenio en recesión

La directora gerente del FMI, Christine Lagarde. (Reuters)
La directora gerente del FMI, Christine Lagarde. (Reuters)

Las proyecciones a medio plazo del Fondo Monetario Internacional se incluyen en el World Economic Outlook presentado este año en Lima (Perú) por parte de los técnicos del FMI, y reflejan con toda nitidez la lenta recuperación que vive la economía española después de un quinquenio en recesión. Según esas previsiones, España no recuperará el PIB que tenía en 2008 en términos nominales (es decir, al principio de la crisis) hasta al menos 2017 (cuando alcance los 1,116 billones de euros), lo que da idea de la intensidad del ajuste económico.

Los avances en términos nominales (con inflación) serán, en todo caso, muy poco relevantes. De hecho, el FMI descarta cualquier presión inflacionista (medida por el IPC) al menos hasta el año 2020. Según sus estimaciones, este año el IPC se contraerá un 0,3% (media anual), mientras que en los próximos cinco años nunca será superior al 1,5%. El deflactor del PIB (el conjunto de la inflación que pesa sobre una economía) apenas crecerá seis puntos entre 2013 y 2020, algo que muestra con intensidad el proceso de caída de precios que se está produciendo debido al desplome del petróleo y a los efectos de la globalización.

Esto quiere decir que lo que llama 'desinflación' el BCE (una expresión con la que pretende huir de cara a la opinión pública de la temida deflación) se ha instalado en las economías de los países avanzados durante muchos años. Algunos informes, de hecho, auguran que el BCE no subirá tipos al menos hasta 2025, lo que indica que el riego de deflación sigue existiendo, como reconoció ayer (lo llamó 'amenaza') el responsable de análisis económicos del Fondo Monetario, Maurice Obstfeld.

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