Italia busca la revancha del 'sorpasso' ante el clima de inestabilidad política de España
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Italia busca la revancha del 'sorpasso' ante el clima de inestabilidad política de España

La inestabilidad política generada por el clima electoral es el principal talón de Aquiles de la economía española y la clave de la ofensiva que Italia está llevando a cabo ante los inversores internacionales

placeholder Foto:  El presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy (i) y el primer ministro italiano, Matteo Renzi. (Reuters)
El presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy (i) y el primer ministro italiano, Matteo Renzi. (Reuters)

El regreso a las dos Españas o, más al detalle, la fragmentación política que reflejan las encuestas en nuestro país ha sido uno de las preocupaciones manifestadas con mayor descaro en los pasillos del Foro Ambrosetti, uno de los cónclaves con mayor lustre y solera en el mundo de las finanzas, que este pasado fin de semana ha celebrado su 41 edición en la localidad italiana de Cernobbio, a orillas del paradisíaco Lago de Como. El ambiente de fragilidad que se barrunta de cara a la gobernabilidad en España tiene su contrapunto en la crecida de la imagen de Italia que trata de aprovechar el momento para revertir definitivamente el ‘sorpasso’ de 2008.

Desde que las estadísticas de Eurostat certificaron hace siete años que el PIB per cápita español estaba por delante del italiano, todos los gobernantes transalpinos viven obsesionados por un afán de remontada que ha adquirido carta de naturaleza a medida que la ola de inestabilidad política se ha trasladado de Roma a Madrid, previo paso por Cataluña. Matteo Renzi acaricia ahora la posibilidad de dar la vuelta a la tortilla a poco que los inversores internacionales modifiquen el punto de mira de sus expectativas de negocio como parece vislumbrase a partir de la negativa evolución de la prima de riesgo comparada entre ambos países y que a fecha de hoy muestra la foto más desfavorable para España de los dos últimos años.

La tasa de rentabilidad del bono a diez años ha superado en España los veinticinco puntos básicos en relación a Italia, una tarjeta de presentación que ha sido perfectamente utilizada por el primer ministro transalpino para recordar que su país ha vuelto a recuperar el pulso a partir de una agenda reformista de corte muy parecido a la impulsada por el Gobierno de Mariano Rajoy. En las dos últimas décadas el PIB italiano sólo ha conseguido alcanzar en tres ocasiones el nivel de la media europea pero al cierre del primer semestre de 2015 Renzi puede presumir de haber situado a su país a la altura de sus vecinos de la eurozona.

El premier italiano intenta sacar ventaja del viento de cola que propulsa su gestión al rebufo de España con la convicción de que la vertiginosa agenda política en nuestro país terminará por distraer los objetivos económicos del actual y también del futuro Gobierno que surja de las urnas el próximo mes de diciembre. La inestabilidad que se deriva de un mapa político claramente incierto es un escenario que los gobernantes transalpinos conocen de sobra porque ellos mismos lo padecieron en 2013, con el consiguiente castigo a manos de los inversores. Renzi considera que los fantasmas electorales en España constituyen un factor diferencial de competitividad que Italia quiere poner en valor ante los mercados.

En las exquisitas dependencias del hotel Villa d’Este, considerado hace unos años el mejor del mundo por la revista Forbes, los representantes españoles invitados al Foro Ambrosetti pudieron comprobar este pasado fin de semana los vientos de cambio con que los anfitriones italianos se esmeran por perfumar el ambiente entre los grandes fondos de inversión. Dirigentes de talla internacional como los exministros Javier Solana o Joaquín Almunia y banqueros como el consejero ejecutivo del BBVA y antiguo del BCE, José Manuel González-Páramo, han sido requeridos para intentar poner algo de luz sobre el panorama inmediato de la política nacional.

Los inversores no consiguen cuadrar las cuentas electorales de lo que entienden como un Gobierno estable que garantice la política económica de España

A los inversores globales no les salen las cuentas y eso que la mayor parte de ellos empiezan a respirar ahora que confirman el descenso de las expectativas acumuladas por Podemos desde que la formación de Pablo Iglesias irrumpiera en el escenario con las elecciones europeas hace un año y medio. El principal partido emergente suma un 15% de adhesiones que no parecen suficientes para confirmar la amenaza disruptiva que tanto atemoriza a los mercados. En cualquier caso, el PP se sitúa en torno al 30% de la intención de voto y el PSOE está incluso por debajo, lo que induce a pensar en un complejo entramado de gobierno desde el momento en que la gran coalición está totalmente descartada en España.

De ahí la ‘chance’ que empieza a obtener Italia y sus esperanzados líderes políticos. La ambición mostrada por Matteo Renzi no es fruto de un ‘postureo’ ocasional, sino que está fundamentada en la confianza de que la suerte empezará a dar la espalda a España a medida que se vaya exacerbando el clima de tensión electoral de cara a los próximos comicios. La primera prueba está en Cataluña y las elecciones del próximo día 27, que brindan una especie de aperitivo a la hora de alimentar las sospechas con que los principales gestores de carteras tratan de ajustar sus decisiones para los próximos meses.

Cabe subrayar que la deriva secesionista de Artur Mas no preocupa directamente por cuanto que todo el mundo del dinero da por descontado que la independencia de Cataluña no es posible si no viene promovida con el respaldo del propio Estado español. El presidente de la Generalitat puede hacer todas las trampas que quiera en su solitario particular pero nadie baraja la opción de una ruptura que ponga contra las cuerdas la integridad de España en los mercados. Más bien al contrario, la respuesta del Gobierno en socorro de las finanzas catalanas es un punto de apoyo que los inversores valoran especialmente cuando reconocen los esfuerzos económicos realizados en nuestro país a lo largo de los últimos años.

El problema que subyace de fondo reside en el efecto psicológico de un enfrentamiento secular entre los propios catalanes que traducido al conjunto del país actúa como levadura de una división que puede extenderse peligrosamente a otros aspectos del debate político a poco que las elecciones de Navidades impidan formar un gobierno verdaderamente estable. Más allá de lo que pueda suceder dentro de tres semanas, Cataluña genera un efecto mimético que inflama las susceptibilidades y que puede ser muy contraproducente si los inversores internacionales encuentran otros puertos a los que orientar su travesía. Por eso que Italia haya empezado a ofrecer sus múltiples amarres con Matteo Renzi como capitán del barco o primer director comercial del país.

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