la economía española aún es vulnerable

¿Cuánto dinero debe España?

España aún debe dinero. Mucho dinero. De hecho, debe más dinero que cuando empezó la crisis. Es una realidad que conviene no menospreciar porque supone una amenaza para la recuperación

La pregunta es sencilla. ¿Cuánto dinero debe España? Lo complicado, o mejor dicho, lo preocupante, es la respuesta: más que antes de la crisis. Aunque sorprenda, porque al estar mejorando la economía la sensación puede ser otra, la mochila de España está más cargada de deuda ahora que en 2007. 

Los datos que el Banco de España recoge en las Cuentas financieras de la economía española así lo certifican. En 2007, la deuda acumulada por los tres grandes sectores de la economía, como son las familias, las empresas y las administraciones públicas -la banca queda fuera porque su deuda se convierte luego en la deuda de los hogares, las empresas y las administraciones públicas-, se situaba en los 2,66 billones de euros. En 2015, al cierre del primer trimestre, ese volumen se ha disparado hasta los 3,33 billones. Por tanto, la carga financiera ha engordado en 670.000 millones de euros. Y no solo eso, sino que esa cifra total más que triplica el Producto Interior Bruto (PIB español). 

¿De quién es la culpa? ¿De las familiasnbsp;No. Con el grifo del crédito cerrado durante gran parte de la crisis y con una pesada carga acumulada en el pasado, sobre todo por la burbuja inmobiliaria y las hipotecas que la inflaron, su deuda ha adelgazado en un 15% desde 2007, hasta los 746.000 millones de euros. 

¿De las empresasnbsp;Tampoco. En su caso, y siempre según los datos del Banco de España, han recortado sus pasivos un 12%, de los 1,35 a los 1,18 billones de euros. Tras este descenso figuran de nuevo las restricciones crediticias y el descenso de la demanda de crédito nuevo en un contexto en el que la actividad ha caído y en el que muchas empresas han cerrado.

De este modo, tanto la deuda de las familias como la de las empresas prolongan su particular regreso al pasado. Esos volúmenes son los más bajos desde 2006. 

Fachada del Banco de España. (EFE)
Fachada del Banco de España. (EFE)

¿De las Administraciones Públicas? Sí. "El ciclo recesivo reciente ha traído aparejado un repunte en el volumen total de España (...), pero con un elemento diferencial respecto al periodo de expansión económica: las Administraciones Públicas han elevado considerablemente su endeudamiento, al tiempo que lo reducían los dos principales sectores privados, esto es, hogares y sociedades no financieras", resalta un informe de AFI elaborado por Ángel Berges y Sara Baliña y titulado gráficamente El mapa de la deuda en España: ¿quién debe a quién?

Ese relevo se sustancia en que la deuda total de las Administraciones Públicas alcanzaba los 1,407 billones de euros al cierre del primer trimestre de 2015, con lo que más que triplica la cifra vigente en 2007, que se reducía a 434.274 millones de euros. Las causas principales hay que buscarlas en la necesidad de financiar los déficits públicos, la caída de los ingresos por el descenso de la actividad económica y el rescate bancario. 

Más fuera que dentro

Todas estas preguntas y todos estos datos desembocan en otra pregunta. ¿Y a quién le debe España todo ese dinero? El 46,5% corresponde a prestamistas nacionales, que fundamentalmente son los bancos, las empresas -crédito comercial- y el sector público. Y el 53,5% restante tiene como contrapartida a acreedores internacionales. 

Este segundo dato constituye una complicación adicional. Si el volumen de deuda, que ya fue uno de los problemas que condujo a la crisis y agravó luego sus efectos, sigue sobre la mesa, tampoco se ha marchado otro peligro que lleva asociado: la elevada deuda externa que tiene España. Al cierre del primer trimestre de 2015, la deuda externa bruta creció hasta los 1,78 billones de euros, es decir, una cifra equivalente a casi el 170% del PIB.

Esta dependencia del dinero internacional no solo evidencia que el ahorro interno es insuficiente para financiar la actividad económica, sino que prolonga la vulnerabilidad de España. Si esos prestamistas internacionales decidieran cerrar el grifo, como ocurrió en las peores fases de la crisis, España y su solvencia volverían a estar en apuros. Por eso conviene no olvidarse de que sigue habiendo un problema de deuda, que se aligerará con más crecimiento económico, con el pago de la deuda pasada, con menores déficits públicos, con superávits por cuenta corriente y con que los flujos de crédito nuevo -imprescindibles para la recuperación- sean menores que los del crédito viejo que está venciendo. Y por eso, además, conviene no menospreciar la inestabilidad vista en los mercados en las últimas semanas.

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