El polaco "progresa adecuadamente" en bruselas

Donald Tusk, el hombre que evitó la ruptura del euro con una frase

En la madrugada del domingo al lunes, cuando Merkel y Tsipras habían asumido que estaban en un callejón sin salida, el presidente del Consejo apareció para dar un golpe de timón

Foto: El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. (EFE)
El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. (EFE)

La crisis política de la UE con Grecia y el miedo a la ruptura del euro han propiciado un movimiento de vasos comunicantes en el liderazgo europeo. Ante los focos, la imagen del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha subido mientras la del presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, bajaba.

Durante meses, el luxemburgués ha luchado por el acuerdo con Atenas y tras los desplantes de Alexis Tsipras se mostró molesto y “decepcionado”. Tusk, desde un perfil más bajo, ha remontado en esta crisis y para la galería quedan las palabras lanzadas este fin de semana a Tsipras y la canciller Merkel, que recorren Bruselas. “Disculpad, pero no es posible que os marchéis de la sala”, les habría espetado cuando la ruptura de las negociaciones era más que una posibilidad.

Al polaco “le está costando, pero progresa adecuadamente” reconoce para El Confidencial un político europeo que ha trabajado con él. “Habría sido deseable que hubiese entrado en el escenario desde el principio (de la crisis con Grecia), aunque se valora esa entrada de última hora, ese empujón final”, afirma este dirigente.

¿Quién es Donald Tusk?

Nacido en la localidad portuaria de Gdansk, la antigua ciudad libre de Danzing, este licenciado en historia es hijo de un carpintero y una enfermera, y padre de dos hijos. En Polonia se convirtió en el único político reelegido como primer ministro al romper con su partido –la Plataforma Cívica que fundó en 2001– la hegemonía de poder que tenían los gemelos Kaczynski desde la Jefatura del Estado y del Gobierno.

Tusk le pasa un papel a Merkel durante la última cumbre en Bruselas. (Reuters)
Tusk le pasa un papel a Merkel durante la última cumbre en Bruselas. (Reuters)

Dos versiones sobre su personalidad contrastan, pero al mismo tiempo se solapan. Donald Tusk sería una persona reservada, que evita el escaparate público y ofrecer grandes titulares, pero abierto al intercambio de opiniones y franco. También se le califica como poco dado a entregar su confianza, aunque tiene un núcleo de asesores cercano y de plenas garantías con los que sí mantendría una relación amistosa.

Hace pocos menos de un año, el pasado 30 de agosto, tras el reparto de cargos posterior a las elecciones europeas, fue elegido como presidente del Consejo Europeo. Esperó en Varsovia varios meses, hasta la toma de posesión de diciembre, y superó a la primera ministra danesa, Helle Thorning-Schmidt, a la que todos daban en Bruselas como vencedora. La crisis de Crimea ya estaba en marcha y a la UE le interesaba tener a un 'oriental' en su cartera de dirigentes para lidiar con el expansionismo ruso.

Tusk-Juncker, un binomio engrasado por Grecia

Tusk ha madurado a marchas forzadas durante estos seis últimos meses, desde que Syriza subió al poder en Atenas. La impresión en Bruselas es que está haciendo un buen trabajo pero que “todavía tiene mucho que aprender” para ser capaz de coger el teléfono y llamar a cualquier líder europeo para negociar.

La buena relación con Juncker es una realidad, hasta el punto de que han bromeado ante la prensa sobre sus destinos políticos si al final ocurría la tragedia con Grecia. Juncker llegó a decir que, llegado el caso, Tusk perpetraría su suicidio. Más problemas generan sus jefes de gabinete, Martin Selmayr en la Comisión y Piotr Serafin desde el Consejo. Dos personalidades todoterreno, con ganas de influir y no de ocupar el rol tradicional de asistentes silenciosos.

Comparecencia de prensa junto a Juncker (i) tras una cumbre. (Reuters)
Comparecencia de prensa junto a Juncker (i) tras una cumbre. (Reuters)

“Está haciendo un buen trabajo y promete cosas para el futuro”, asegura para El Confidencial un político europeo que le conoce personalmente. Su perfil más bajo facilitaría la relación con Juncker y, aunque en las últimas semanas el polaco habría ganado protagonismo, el luxemburgués fue el responsable de negociar directamente con Tsipras, y Tusk no habría tenido problema en ceder ese rol.

Hay en Bruselas una división de papeles clara, a diferencia de lo que ocurría hace apenas unos meses cuando Durao Barroso en la Comisión quería acaparar todos los flashes de la prensa mientras el belga Van Rompuy no se llevaba los titulares pese a ser quien negociaba personalmente con los líderes de cada país.

Conviviendo en la jauría de egos europeos

El idioma condiciona y ha condicionado las relaciones de Tusk en la UE. Hace pocos meses hablaba polaco y alemán y se defendía mal en inglés, hasta el punto de que llegó a bromear sobre esta cuestión cuando relevó a Van Rompuy al frente del Consejo. Su desconocimiento del francés fue uno de los obstáculos para llegar a la presidencia. El déficit del inglés lo ha paliado claramente desde que ocupa el puesto.

Lejos quedan las dificultades para expresarse en la lengua de Shakespeare. “Ha hecho un esfuerzo titánico”, aseguran en Bruselas. En sus primeras ruedas de prensa en el Consejo se ceñía al papel escrito y a expresiones comunes y respuestas tipo para atender las preguntas de los periodistas. Ahora Tusk es capaz de bromear en una comparecencia pública, incluso con Jean Claude Juncker, un políglota que domina a la perfección alemán, francés e inglés. Y que, a diferencia del polaco, lleva décadas paseando por los pasillos europeos.

Tusk nunca ha pisado un charco. “No hay nada gordo de lo que la gente lo acuse, nada de lo que se le pueda culpar o considerar como un gran error”

Su relación con Angela Merkel es estrecha y positiva, incluso a la hora de solventar problemas domésticos como las disputas territoriales que todavía mantienen Alemania y Polonia. La canciller sería su aliado más cercano dentro del Consejo Europeo y ya lo era cuando Tusk aún no había dado el salto a la gestión comunitaria. Con Mariano Rajoy la relación es de trabajo, poco más.

“Tiene el talento de hacer amigos y no enemigos, y está considerado como un caballero”, asegura un funcionario del Consejo. Aunque para la opinión pública no era un actor muy conocido, al lado de 'estrellas mediáticas' como Nicolás Sarkozy o Silvio Berlusconi, con los que compartió mesa, su trabajo político silencioso actuó como un activo para su crecimiento en Bruselas.

El "típico político polaco"

Tusk adquirió bien pronto conciencia política en la lucha prodemocrática contra el régimen soviético. En los astilleros de su localidad natal surgió el sindicato Solidaridad y él no fue ajeno a ese movimiento. Durante la época universitaria fue presidente de la Asociación Independiente de Estudiantes, organización que apoyaba a Solidaridad. Desde ahí, empezó una escalada en la política nacional, superando derrotas electorales y dejando a rivales en las cunetas. En silencio, sin aspavientos.

“Es el típico político polaco, gente muy retraída, de política nacional, proeuropeos sin ninguna duda, pero no son muy abiertos”, reflexiona un político europeo, porque Tusk “pertenece a la generación actual de dirigentes polacos, que vienen del comunismo y son muy desconfiados”.

Tusk bromea con Tsipras durante una cumbre celebrada en Bruselas. (EFE)
Tusk bromea con Tsipras durante una cumbre celebrada en Bruselas. (EFE)

Tusk habría mantenido ese perfil bajo, tímido, entre sus colegas conservadores durante su etapa como primer ministro, entre 2007 y 2014. Polonia era ya un país importante en la UE, con el mismo peso territorial que España, por ejemplo, pero el actual presidente del Consejo Europeo era reacio a significarse demasiado en las reuniones con otros jefes de Estado y Gobierno.

Un reformista en Polonia

Como líder de su Plataforma Cívica llegó a la cúspide del poder nacional en el 2007 y se mantuvo durante siete años, hasta su renuncia el pasado año para dar el salto europeo. “Como con la mayoría de los políticos”, dice un diplomático polaco que prefiere guardar anonimato, “se los aprecia pasado un tiempo, pero la reelección como primer ministro fue un gran logro”.

Los éxitos de Tusk al frente de su país son económicos y también políticos. Consiguió sortear la crisis desde su estallido en 2008 y, aunque el crecimiento polaco sufrió una desaceleración, no hubo una recesión ni mucho menos fuertes turbulencias en el sistema financiero del país. Además, habría dejado un “legado bastante positivo en la modernización del país, como por ejemplo la reforma de las pensiones, que equiparó la edad de jubilación entre géneros”, asegura este diplomático.

17 horas para lograr un acuerdo

El impulso reformista y la senda económica fueron dos activos muy importantes que ayudaron en su candidatura para la Presidencia del Consejo. Además, había que dar visibilidad a un país de clara voluntad europeísta y que lidera el emergente bloque del Este, los países exsoviéticos que entraron en la Unión en este siglo y que ya representan la mitad de los socios.

Y en Bruselas también gusta un tercer dato: Tusk nunca ha pisado un charco. “No hay nada gordo de lo que la gente lo acuse –explica el funcionario–, no hay nada de lo que los ciudadanos lo puedan culpar o considerar como un gran error”. En silencio, hasta llegar a la posición de decirle a Merkel que no permitiese el Grexit. “No se llega a presidente del Consejo teniendo un perfil bajo”, remacha el diplomático polaco.

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