laS DIFERENCIAS SON MÁS IDEOLÓGICAS QUE ECONÓMICAS

De cómo Europa quiere dar una lección a la Grecia 'rebelde 'de Syriza

Tras la reunión de este lunes habrá un antes y un después. Si Grecia cede, se acaba el proyecto político de Syriza; si lo hace la troika, la credibilidad de las instituciones estará en juego

Foto: El primer ministro griego, Alexis Tsipras. (Reuters)
El primer ministro griego, Alexis Tsipras. (Reuters)

No va más. El juego de la gallina entre Grecia y la troika se acaba. La cumbre extraordinaria de jefes de Estado y de Gobierno decidirá este lunes si concede a Tsipras, el primer ministro heleno, una última oportunidad en forma de tiempo. O si, por el contrario, se impone la ‘doctrina Paulson’.

En septiembre de 2008, como se sabe, el exsecretario del Tesoro de EEUU, Hank Paulson, quiso dar una lección a los mercados permitiendo la bancarrota del histórico banco de negocios norteamericano (había nacido en 1850). Lehman se acogió a la ley de quiebras con un pasivo de unos 430.000 millones de euros. La consecuencia inmediata de aquella decisión se estudia hoy en los libros de historia: en 2009 la Gran Recesión tomó carta de naturaleza.

Los dos casos, evidentemente, no son análogos, pero tienen algo en común. Ni Paulson sospechaba lo que se le venía encima a la economía mundial, ni el Consejo Europeo puede estar hoy convencido de lo que sucederá si permite la bancarrota de un país como Grecia, que al finalizar el año pasado debía 317.094 millones de euros, principalmente a los contribuyentes europeos. Grecia es un país pequeño (apenas el 2% del PIB de la UE), pero su deuda es ingente (más del 30% del PIB de España).

Atenas, de hecho, adeuda hoy 38.000 millones de euros menos que en 2011. En parte, debido a la primera reestructuración

Sólo hay una cosa clara: una hipotética quiebra de Grecia rompería el principio de que la pertenencia al euro, y a la propia Unión Europea, es irreversible. Es decir, hay vuelta atrás, lo cual abre todo tipo de interrogantes para países con elevada presencia de euroescépticos.

Otra cosa parece estar también fuera de toda duda. Tras la reunión de este lunes habrá un antes y un después. Si Grecia cede de forma significativa, se acaba el proyecto político de Syriza y lo que representa para otros países como España; si lo hace la troika, la propia credibilidad de las instituciones -que han obligado a hacer durísimos ajustes- está en juego.

Las soluciones intermedias, hoy por hoy, se presentan como imposibles (o casi). Al menos, de cara a la opinión pública. Los propios gobiernos de la Eurozona hablan ya sin rubor (algo impensable hace pocos años) de la fuga de capitales que se está produciendo en un socio económico. O, incluso, de la creación de un ‘corralito’ financiero para detener la sangría. De hecho, esa es la principal presión que ejerce el Eurogrupo sobre Grecia, airear sin tapujos a través de las agencias de prensa de la fuga de capitales, lo que alimenta el fenómeno y debilita la posición de Atenas.

Donald Tusk, el presidente del Consejo Europeo, lo ha dicho claramente pocas horas antes de la reunión: el juego de la gallina (el primero que salte del coche antes de caer al precipicio es un miedoso) se ha acabado. No ha sido el único.

Fuente: Bruegel.org
Fuente: Bruegel.org

Lo que está en juego no sólo tiene que ver con la economía. Sobre todo con la política. El FMI y el resto de la troika han puesto sobre mesa la necesidad de recortar el gasto en pensiones en Grecia un 1% del PIB (unos 1.800 millones de euros). Igualmente, el Gobierno de Tsipras debería sacar adelante en el Parlamento una nueva subida del IVA para recaudar otro punto de PIB ensanchando las bases imponibles, sobre todo en medicamentos y electricidad, que ahora disfrutan de tipos reducidos En total, unos 3.600 millones de euros de recaudación adicional que le permitirían a Grecia lograr un relajamiento de sus objetivos de austeridad. 

La troika, en paralelo, estaría dispuesta a retrasar los objetivos de consolidación presupuestaria. Los acreedores reclaman ahora un superávit primario del presupuesto (saldo fiscal sin contar el pago del servicio de la deuda) del 1% del PIB este año; del 2% el próximo año, y del 3% en 2017, llegando al 3,5% en 2018. Con esta estrategia, lo que pretenden las instituciones es que el crecimiento del endeudamiento griego (177% del PIB) se detenga o incluso comience a caer a partir del año próximo si el PIB nominal (con inflación) vuelve a crecer. Los principales acreedores (el 70% de ese endeudamiento) son, precisamente, las instituciones (BCE, FMI y UE).

El Gobierno de Syriza, en cambio, está pidiendo un ajuste más modesto de hasta el 0,75% este año, un 1,75% en 2016 y 2,5% en 2017 (España tiene todavía déficit primario). La diferencia, como se ve, no es extraordinaria. Y es que en este caso, como sucede a menudo con los organismos económicos multilaterales, es más importante el fuero que el huevo. Todo indica que estamos ante una cuestión de principios. O lo que es lo mismo, se trata de dejar bien claro a la opinión pública quién gana la partida. O la ortodoxia de la troika o la heterodoxia que propone Syriza priorizando el crecimiento frente al ajuste. En este juego macabro no caben, por ahora, las rupturas pactadas.

Sin embargo, las diferencias no son insalvables. Ni siquiera en el tiempo. Según un estudio publicado por el economista Guntram B. Wolff en el think tank Bruegel, de gran prestigio en Europa, en el período 2015-2020, Grecia no va a pagar más del 2,6% del PIB en intereses de la deuda, incluso por debajo de España o Francia pese a su alto endeudamiento.

El ministro de Finanzas griego, Yanis Varufakis. (EFE)
El ministro de Finanzas griego, Yanis Varufakis. (EFE)

No hay que olvidar que los acreedores oficiales europeos han renunciado al pago de los intereses hasta el año 2020 y hasta el calendario de la deuda tiene unos plazos superiores a los 30 años. El país, por lo tanto, cuenta con largos vencimientos -salvo en el caso de los préstamos que ha hecho el FMI, que son más onerosos -que no disfrutan otros países muy endeudados. Syriza, incluso, y como un gesto algo teatral, ha propuesto pagar el servicio de la deuda con bonos indexados a la evolución del PIB, una opción que no aceptan las instituciones.

Las negociaciones se han enquistado pese a que en la literatura económica existen pocas evidencias sobre los efectos que puede tener sobre el crecimiento una deuda inferior en 10 o 20 puntos del PIB respecto de lo que se plantea desde las instituciones, lo cual ilustra todavía más cuál es el objetivo último de las discusiones entre la troika y Grecia, que parecen tener un sesgo más ideológico que estrictamente económico. Atenas, de hecho, adeuda hoy 38.000 millones de euros menos que en 2011. En parte, por la primera reestructuración que significó la huida de los acreedores privados.

En todo caso, el problema más acuciante para el Gobierno griego, y por eso se arropa baja la bandera de la soberanía nacional, es que la cuarta parte de la población activa está en paro. Y es que el país continúa siendo poco competitivo pese a que su PIB nominal ha caído un 25% y su devaluación salarial ha sido extraordinaria. Lo que, unido a una fuga de capitales que no se detiene, hace al país inviable dentro del euro salvo enormes concesiones,

Nada indica, sin embargo, que se vaya a hablar este lunes de economía en Bruselas. Hoy prima una decisión política de indudable transcendencia

La clave, por lo tanto, es conocer si Grecia puede sobrevivir dentro del euro sólo con políticas de ajuste y sin reestructuración de la deuda, como en 2012. Sobre todo teniendo en cuenta los graves problemas de competitividad del país.

La OCDE, como recuerda Wolff, ha identificado más de 320 normas y disposiciones que distorsionan la competencia en los mercados de servicios y productos griegos. Estudios del FMI, igualmente, consideran que las reformas estructurales, que afecten a la mejora de la calidad de las instituciones y a la lucha contra la corrupción, pueden tener efectos positivos sobre la productividad, otro de los puntos negros de la economía griega.

Nada indica, sin embargo, que se vaya a hablar este lunes de economía en Bruselas. Hoy prima una decisión política de indudable transcendencia que, de manera inevitable, recuerda al 'caso Lehman', cuando Hank Paulson tomó una decisión que le perseguirá mientras viva.

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