mercado de divisas

El apretón del dólar amenaza con detonar una crisis financiera en los emergentes

¡Mucho ojo a las divisas! Los países emergentes ven cómo el empuje del dólar nutre las presiones inflacionistas y encarece sobremanera la deuda en dólares que han emitido estos años

Foto: Foto: Reuters.
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Va camino de convertirse en la paradoja de las paradojas de esta crisis. En septiembre de 2010, el ministro de Finanzas brasileño, Guido Mantega, denunció que los países desarrollados, con Estados Unidos a la cabeza, estaban aplicando medidas para depreciar sus monedas y empobrecer a otras naciones, entre las que figuraba Brasil, que veían cómo sus divisas subían sin remedio. Bautizó ese proceso como guerra de las divisas. Más de cuatro años después, la situación ha dado un giro de 180 grados. El que está fuerte, cada vez más, es el dólar y el que está débil, cada vez más también, es el real brasileño. Y ahora es Brasil el que implora una divisa más fuerte porque el actual escenario amenaza con hacer saltar por los aires la economía de su país. 

Desde luego, Brasil es el caso más representativo. Pero no el único. El billete verde está volviendo a lucir en su solapa la etiqueta de dólar fuerte que le colgó Estados Unidos en los años 90 y que empezó a recuperar en 2014.

 

Sobresale su empuje contra el euro por varios motivos. El primero, porque ambas son las divisas más utilizadas y relevantes del mundo. El segundo, porque hay que remontarse hasta 2003 para ver al dólar tan fuerte contra el euro, que ya sólo compra 1,052 dólares, después de que este miércoles se esté depreciando otro 1,6%. El tercero, porque la moneda estadounidense se ha apreciado ya un 33% contra la europea desde mayo de 2014. Y el cuarto, porque todo los motivos anteriores allanan el terreno para que el dólar vuelva a empatar con el euro. Esto es, que 1 dólar compre 1 euro, algo que no se ve desde 2002.

Divisa más débil, deuda más pesada

Pero, aun siendo el cruce que más atención acapara, el verdadero peligro se está mascando en los mercados emergentes. En Brasil, Sudáfrica o Turquía. Y por un motivo fundamental. Precisamente por su condición de emergentes, estos países se han tenido que financiar durante muchos años en divisas distintas a las suyas, que no eran del todo fiables por sus historiales de devaluaciones o cambios en los regímenes cambiarios. Lógicamente, debían elegir una moneda solvente para financiarse. Y muchos eligieron la más segura de todas: el dólar. 

Sin embargo, lo que entonces fue una solución, amenaza con convertirse ahora en un serio problema. Como las divisas de estos países están perdiendo mucho valor contra el billete verde, la factura de su deuda se dispara, ya que el riesgo de tipo de cambio al que están expuestos se está materializando. Un ejemplo: a finales de 2013, cuando el dólar compraba 2,36 reales brasileños, a Brasil le bastaba con 2,36 millones de reales para devolver cada millón de dólares que debía; ahora, para pagar ese mismo millón de dólares debe reunir 3,11 millones de reales. O lo que es lo mismo, casi un tercio más, que es lo que se ha apreciado el dólar contra el real desde que terminó 2013. 

El asunto no es nada menor. Primero, por el volumen. La deuda pública acumulada en los mercados emergentes asciende a 10 billones de dólares, de los que alrededor del 75% está denominado en la divisa estadounidense. Es decir, el volumen expuesto alcanza los 7,5 billones de dólares

Y en segundo lugar, porque la pujanza del dólar no solo le lleva a estar en máximos contra el real desde 2004. Es que actualmente alcanza su cambio más alto contra el rand sudafricano desde 2001; contra la rupia indonesia desde 1998; y contra el peso mexicano o la lira turca nunca había estado tan alto. Más datos intensifican esta tendencia. Se revaloriza prácticamente contra todas las divisas emergentes en 2015 –apenas el peso filipino, el baht tailandés, la rupia india o el dólar taiwanés firman unas tablas con él–, con avances comprendidos entre el 5 y el 20% contra monedas como el ringgit malayo, el peso mexicano, el rand, el zloty polaco, el peso colombiano, la lira turca o el mencionado real brasileño. 

A su favor, estos países cuentan con el colchón de unas abundantes reservas en divisa extranjera para detener el golpe actual y afrontar la derrama provocada por la depreciación de sus monedas. De hecho, acumular reservas como mecanismo de defensa fue de la principal lección que aprendieron tras la crisis asiática desatada en 1997, cuyo detonante fue la devaluación del baht.

No todos participan en la guerra 

Es cierto que algunos países no ven con malos ojos la pérdida de valor de su divisa. De hecho, la están incitando con rebajas en los tipos de interés por parte de sus respectivos bancos centrales, como ha sido el caso reciente de Polonia. Son los países que están participando en lo que Mantega calificó como la guerra de las divisas, que sigue viva –aunque con papeles cambiados–. 

Pero en otros casos, principalmente el del real brasileño, sus depreciaciones complican el panorama no sólo porque incrementan la carga de la deuda, sino porque calientan las presiones inflacionistas que sufren sus países, ya que una divisa más débil encarece el precio de los productos importados. Rusia, con el rublo cayendo otro 2% en 2015 tras haberse desplomado un 50% en 2014, se encuentra en una situación similar. Y en estos casos las reservas no representan un antídoto tan potente y, sobre todo, se agotan con mucha rapidez. Por eso los países recurren a subidas de los tipos de interés para intentar contener la hemorragia de sus monedas y frenar la salida de capitales. 

El imán de los tipos reales

Como trasfondo de estos movimientos, la renovada fortaleza del dólar. Aunque en el caso del euro su aceleración ha coincidido con el inicio del programa de expansión cuantitativa (QE) que el Banco Central Europeo (BCE) ha puesto en marcha este lunes, lo cierto es que el acento hay que ponerlo en que el dólar sube por sí mismo, no porque otros bajen. 

La presidenta de la Fed, Janet Yellen
La presidenta de la Fed, Janet Yellen

 

Y el origen de su reciente impulso se sitúa en los datos de empleo conocidos el pasado viernes. En febrero, la economía norteamericana generó 295.000 empleos, frente a los 235.000 previstos, y el paro descendió al 5,5%, la tasa más baja desde mayo de 2008. Estas cifras alimentan la posibilidad de que la Reserva Federal (Fed), el banco central de EEUU, eleve los tipos de interés antes de lo esperado hasta ahora, de ahí la respuesta alcista del dólar. 

En este sentido, es clave la reacción de la deuda estadounidense. Ante la expectativa de que la entidad presidida por Janet Yellen apriete pronto el gatillo de los tipos, el bono estadounidense a 10 años superó el viernes el 2,2%, cuando en enero estaba en el 1,6%. Combinado con una inflación en negativo –del -0,1%–, eso significa que los tipos reales que ofrece la deuda estadounidense alcanzan el 2,3%, cuando en Alemania, por ejemplo, no llegan al 0,5%. "Los tipos reales son la clave en la reciente subida del dólar y creo que marcarán todo el año 2015", subraya el analista financiero Juan Ignacio Crespo.

Lo que está claro es que el dólar fuerte está de vuelta. Y que todos los ojos miran a la Fed, sobre la que late la sospecha de si el empuje del billete verde alterará sus intenciones. No habrá que esperar mucho para saber qué piensa realmente. Los días 17 y 18 de marzo celebrará una reunión de política monetaria que se promete emocionante. El mercado lo sabe. Y ya está de los nervios. 

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