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¿Pagaría usted por prestar su dinero? Todas las claves de los tipos negativos

No se vayan todavía... Esta crisis y sus coletazos siguen ofreciendo situaciones asombrosas. Como la que se está viendo en la deuda pública, en la que son los inversores los que pagan

El mundo al revés. Como tantos otros efectos provocados por la crisis, los inversores están asistiendo a un fenómeno en apariencia irracional: el de pagar por prestar dinero. Lo normal es que cuando alguien presta dinero, exija un interés a cambio. Es el precio de la cesión temporal de ese dinero y del riesgo asumido por hacerlo.

Pues bien, ahora se está viendo que lo contrario también puede ser. Esto es, que los inversores pagan por prestar su dinero. Porque eso mismo es lo que se está viendo ya casi en el 20% de la deuda pública mundial, en la que en vez de ser los Estados los que pagan un interés a los inversores, son los inversores los que pagan un interés a los Estados. Este matiz es fundamental: no es que los inversores puedan sufrir una pérdida por su inversión, algo que siempre forma parte del juego, sino que directamente los inversores pagan por invertir su dinero. 

Cuando empezó a ocurrir, daba la sensación de que iba a ser algo anecdótico. Pero el paso del tiempo y la acumulación de casos están provocando que sea un fenómeno totalmente instalado en el paisaje financiero. Los tipos negativos habitan en países como Alemania -que luce tipos negativos incluso en su deuda a cinco años-, Austria, Bélgica, Dinamarca, Suecia... Aunque la palma se la lleva Suiza, donde los tipos negativos llegan hasta los bonos a 10 años y alcanzan incluso el -0,74% a dos años; 

Es el reflejo más extremo de dos de las principales tendencias que mandan ahora en la escena económica mundial. La primera, los históricamente bajos niveles en los que se encuentran los tipos de interés oficiales. Los principales bancos centrales tienen los tipos por debajo del 1% e incluso muy cerca del 0%, como ocurre con el Banco Central Europeo (BCE) -0,05%- o la Reserva Federal estadounidense -0/0,25%-. Es más, incluso hay entidades que están desafiando todas las convenciones e incluso han puesto sus tipos de referencia en negativo, como es el que de Suiza o Suecia

Mario Draghi. (Efe)
Mario Draghi. (Efe)

La segunda causa se encuentra en las reducidas tasas de inflación vigentes. Tanto es así, que varios países o regiones están viendo cómo los precios están cayendo directamente y se encuentran por tanto en deflación. En España o la Eurozona, por ejemplo, el IPC se encuentra en niveles negativos. 

Con unos tipos en el 0% -o por debajo- y una inflación en el 0% -o por debajo-, el terreno está abonado para que la deuda pública dé un interés próximo al 0%... o por debajo

Locura racional...

Pero una pregunta golpea con insistencia: ¿quién está dispuesto a pagar por prestar su dinero? La respuesta sencilla es que los inversores que están dispuestos a hacerlo se han vuelto locos. Sin embargo, el mundo financiero es rico en matices. Y escapar del trazo grueso para buscarlos ofrece las respuestas.

Principalmente, porque en contra de lo que pudiera parecer, los tipos negativos no impiden que se pueda ganar dinero. Hay varias vías mediante las que esa inversión puede terminar siendo rentable. La primera, vendiendo más caro el activo comprado. Como las acciones, los bonos cotizan en el mercado. Si un inversor lo compra a un precio y lo vende a otro mayor, se llevará la diferencia al bolsillo. 

Otra fuente de rentabilidad procede del tipo de cambio. Si el bono que ofrece un tipo negativo se encuentra en una divisa distinta a la de origen del inversor y esa divisa se aprecia, el inversor se llevará como premio la subida de la divisa. Es lo que estaría pasando ahora con la deuda sueca: paga un interés negativo por la deuda de hasta tres años, pero como la corona sueca está subiendo contra el euro, un inversor de la Eurozona estaría ganando dinero.

(Efe)
(Efe)

 Otra vía procede del tipo de interés real, es decir, del interés resultante de restar el comportamiento de los precios al rendimiento que obtenemos. Si los tipos reales siempre son claves a la hora de tomar decisiones de inversión, en el caso de los tipos negativos su influencia aún es más potente. ¿El motivo? Que puede convertir en positivo -rendimiento- lo que parece negativo -pérdida-. Es lo que ocurre ahora por ejemplo en España, donde el comportamiento del Índice de Precios al Consumo (IPC), que en febrero registró una caídas interanual del -1,1%, permite que los tipos negativos conduzcan a rentabilidades reales positivas. O lo que es lo mismo, para que un tipo negativo depare finalmente una rentabilidad real positiva necesita que la tasa de deflación sea superior al tipo negativo. 

Y aún puede encontrarse otro motivo por el que hay inversores dispuestos a invertir en deuda con tipos negativos. Aunque esta causa ya responde a otro criterio distinto: consiste en que hay inversores que sacrifican rentabilidad a cambio de conseguir la seguridad que proporciona una deuda como la alemana y otras que se encuentran actualmente en negativo. Obviamente, no aplican esta estrategia a toda su cartera, pero sí a parte de ella. 

...y locura a secas

Todo esto, sin embargo, ocurre bajo el auspicio del mayor experimento monetario de la historia. Una situación en la que incluso países que crecen a tasas superiores al 7%, como Israel, o que creen que su economía seguirá expandiéndose, como Polonia, reducen los tipos de interés para situarlos en mínimos históricos como medida preventiva para frenar sus divisas y contener las presiones deflacionistas. 

Dentro de ese experimento, los tipos negativos desempeñan incluso una función útil para los bancos centrales: estimulan que el dinero se mueva y asuma riesgos en otros activos. Es decir, justo lo que pretenden con la represión financiera que fuerza su actual política, en función de la cual solo la asunción de riesgos conducirá a una rentabilidad superior al 0%. Al mismo tiempo, y teniendo en cuenta que los rendimientos de la deuda pública son una referencia básica para la valoración de los distintos activos, los tipos negativos constituyen una distorsión formidable. 

"Los mercados están manipulados por los bancos centrales. Están obligando de forma sistemática y consciente a asumir más riesgos a los inversores", sostiene Lucas Mojardín, de CapitalatWork. "Es un juego peligroso", advierte. Y los tipos negativos forman parte de ese juego. 

 

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