reunión del banco central europeo

El BCE avisa de que la locuacidad de Varufakis compromete la solvencia griega

El QE se pondrá en marcha el lunes, el BCE mejora su previsión de crecimiento para este año... Todo eso ocurrió ayer. Pero da igual. El protagonismo recayó en Grecia y en los recados de Draghi

Foto: E presidente del banco central Mario Draghi. (Reuters)
E presidente del banco central Mario Draghi. (Reuters)

El gesto de Mario Draghi cambió. No era momento para sonrisas. La pregunta estaba formulada en griego, y su cara se ajustó a la seriedad que requería la situación. También la respuesta, porque el presidente del Banco Central Europeo (BCE) no desaprovechó esa cuestión para subrayar el soberano esfuerzo que, a su juicio, está haciendo la institución monetaria con el país heleno. "Déjeme decir antes algo que a lo mejor no se sabe", comenzó advirtiendo antes de disparar. Y luego abrió fuego. Primera bala: "Hasta la fecha, el BCE ha prestado 100.000 millones de euros a los bancos griegos, y más exactamente ha duplicado los préstamos, de 50.000 a 100.000 millones, en los dos últimos meses". Segunda bala: "Los préstamos concedidos a Grecia equivalen al 68% de su producto interior bruto (PIB), que es la proporción más alta en la Eurozona". Tercera bala (esta con cierta carga de ironía): "Se podría decir fácilmente que el BCE es el banco central de Grecia". Y cuarta: "Pero el BCE también es el banco central de los restantes países del euro y tiene unas normas que cumplir". 

Esta secuencia ocurrió durante la rueda de prensa posterior a la reunión de política monetaria que el Consejo de Gobierno del BCE celebró ayer en Chipre. Estaba llamado a ser un cónclave marcado por los detalles adicionales que la entidad iba a ofrecer sobre última medida expansiva, el tan esperado programa de expansión cuantitativa (QE), con el que creará 1,1 billones de euros hasta septiembre de 2016, a razón de 60.000 millones al mes. Los ofreció, sobre todo al confirmar que las compras comenzarán el próximo lunes, 9 de marzo. También debía ser la cita en la que Draghi anunciara una mejora de las previsiones, como también ocurrió, porque revisó al alza el crecimiento de este año para llevarlo al 1,5% desde el 1% anterior. Pero todo eso, incluso el QE, quedó eclipsado por Grecia. Y por dos motivos: el primero, las continuas preguntas sobre la relación entre el BCE y Grecia; y el segundo, las evidentes ganas que tuvo Draghi de que fuera así. 

Porque el presidente del BCE descargó más munición dialéctica y se empleó a fondo para marcar claramente el terreno. No dudó en valorar lo bueno, pero tampoco dejó escapar la ocasión para denunciar lo malo. "Actualmente, los bancos griegos son solventes y sus niveles de capital superan los límites exigidos", alabó antes de pasar a los recados. "Es absolutamente esencial que esta solvencia sea mantenida. Si se produce cierta comunicación que crea volatilidad en los mercados, estos mensajes incrementan las primas de riesgo, destruyen colateral y socavan la solvencia", afirmó. Y remachó: "La comunicación es absolutamente esencial. Lo más importante que se puede hacer ahora es preservar la solvencia y la robustez de la banca griega".

 
El ministro de Finanzas griego, Yanis Varufakis
El ministro de Finanzas griego, Yanis Varufakis
 

El banquero italiano sabe de lo que habla. Él ha convertido la comunicación en una herramienta clave en la gestión de la política monetaria del BCE, con lo que no estaba diciendo eso por azar. Sus palabras tenían un destinatario claro, que no era otro que el ministro de Finanzas heleno, Yanis Varufakis. El presidente del BCE le estaba afeando la gira con la que Varufakis se paseó por Europa y, sobre todo, la locuacidad que mostró, con referencias a que Atenas revisaría los acuerdos firmados con Europa, a que la solvencia del país estaba en entredicho y a que Grecia necesitaba quitas de deuda. 

Las palabras tienen consecuencias

Lo que Draghi vino a decirle ayer es que no sólo los hechos, sino también las palabras, tienen consecuencias. Ya las han tenido, de hecho. Ocurrió el pasado 4 de febrero, cuando el BCE decidió dejar de aceptar la deuda pública griega como colateral para financiar a los bancos del país. Cuando, como le ocurre a Grecia, la deuda soberana de una nación no tiene una calificación de grado de inversión, el BCE sólo acepta esos títulos como garantías si ese país está bajo un programa de asistencia financiera. Como Varufakis puso en duda el programa entonces vigente y ahora prorrogado durante cuatro meses, el BCE dejó de aceptar su deuda. 

Pero aún hay más. Con los conductos habituales cerrados, a la banca griega sólo le queda un recurso: financiarse a través de la provisión urgente de liquidez (ELA, en sus siglas en inglés). Y en este terreno se cruzan de nuevo las palabras de Varufakis y las reglas del BCE: el segundo únicamente mantiene abierto el acceso a la ELA si los bancos son solventes; si tiene dudas sobre su solvencia, lo cierra. Por tanto, lo que Draghi vino a decirle a Varufakis es que si sigue empleando la solvencia como arma arrojadiza, los bancos se quedarán sin la ELA. Y en ese caso, al país solo le restará como recurso imponer un corralito para evitar la fuga de capitales y establecer límites a la retirada de efectivo. 

Quinientos millones más... y gracias

Grecia aún acaparó una ración más de zanahoria y palo por parte de Draghi. La primera consistió en que el banquero italiano anunció que el BCE incrementará en 500 millones más, hasta los 68.800 millones de euros, el dinero total que los bancos griegos tienen a su disposición en la ELA.

En cuanto al palo, dio donde más duele: el BCE continúa sin aceptar la deuda pública griega como colateral, con lo que sigue vigente la decisión del 4 de febrero. "El BCE es el primero que desea restaurar la financiación a la economía griega", alegó. Pero no se fía. Antes de dar ese paso, quiere pruebas más evidentes de que Grecia va en serio con las reformas que le ha pedido el Eurogrupo y con el cumplimiento de las condiciones ya acordadas. 

Estos recelos, que el BCE nunca ha ocultado, podrían disiparse pronto. El lunes se celebra un nuevo Eurogrupo. Atenas ya ha anunciado que llevará medidas concretas para consolidar los compromisos avanzados. De ser así, allanaría el terreno para que el BCE vuelva sobre sus pasos y acepte de nuevo los bonos griegos. 

La deuda griega quedará fuera del QE hasta julio o agosto. La comunicación es una herramienta, pero las fechas también: la prórroga del rescate vence en junio

Como muestra del protagonismo acaparado por Grecia, incluso se combinó con el supuesto tema estrella: el QE. Draghi también recordó que, por el momento, la deuda griega quedará fuera del punto de mira del BCE. Y por tres motivos: el primero, que el BCE no puede comprar bonos mientras se está revisando un programa de rescate; el segundo, que el BCE sólo puede comprar deuda con grado de inversión, con lo que hasta que no recupere la excepción de aceptar la deuda griega, no podría hacerlo; y el tercero, que el QE tiene entre sus límites que el BCE no puede acaparar más del 33% de la deuda de un emisor. Actualmente, el BCE tiene más de un tercio de la deuda griega como herencia de las compras que llevó a cabo entre 2010 y 2012. Hasta que no venza parte de esa deuda, no podrá comprar más bonos griegos. 

Draghi calcula que el BCE podría tener menos de ese 33% en "julio o agosto". Es decir, justo después del vencimiento de la prórroga de cuatro meses concedida a Grecia. Por tanto, Atenas encuentra en esa secuencia temporal una advertencia para que domine su locuacidad y no pierda la perspectiva, ya que el BCE sólo ejecutará esas compras si Grecia se mantiene bajo un programa de asistencia financiera. Porque la comunicación es una herramienta. Pero las fechas también. 

 

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