registra la tasa más reducida de la historia

No tan rápido Carney... La baja inflación reta su plan de subir los tipos en Reino Unido

El gobernador del Banco de Inglaterra tiene ganas de elevar los intereses en suelo británico. Pero el descenso de la inflación, que está en mínimos históricos, insiste en torpedear sus planes

Foto: El gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney
El gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney

Anda Mark Carney con la mosca detrás de la oreja. Tal vez porque es consciente de que la inflación no fue el canario que alertó de la fiesta de la que estaban disfrutando la economía y las finanzas mundiales antes de 2007, el cuerpo le pide al gobernador del Banco de Inglaterra subir los tipos de interés cuanto antes. Manifestó ese deseo en junio de 2014; tres meses después incluso aventuró que la primera subida de los tipos, que llevan congelados en el 0,5% desde 2009, estaba "cada vez más cerca" y que podría producirse incluso "en la primavera de 2015"; y la semana pasada, en el informe trimestral de inflación que presenta la entidad monetaria, insistió en que "lo más probable es que el siguiente movimiento sea un incremento de los intereses". 

Pero su deseo se está topando precisamente con la incómoda realidad de la inflación. La economía británica no es ajena al proceso de desinflación imperante en todo el mundo, con la caída del petróleo como estilete. Esa incomodidad crece tras el dato de inflación conocido este martes. En enero, los precios solo se encarecieron un 0,3% con respecto al mismo mes del año pasado. Se trata de la tasa más baja de inflación desde que se calcula esta estadística en 1989. 

Con esta estadística en la mano, Carney tiene complicado cumplir su voluntad, y hasta soportará preguntas acerca de si Reino Unido requiere una dosis adicional de medicina monetaria expansiva. A lo segundo se puede negar exponiendo otros datos. El primero, que la inflación subyacente, la que prescide de los  productos energéticos y los alimentos frescos, repuntó una décima en enero, hasta el 1,4% interanual, con lo que enfría las preocupaciones deflacionistas. El segundo, que precisamente en su informe trimestral mantuvo que este año Reino Unido crecerá un 2,9% y elevó del 2,6 al 2,9% el crecimiento para 2016. Y el tercero, que en ese mismo informe atisba un progresivo repunte de la inflación, desde el 0,6% de 2015 al 2,1% de 2017. 

"Es posible que la inflación caiga más a corto plazo, e incluso podría situarse temporalmente en negativo, porque la caída de los precios de la energía continúan transmitiéndose en los datos", se curaba ya en salud el Banco de Inglaterra en su informe trimestral. Pero al mismo tiempo se mostraba tranquilo: "La inflación posiblemente rebotará conforme avance el año porque los efectos de estas caídas dejarán de afectar en la tasa anual". 

Este pulso se está traduciendo en un progresivo retraso en las expectativas del mercado acerca de cuándo llegará esa primera subida de los intereses. Si a finales de 2014 se contemplaba la posibilidad de que se produjera en el segundo o el tercer trimestre de 2015, ahora retrasa ese movimiento hasta el cuarto trimestre de 2015 o el primero de 2016

Pese a ir modulando sus previsiones, lo cierto es que el mercado sigue confiando en la fortaleza de la economía británica y en que, en efecto, Carney podrá apretar finalmente el gatillo de los tipos. Y eso es lo que está convirtiendo a la libra esterlina en una de las más fuertes entre las principales del mundo en este arranque de 2015, solo superada por el dólar estadounidense. Este martes, se aprecia un 0,2% contra el billete verde, hasta los 1,539 dólares, y se deprecia un 0,2% contra el euro, hasta los 1,349 euros. Hasta la fecha, la libra se fortalece cerca de un 5% contra el euro en 2015, lo que le impulsa hasta la zona de máximos contra la moneda única desde comienzos de 2008

 

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