Varufakis y su bufanda Burberry ante la 'dama de negro' que decidirá el futuro griego
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LAGARDE ECLIPSA su desembarco en bruselas

Varufakis y su bufanda Burberry ante la 'dama de negro' que decidirá el futuro griego

Lagarde repartía sonrisas hasta que se quitó el abrigo. Bajo la dama blanca presta a llegar a acuerdos, apareció una chaqueta de cuero negro, y su tono se endureció

Foto: Dijsselbloem observa a Varufakis mientras saluda a Christine Lagarde durante el encuentro del Eurgrupo en Bruselas (Reuters).
Dijsselbloem observa a Varufakis mientras saluda a Christine Lagarde durante el encuentro del Eurgrupo en Bruselas (Reuters).

Cambio de sede en Bruselas para el cambio de Gobierno en Atenas. El Eurogrupo no celebró su encuentro en el edificio del Consejo porque los preparativos de seguridad ante la Cumbre de Jefes de Estado y Gobierno europeos exigían vaciar la instalación la noche anterior. Y porque el penúltimo capítulo de la tragedia griega requerirá una batalla prolongada.

Así que apenas unos metros antes, en la misma calle, Rue Loi, dentro del Lex Building y para desgracia de unos periodistas apretados en mesas improvisadas –los afortunados, porque muchos trabajaron horas en sillas apoyadas contra la pared– se disputó el primer round del tercer rescate de Grecia, aunque eufemísticamente se le llamará línea de crédito provisional, crédito puente o liquidez temporal hasta junio... En juego, cómo solucionar un agujero de deuda de 240.000 millones de euros salidos de las arcas europeas y del FMI.

El flamante ministro de Finanzas heleno, Yanis Varufakis, contra 18 colegas del euro. O lo que es lo mismo, Grecia luchando por convencer a sus socios de que la tragedia humanitaria que vive su población es tan grande que exige alumbrar la estrategia de inundar de dinero extranjero al país. Que los recortes, despidos y congelaciones salariales ya no son posibles. Atenas, de hecho, quiere recontratar a miles de funcionarios que han acabado en la calle por decisión de la troika.

Pero los hilos que tejen las parcas son tan retorcidos que el denostado FMI podría ser parte de la solución. El día post-Eurogrupo, en el que el premier Alexis Tsipras vendrá a Bruselas a librar un duelo similar al de Varufakis, Atenas debería pagar 744,5 millones de euros al Fondo. Los destinos más inmediatos de Grecia están en manos de Christine Lagarde, exministra de economía del Gobierno conservador de Nicolás Sarkozi.

Este mismo jueves un diplomático de un Estado miembro reconocía que “sería contraproducente para Atenas que el FMI estuviera fuera”. El Fondo supervisa la economía griega como una de las tres patas de la troika y hasta el final tendrá que recibir 2.300 millones de euros de Atenas por préstamos entregados.

El ceño fruncido del ‘peón’ de Merkel

Mientras los ministros del euro llegaban y tomaban posiciones, Mario Draghi, de pie en su sitio, oteaba el escenario como el banquero más poderoso de la UE. Un demiurgo que debió sentarse para atender al todopoderoso ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble. No en vano, el italiano tiene su sede en Fráncfort, la ciudad financiera germana.

Sólo hasta septiembre, Atenas también deberá entregar 6.700 millones al BCE por préstamos recibidos durante el mandato de la troika y emitir nueva deuda por 5.700 millones para pagar vencimientos de bonos a corto plazo. Además, habrá de afrontar los pagos del Mecanismo Europeo de Estabilidad, el MEDE, que también ayudó a España.

Klaus Reglis, también alemán, dirige este Mecanismo, en la actualidad el mayor acreedor de deuda, concretamente un 44% del peso total de deuda que subyuga a Atenas. El peón de Merkel estudiaba su documentación con el ceño fruncido porque ese porcentaje son 177.000 millones de euros, preocupación justificada ante una quita o la salida griega del euro porque, como gestor, puede perder mucho dinero.

Un dardo contra Varufakis

Aunque el auténtico protagonista era Yanis Varufakis, el ministro griego llegó de los últimos a la cita. Apenas un par de palabras para asegurar que abandonar la moneda única, lo que el argot conoce como Grexit, no es una opción, “of course not, of course not...”. Pero después recibió un corte peligroso, no mortal como el dardo que mató a Aquilés, pero sí un anticipo de lo que le esperaba dentro del Eurogrupo. Espadas en alto.

Pierre Gramegna, el ministro de finanzas de Luxemburgo, entró al encuentro después de Varufakis y fue de las voces más duras. “Creo que todas las opciones están sobre la mesa, todas las opciones están abiertas. Depende del Gobierno griego a dónde quieran ir. Ellos han dicho que no quieren abandonar la zona euro, les tomamos la palabra pero también depende de ciertas condiciones que tienen que cumplirse”, dijo el alumno de Juncker. Y fue un gancho directo a la sonrisa de boxeador de Varufakis.

Los ministros del euro estaban reunidos, intercambiando impresiones hasta que llegara el griego. La bufanda Burberry y americana negra con la que apareció en el encuentro creaban una imagen diferente al habitual abrigo con camisa por fuera del pantalón. Aunque se mantenía el rasgo distintivo de los Syriza Boys, la ausencia de corbata, el griego tuvo una reunión previa con Lagarde.

La directora gerente del Fondo hizo su rentrée con largo abrigo blanco con fular a juego, el color de la inocencia, el de su pelo. Christine Lagarde repartía sonrisas mientras saludaba a los ministros del euro hasta que se quitó el abrigo y su rol cambió. Bajo la elegante dama blanca presta a llegar a acuerdos, apareció una chaqueta de cuero negro, y su tono se endureció. Reclama los 744 millones de euros que Atenas debe pagarle de urgencia.

La animadversión entre Jeroen y Luis

Las imágenes previas al encuentro, cuando las cámaras todavía pueden grabar el interior de la sala, mostraron la clara animadversión que existe entre el presidente del Europgrupo, Jeroen Dijsselbloem, y Luis de Guindos, aspirante a ese puesto. Saludos cordiales y apretones de manos del holandés a sus colegas, apenas una palmada en el brazo de Guindos a Dijsselbloem y, por respuesta, una sonrisa forzada para seguir su camino. Y el tiempo se paró... Varufakis hizo su aparición con la sala llena.

Su escala entre la entrada al edificio y a la sala de reuniones la desconocemos. La bufanda seguía al cuello y en su mano una carpeta negra con la propuesta para sus socios. Atenas estaría dispuesta a aceptar el 70% de las medidas que pidió la troika y rechazar el 30% restante, considerado tóxico. Entre las reformas que tiran a la basura, la reforma laboral que quita el poder de negociación de los sindicatos o el recorte de las pensiones. A cambio se podrían aliviar 7.200 millones de euros en préstamos bloqueados.

Otro de los puntos del dossier griego es la permuta de deuda de los préstamos del MEDE por otros con devolución vinculada al crecimiento. El tercero, rebajar el objetivo de superávit primario a sólo el 1,5% frente al 4,5% de la troika. Tres puntos de diferencia para gastar en política de crecimiento.

Saludos cordiales a sus homólogos del euro e incluso algunas reverencias de cuello. Largas palabras iniciales con el ministro austríaco, quién sabe si ejerce de correa de transmisión hacia Alemania. Aunque si a alguien rindió pleitesía Varufakis fue a la dama de blanco, o de negro. Lagarde aguardaba sentada y el griego se acercó. Entonces la dama de negro se levantó y charlaron animados. Apenas unos segundos. Faltaba un último trago por superar.

Varufakis por último se encontró con Dijsselbloem, el hombre al que mostró su colmillo hace apenas unos días en Atenas. Estaba en campo propio, condujo la rueda de prensa y tuvo la última palabra que provocó esa fría despedida retratada por las cámaras y difundida hasta la saciedad por las redes sociales. Ahora las tornas han cambiado, Dijsselbloem es el anfitrión, Varufakis el visitante. Posaron ante la prensa y tras el apretón de manos, el holandés, gentil, le invitó a tomar asiento para empezar. El primer match-ball para prorrogar el segundo rescate griego había comenzado.

Alexis Tsipras Grecia