TSIPRAS TENDRÁ QUE HACER POLÍTICAS DE AJUSTE

Grecia y la troika negociarán un programa de rescate con nuevas condiciones

Lo dijo ayer Varufakis tras entrevistarse con el ministro Schäuble: “Si nos dan cuatro meses más, ustedes [los periodistas], dejaran de escribir sobre Grecia”.

Foto: El ministro de Finanzas griego, Yanis Varufakis (R), y su homólogo alemán, Wolfgang Schäuble. (Gtres)
El ministro de Finanzas griego, Yanis Varufakis (R), y su homólogo alemán, Wolfgang Schäuble. (Gtres)

Lo dijo ayer el heterodoxo Varufakis tras entrevistarse de forma poco amistosa (la tensión en la conferencia de prensa era evidente) con el ministro Schäuble en Berlín: “Si nos dan cuatro meses más, ustedes [los periodistas] dejarán de escribir sobre Grecia”. No está claro que lo consiga. Pero hay una cosa evidente. Ni el nuevo Gobierno heleno está en condiciones de imponer nada –salvo la salida de su país del euro– ni la troika –independientemente de su formato– está por la labor de conducir a Grecia hacia el suicidio económico.

Entre otras cosas porque aunque Grecia represente apenas el 2% del PIB de la Eurozona, su capacidad para llevar la inestabilidad a los mercados es todavía grande. Hasta el punto de que ayer el comisario Moscovici incluyó la cuestión griega entre los factores de riesgo para el crecimiento europeo. Y lo que es más importante, la hipotética salida del Grecia del euro sería lo mismo que entrar en un territorio desconocido.

La salida más lógica, por lo tanto, es la negociación del tercer programa de rescate una vez que el próximo 28 de febrero expire el actual. Eso sí, con la espada de Damocles que supone para la banca griega el tener que acudir a partir de la semana próxima a la ventanilla de emergencia de liquidez que le suministre el Banco de Grecia (no el BCE), lo que supone pagar más que hasta ahora. Sin duda, una manera de presionar para obligar al nuevo Gobierno griego a aceptar buena parte de las condiciones que imponen la troika (BCE, FMI y la Comisión Europea).

La condicionalidad del programa de rescate –que es la clave de bóveda de lo que se negociará– está asegurada. Por supuesto, también durante el programa de rescate de transición que ayer reivindicó Varufakis, y que serviría al Gobierno griego para ganar tiempo y preparar convenientemente a quienes han votado a Tsipras con un programa mucho más radical. Ahora Varufakis habla ya de que el programa de rescate todavía en vigor es aceptable en un 60%-70%.

Esa condicionalidad puede incluir asuntos como la vuelta a la política de privatizaciones que ha frenado el nuevo Gobierno o la liberalización de la economía, además de nuevos ajustes para evitar que la deuda pública siga creciendo. Las previsiones de la CE estiman que si se cumple lo pactado con el anterior Gobierno la deuda pública puede bajar del 175% actual al 159% en 2016.

La línea dura de los halcones

Todo esto es lo que recordará el Eurogrupo a Varufakis el lunes 16. Será el primer encuentro del ministro de Economía griego con sus colegas del euro. Y entre ellos no sólo estarán los ‘halcones’ cercanos a Berlín (Holanda, Austria, Finlandia…). También España y Portugal, cuyos Gobiernos han sufrido un duro desgaste por las políticas de ajuste aplicadas en sus países, y que actualmente no están dispuestos a ver cómo Grecia obtiene un mejor trato.

Ahora, sin embargo, y para evitar el contagio en los mercados se trata de enviar señales de tranquilidad. Ayer el ministro De Guindos, muy duro con el Gobierno griego tras las elecciones, dijo que había que escuchar cuál es la propuesta de Grecia. “Hemos escuchado mucho ruido, mucho comunicado, a veces noticias contradictorias. La posición de España se definirá en función de cuál sea la propuesta que haga el ministro griego en el Eurogrupo, que es donde la tiene que hacer", aseguró a Reuters.

La presión que supone para la banca griega haber sido expulsada de la financiación directa del BCE no es un ‘farol’ ni una mera figura literaria. Algunas fuentes estiman que las entidades helenas necesitan entre 70.000 y 80.000 millones de euros hasta el 28 de febrero. De esa cantidad, unos 30.000 millones pueden ser obtenidos con su propia colateral de alta calidad (bonos triple A o procedentes del Fondo de Estabilidad), por lo que necesitaría algo menos de 50.000 millones que debe conseguir del ELA (la ventanilla de emergencia).

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El problema para el Gobierno griego es que esas inyecciones de liquidez deben ser aprobadas cada dos semanas por el Consejo de Gobierno del BCE por una mayoría de dos tercios. Y hoy Alexis Tsipras, el primer ministro heleno, tiene mucho respaldo popular, pero pocos aliados reales en la Eurozona más allá de declaraciones retóricas que tienen mucho de protocolarias para encandilar a su electorado (caso de Francia o Italia). El ministro Schäubel lo dijo ayer gráficamente tras entrevistarse con Varufakis: “Debemos respetar a los votantes griegos, pero también a los de los demás países europeos”.

El comisario Moscovici fue incluso más allá y recordó que hoy por hoy la desaparición de la troika (que formalmente no existe) no está en el guion. “Las tres instituciones estarán”, dijo este jueves en Bruselas, “porque son socios legítimos de Grecia”. Como colofón recodó que se había reunido recientemente con el ministro alemán de Hacienda y con representantes de los principales partidos en el Parlamento alemán, y la conclusión que sacó es que la troika seguirá funcionando.

Otra cosa muy distinta es saber cuál será su papel de cara a la opinión pública. Probablemente, acabará teniendo un perfil más bajo para dar una salida a Tsipras, que ha convertido este asunto en central habida cuenta de que toca la fibra de la soberanía en un país tan nacionalista como es Grecia.

Mientras tanto, priman la retórica y las palabras altisonantes para dar la sensación de que se negocia desde posiciones de fuerza ("Ni siquiera nos pusimos de acuerdo en nuestro desacuerdo", dijo Varufakis tras entrevistarse con Schäubel). A muchos kilómetros, en Atenas, Tsipras se aferraba también al guion. Grecia, dijo, “ya no aceptará más órdenes, especialmente órdenes recibidas por correo electrónico".

"Grecia”, aseguró ante su grupo parlamentario, “ya no será más el socio miserable que escucha las lecciones para hacer sus deberes. Grecia tiene su propia voz". El tiempo lo dirá.

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