El 'helicóptero' Draghi dispara billetes para lograr que la inflación suba al 2%
  1. Economía
CRECIMIENTO DÉBIL EN EUROPA HASTA 2016

El 'helicóptero' Draghi dispara billetes para lograr que la inflación suba al 2%

La noticia buena es que el BCE baja los tipos de interés y abre todavía más la mano en su política monetaria; la mala es casi todo lo demás

Foto: El presidente del BCE, Mario Draghi. (EFE)
El presidente del BCE, Mario Draghi. (EFE)

La noticia buena es que el BCE baja los tipos de interés y abre todavía más la mano en su política monetaria; la mala es casi todo lo demás. La inflación –como admite en su comunicado el Banco Central– sigue todavía lejos del objetivo del 2% que se considera compatible con la estabilidad de precios (un 0,5% en mayo); el crecimiento de la actividad en la Eurozona se moverá todavía entre el 1% este año y el 1,8% en 2016, es decir el PIB avanzará de forma poco robusta; y, en tercer lugar, los “riesgos geopolíticos” –como los llama Draghi– son al alza (en velada alusión a lo que ocurre en Ucrania).

Ante este escenario, parece congruente que el Banco Central Europeo sacara ayer lo mejor de su artillería disparando billetes. Todo con un objetivo, lograr que la inflación –medida por el IPC– se sitúe cerca del 2% para conjurar los riesgos de una caída general de los precios. Lejos, en cualquier caso, de las tasas inferiores al 1% que se manifiestan desde octubre de 2013 en la Eurozona.

No parece fácil. Como aseguró el presidente del BCE, “la mayoría de los resultados de las encuestas recientes señalan un crecimiento moderado también en el segundo trimestre de 2014”, lo que significa que la recuperación será “gradual”. Sobre todo, cuando el gasto en consumo de los hogares está clavado. Crece apenas una décima después de haberse estancado en el anterior trimestre (0,0%). Y no hay que olvidar que el consumo de las familias representa el 57% del PIB de la Eurozona, por lo que la inflación difícilmente puede aumentar cuando la recuperación del consumo de los hogares es sólo incipiente.

No cabe esperar, por lo tanto, grandes avances. En todo caso, insuficientes para aligerar la enorme carga de desempleo en la Eurozona, que afecta a 18,7 millones de trabajadores. O lo que es lo mismo, al 11,7% de la población activa. Y hay que tener en cuenta que lo que hizo ayer el BCE fue revisar ligeramente a la baja el crecimiento previsto para este año, aunque en paralelo elevó mínimamente lo estimado inicialmente para 2015.

El aumento de la inflación –en línea con la estrategia del Banco de Japón– tiene una primera consecuencia no reconocida, ya que el BCE no tiene autoridad para manejar el tipo de cambio: el debilitamiento del euro, cuya depreciación debería mejorar la balanza comercial.

La cara amarga

Sin duda, una buena noticia para los exportadores, pero que también incorpora una cara amarga. En particular para los países importadores de crudo como España. Los precios de las importaciones tenderán a subir, y ello ayudará a estimular la inflación; pero, al mismo tiempo, drenará renta disponible de las familias, algo esencial para consolidar la recuperación económica. Y hay que tener en cuenta que la factura energética en el primer trimestre de este año ascendió a nada menos que 5.386 millones de euros. Uno de cada cuatro euros que compra España se destina a adquirir bienes energéticos, en esencia petróleo y sus derivados.

Por el contrario, la rebaja de los tipos de interés –del 0,25% a 0,15%– tenderá a reducir las hipotecas por el descenso del Euribor, pero su recorrido es muy limitado (ahora se encuentra en el 0,56%). En todo caso, la transmisión de la política monetaria tarda entre tres y cuatro trimestres en incorporarse a la economía real, por lo que no cabe esperar aumentos bruscos de actividad en un corto periodo de tiempo como consecuencia de las decisiones tomadas ayer por el BCE, máxime cuando el crédito en la Eurozona todavía registra tasas negativas de crecimiento. Lo que dice el análisis de la masa monetaria (el principal indicador) es que el dinero y los activos en circulación crecen un 0,8% en el mes de abril, por debajo 1% de marzo. Por lo tanto, el avance del crédito sigue siendo escaso y complica la recuperación.

Meter inflación a la economía, sin embargo, es clave para recuperar la sostenibilidad de las cuentas públicas. En particular de los países más endeudados. Mientras el PIB nominal apenas crezca (y en España cayó un 0,1% en el primer trimestre en términos interanuales) la deuda pública no se reducirá. Y sin una claro desapalancamiento de los agentes económicos (sector público y privado) la propensión al consumo será menor. De ahí la importancia de la estrategia del BCE de elevar los precios.

Una inflación del 2% moderaría de forma relevante el aumento de la deuda pública, que ya este año superará 100% del producto interior bruto pese a la pronunciada caída de los tipos de interés que se ve obligado a pagar el Tesoro por sus emisiones.

Ayer mismo, el Estado captó más de 4.500 millones de euros a tres años por debajo del 1%, una rentabilidad históricamente baja que revela que los inversores no esperan a medio plazo un repunte de la inflación. Ni siquiera con las medidas del BCE, que ya estaban descontadas por los mercados. De hecho, las previsiones del BCE son que el IPC de la Eurozona se sitúe en el 0,7% en 2014; en el 1,1% en 2015 y en el 1,4% en 2016, cifras inferiores a las estimadas en marzo. En este caso, sostienen los banqueros de Fráncfort, los riesgos estarían al alza o a la baja equilibrados.

Inflación Recuperación económica Mercados Renta disponible Rentabilidad Euro Petróleo Hipotecas Importaciones Inversores IPC Deuda pública PIB Precios Eurozona Hogares
El redactor recomienda