¿Fumarías tabaco de marca blanca?
  1. Economía
IMPACTO DE LA NUEVA DIRECTIVA EUROPEA

¿Fumarías tabaco de marca blanca?

Europa ha aprobado una directiva de productos del tabaco que reduce el espacio comercial de las marcas en detrimento de las advertencias sanitarias

Foto: Estanco en Madrid. (Efe)
Estanco en Madrid. (Efe)

Fumar es un hábito cada vez más complicado. Además del riesgo mortal que representa para la salud, la evolución restrictiva de la legislación que enmarca a esta actividad económica, en aras siempre de desincentivar su consumo y al mismo tiempo de recaudar más impuestos con su actividad económica, puede llegar a extremos insospechados. El pasado mes de febrero, la Unión Europea aprobó la nueva directiva de productos del tabaco, una nueva vuelta de tuerca regulatoria que obligará, entre otros aspectos, a aumentar el tamaño de las advertencias sobre los riesgos de fumar, hasta cubrir el 65% de la superficie frontal y posterior de los paquetes, en lugar del 40% actual.

Este punto ha revolucionado al conjunto de la industria tabaquera. Aunque los fabricantes niegan que haya evidencia científica que justifique esta medida para alcanzar el objetivo sanitario que se persigue, la adaptación comercial de las cajetillas o paquetes para incluir la advertencia puede suponer un punto de inflexióna la hora de comercializar las marcas. Hasta tal punto, como señala Juan Páramo, responsable de la Mesa del Tabaco, que puede darse una percepción del tabaco como nuevo producto de marca blanca, ante la dificultad para que el consumidor identifique los productos de cada fabricante tras el espacio cedido a los mensaje tipo “Fumar Mata”.

Ninguna voz oficial de la industria del tabaco pone en cuestión los riesgos para la salud que entraña su producto. Ese debate no ha lugar. Los argumentos empleados para defender los intereses de esta industria suelen recurrir por lo general a aspectos de tipo socioeconómico, como pueden ser los puestos de trabajo que genera su actividad (56.000 empleos en España) o la contribución a las arcas públicas (9.000 millones de euros al año) gracias al gravamen especial que soportan. El mismo baremo, el de los números, por el que se atreven a vaticinar las consecuencias negativas que puede entrañar la irrupción de la marca blanca al mundo del tabaco.

Mientras cada estado se enfrenta a singularidades propias de su mercado, la nueva directiva comunitaria se ha centrado en mejorar el funcionamiento del mercado interior, garantizar la salud pública y reducir el inicio del consumo de tabaco entre los menores, dejando de lado unaarmonización fiscal. El empeño del recién aprobado marco legal incluye medidas como la eliminación del mentolado y la diferenciación por sabores. En teoría, se pretende que haya más información sobre la composición de tabaco y menos compuestos aditivos, entendiendo que de esa manera se reducen ganchos comerciales que eliminan percepciones del riesgo a los consumidores.

Por si hubieran sido pocas las refriegas comerciales vividas durante estos años de crisis por la caída del consumo convencional de tabaco, esa estandarización de productos, sin capacidad para ser distinguidos, provocaría un nueva guerra de precios entre fabricantes (Imperial, Philip Morris, British American Tobacco y Japan Tobacco International). Igual que en otros productos de gran consumo, el tabaco de marca blanca trasladaría esa bajada de precios a los márgenes al resto de la cadena de negocio. En opinión de los grandes, un potencial empobrecimiento de la industria y una vía para que la demanda de tabaco de marca se satisfaga por canales alternativos.

La crisis ha demostrado que también a la hora de fumar existe sensibilidad al precio. En primer lugar, por el éxito del tabaco de picadura en detrimento del cigarrillo convencional. Y en segundo, por el auge del comercio ilícito (tabaco original o falso que no paga impuestos en España), que además de provocar un fraude a las arcas públicas superior a 2.600 millones en los últimos tres años, según la Mesa del Tabaco, saca del mercado a fabricantes y estanqueros, que han visto cómo se ha pasado de un porcentaje marginal del 3,9% a una media nacional del 11,4%, con regiones como Andalucía donde llega al 39%. Fumar es un riesgo, pero tambiénsaber qué se fuma.

El redactor recomienda