La baja inflación dispara los tipos de interés reales y complica la recuperación
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se sitÚan en el entorno del 4%

La baja inflación dispara los tipos de interés reales y complica la recuperación

La ‘baja inflación’ tiene efectos benéficos para el ahorrador, pero, al mismo tiempo, tiene consecuencias negativas para otros agentes

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La ‘baja inflación’ -como le gusta a decir a Mario Draghi- tiene efectos benéficos para el ahorrador (su dinero vale más al poder comprar más barato); pero, al mismo tiempo, tiene consecuencias muy negativas para los agentes económicos más endeudados: familias y empresas, cuyas deudas apenas se reducen por la inexistencia de inflación. Los salarios, que son la principal fuente de renta de las familias, no suben, y el coste de la deuda, por lo tanto, no baja por el efecto de los precios.

Aunque quienes más lo va a sufrir son aquellos que vayan a pedir un préstamo. Los tipos de interés reales (una vez descontado el efecto de los precios) no dejan de subir, y lo que es todavía más relevante, nada indica que, en un contexto de estrechamiento de márgenes financieros, la banca vaya a poder bajar el precio del dinero de forma importante. Entre otros motivos, porque el margen de maniobra del BCE -que es quien le presta el dinero- para relajar su política monetaria es casi nulo. El tipo de intervención se mantiene en el 0,25% tras el consejo de gobierno de ayer.

Los datos no dejan lugar a dudas. El Índice de Precios de Consumo (IPC) cerró el año pasado con un incremento del 1,4% (media anual), pero las nuevas operaciones de préstamos -tanto para particulares como para empresas- se sitúan en el entorno del 4%. En concreto, el tipo de interés sintético de los nuevos préstamos a los hogares se situó el año pasado en el 3,8%. Eso quiere decir que el tipo de interés real ascendió el año pasado a 2,4 puntos porcentuales.

En el caso de las empresas, el tipo sintético (media de todas las operaciones) se situó en el 3,9%. Aunque con una enorme diferencia en función de la cuantía del préstamo. En las operaciones hasta un millón de euros, el precio del dinero se situó en el 5,20%, mientras que en las operaciones de más de un millón de euros, el tipo medio aplicado fue del 2,99%.

¿Y qué está ocurriendo ahora? Las cifras más cercanas en el tiempo corresponden al mes de febrero. Y lo que dice el Banco de España es que ese mes el tipo sintético de los préstamos y créditos a las familias se situó en el 4,07% (el 3,92% en el caso de las empresas). ¿Y cuál era el IPC en ese momento? Pues el 0,0%. No es difícil hacer la cuenta: los tipos de interés reales o efectivosse sitúan en estos momentos en alrededor del 4%. Es como si en unas condiciones ‘normales’ (objetivo de inflación del BCE en el entorno del 2%), el precio del dinero se situara en niveles del 6%.

Burbuja inmobiliaria

En los años del boom económico ocurría todo lo contrario. El BCE llegó a colocar el precio oficial del dinero en el 2% entre junio de 2003 y noviembre de 2005, y eso alimentó la burbuja inmobiliaria, toda vez que existían tipos de interés reales negativos (inflación muy superior a esa tasa).

No sólo el sector privado de la economía sufre este efecto adverso por ausencia de inflación. Aunque es evidente que la financiación del Tesoro se ha abaratado de forma contundente (el bono a diez años cotiza en el 3,2%), lo cierto es que con una inflación cercana a cero, eso significa que el tipo de interés real es equivalente a esa rentabilidad. Es como si con una inflación del 2%, la rentabilidad del producto de referencia de España fuera del 5,2%.

La situación de España contrasta con un informe que publicó ayer el Fondo Monetario Internacional (FMI) -para el conjunto de las economías-en el que descarta un aumento de los tipos reales. Según el FMI, sólo crecerán, “moderadamente” en consonancia “con la normalización de la situación económica mundial”.

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Ahora bien, el FMI admite que la existencia de tipos de interés reales bajos (no es el caso de España) reducirá la carga de la deuda a la que deberán hacer frente los prestamistas pero también “puede limitar las opciones de política de las autoridades económicas”. Es decir, deja con menor margen a los bancos centrales para poder hacer política monetaria.

Igualmente, estima que un entorno de bajas tasas reales también eleva la probabilidad de que en el futuro “la tasa de política nominal llegue al límite inferior cero, de forma que se perderá un instrumento clave de política monetaria: la reducción de las tasas de interés para estimular el crecimiento”.

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